Sense and Sensibility

Introducción a Sense & Sensibility

Durante bastante tiempo, Sense and Sensibility recibió la apreciación más tibia entre las novelas de Austen, ni todo el desconcierto o frustración que suelen provocar La abadía de Northanger, Mansfield Park o incluso Emma, ni todo el fervor que desatan Orgullo y prejuicio o Persuasión. Sin embargo, en las últimas décadas del siglo XX, el neohistoricismo y la crítica feminista contribuyeron, al igual que la teoría de la recepción, a un mejor análisis de esta novela dentro de los estudios literarios, mientras que la adaptación cinematográfica de 1995 le otorgó una popularidad entre el público en general que nunca antes había conseguido, tanto que la novela se convirtió en una de las opciones más recomendables para quienes se acercan a leer a Austen por primera vez.

Carátula de la edición de Sense & Sensibility diseñada por Charles E. Brock

Carátula diseñada por Charles E. Brock para la edición de Sense & Sensibility en 1907.

El título en sí dice mucho, pero resulta difícil llegar a entenderlo, incluso para los mismos nativos hablantes del inglés, en especial el significado de la palabra “sensibility” ha evolucionado con el tiempo y se complica aún más para su traducción a otras lenguas, y esto también provoca que se haya traducido de distintas maneras en lengua española, ninguna llegando a captarlo por completo. Además que existe la tendencia a dar una interpretación simplista de las cualidades, como si fuera “versus” en lugar de “y” (Johnson, 2001: x).

Como señala, Claudia L. Johnson, en comparación con Orgullo y prejuicio, Sense and Sensibility se queda corta en la presentación de alta comedia (2001, ix) y es mucho más desalentadora, pues el peligro que solamente se cierne sobre las hermanas Bennet, se convierte de inmediato en una terrible realidad para las hermanas Dashwood. Esa abrupta caída en la escala social y la injusticia con la que esto sucede ensombrece toda la novela, las historias de amor quedan en segundo plano y se presenta un cuestionamiento en el aspecto ético y social (Johnson, 2001: ix).

Pero antes de analizar todo esto, conozcamos un poco más de la historia de la creación de esta novela, su publicación y su recepción inicial.

Historia de su publicación y recepción inicial

Sense & Sensibility tiene el honor de haber sido la primera de las novelas que se publicó de Jane Austen, pero transcurrieron por lo menos 15 años para su aparición en imprenta. En opinión de Edward Copland, este largo período resulta significativo, pues las opiniones e ideas de una veinteañera cuyos escritos se leían en familia se mezclan con los pensamientos de una escritora madura que prepara un manuscrito para publicación (2013: xxiii), además de que los rasgos de la turbulenta década de 1790 coexisten con los que la dividen de su revisión final para publicación en 1809 y 1810 (2013: xxiv).

En diciembre de 1794, el señor Austen compró una escribanía o escritorio portátil de caoba (que hoy se puede admirar en la Biblioteca Británica), quizá como regalo para celebrar el décimo noveno cumpleaños de su hija menor y alentarla a continuar escribiendo (Le Faye, 2004: 89).

De acuerdo con la tradición familiar, entre 1795 y 1796, la joven escritora leyó en voz alta la historia de las hermanas Dashwood, pero escrita en forma epistolar, con el título de Elinor y Marianne. Esto coloca a la novela también como la primera de las seis novelas que escribió (Le Faye, 2004: 89). Sin embargo, basados en la trama que conocemos, resulta complicado suponer entre quién y quién se daba el intercambio de correspondencia, pues las protagonistas nunca se encuentran separadas y durante la primera parte también están con su madre.

Según Cassandra Austen, tras el rechazo en la publicación de Primeras impresiones, su hermana se concentró desde diciembre de 197 en rescribir Elinor y Marianne como una narración en tercera persona (Le Faye, 2004: 104).

También se sabe que entre 1798 y 1799, la Sra. Austen se suscribió la revista Lady’s Monthly Museum, y en los volúmenes de ese período, se publicó una serie de ensayos morales titulada “Effects of Mistaken Sinonymy” (algo así como Los efectos de la sinonimia equivocada o errónea), y uno de ellos llevaba el encabezado de “Sense & Sensibility” (Le Faye, 2004: 112), que posiblemente atrajo la atención de la escritora como un título más adecuado para su novela.

El inicio del siglo XIX fue de grandes cambios e inestabilidad para la escritora. Tuvo que dejar su hogar en Steventon para mudarse a Bath y, tras la muerte de su padre, que conllevó incertidumbre financiera para las mujeres de la familia, a estar sin residencia permanente por algún tiempo. Siguieron los años de residencia en Southampton con su hermano Frank, combinados con visitas a la mansión de Godmersham en Kent, que pertenecía a su hermano Edward (Copeland, 2013: xxiv). Durante ese tiempo no aparecen referencias ni alusiones ninguna de las novelas. Fue finalmente en 1809, cuando las mujeres Austen se establecieron en la casita de Chawton, que la escritora recuperó un espacio propio para retomar la pluma y revisar sus escritos.

El texto mismo la novela ofrece algunas pistas respecto a que la escritora hizo revisiones, como la mención al Canto del último trovador (The Lay of the Last Minstrel, 1805, publicado en lengua española en 1843) de Walter Scott, entre las obras admiradas por Marianne y el costo del servicio postal dentro de Londres que pasó de uno a dos peniques en 1801 (Le Faye, 2004: 184; Copeland: 2013: xxiv)).

Ilustración de Charles E. Brock para el capítulo 2

Ilustración de Charles E. Brock para el capítulo 2 de Sense & Sensibility en 1898.

Copeland considera que el diálogo entre Fanny y John Dashwood en el segundo capítulo de la novela pertenece al estilo de la escritora madura y por lo tanto también puede formar parte de las revisiones en 1809 que contrasta con el tono de esa parte inicial de la novela.

Tampoco se sabe cuándo se animó a intentar que publicarán alguna de sus novelas, pero Sense & Sensibility era la opción obvia, dado una se la habían rechazado (Orgullo y prejuicio) y tenía que recuperar los derechos una tercera (La abadía de Northanger), que seguía sin aparecer publicada. Muy posiblemente varios miembros de su familia la convencieron, aunque no hay muchas pistas de cómo sucedió; después de todo, parece que siempre la apoyaron en su deseo de convertirse en escritora y, ya establecidas en Chawton, le asignaron los quehaceres que le dieran el tiempo libre para escribir (Patricia Meyer-Spacks, 2013: 4). Podemos conjeturar que le preocupaba cómo financiar la publicación y, por supuesto, encontrar un editor que aceptara publicar su novela.

Para tener una idea del riesgo financiero, debemos entender la situación del mercado editorial en la época y las opciones de publicación, en especial de las novelas. Por ejemplo, la novela Coelebs in Search of a Wife (1809), Hannah More la publicó por su cuenta y le hizo ganar £2 mil en un año, pero a diferencia de Austen, More tenía £5 mil propias para invertir en costos, además de amistades influyentes y cierta reputación como figura pública para promover su libro (Copeland, 2013: xxv).

La opción de suscripción es muy similar a las campañas de recaudación de fondos como Kickstarter y similares de hoy en día, pues los compradores fungían como patrocinadores, al pagar un monto para aparecer en la lista de suscriptores que incluía el libro. Camilla (1795) de Fanny Burney se publicó de esa manera, y le generó £2 mil a la escritora, pero Burney tenía ya también dos novelas publicadas con anterioridad y como More, amigos influyentes que participaran en la suscripción (Copeland, 2013: xxv).

La venta de los derechos, que era la opción preferida y más prestigiosa en la época, proporcionaba dinero de inmediato, sin necesidad de esperar a las regalías, pero los editores no ofrecían mucho por la primera obra de escritores desconocidos, además de que se corría el riesgo de que la novela resultara popular y su venta sobrepasara el precio de los derechos (Copland, 2013: xxv). Así le había sucedido a Burney con su primera novela, Evelina (1778), pues recibió 20 guineas por los derechos mientras que Lowndes, el editor, se embolsó £800, tan sólo en ese año, por esa novela (2013: xxvi).

Austen tenía ya la mala experiencia al respecto con Susan (La abadía de Northanger), y aprendería todavía una lección más amarga con su siguiente novela (Orgullo y prejuicio). Para comparar, Charlotte Smith (1749-1806) solía recibir £150 por los derechos de sus novelas, Susan Ferrier (1782-1854) recibió también £150 por su primera novela, Marriage (1818), esto último cuando las novelas de Walter Scott comenzaron a aparecer y eso cambió los precios del mercado (Copeland: 2013: xxvi), así que la decisión de publicar Sense & Sensibility por comisión no fue desatinada (Copeland: 2013: xxvi).

De su primer año en Chawton, sólo sobrevive una carta de Austen, dirigida a su hermano Frank, pero no habla nada de su trabajo como escritora y de ahí es un silencio de dos años, hasta que finalmente aparece la referencia de que está en Londres revisando las pruebas de impresión de Sense & Sensibility.

Posiblemente fue a finales de 1810 o principios de 1811, cuando el editor Thomas Egerton aceptó publicar la novela por comisión (es decir que el costo de publicación lo iba a asumir por completo la escritora, o en este caso posiblemente su hermano Henry quien dio el dinero). Egerton nunca había publicado novelas, ni trabajado por comisión; su especialidad eran los escritos de tipo militar, pero conocía a James y a Henry desde 20 años antes, cuando éstos, siendo estudiantes en Oxford habían escrito la revista The Loiterer, que Egerton les publicó. Cabe suponer entonces que Henry contactó a su antiguo editor para ofrecerle el manuscrito y, respaldado por su posición como banquero, lo convenció de arriesgarse a publicar la obra.

Así es que, desde marzo de 1811, Jane Austen se encontraba en Londres, en casa de Henry en el no. 24 de Sloane Street, revisando las primeras pruebas de impresión. Charles Roworth, en la zona del Temple, fue el impresor a cargo, y esa primera colaboración sería bastante frustrante para la escritora.

Cassandra estaba en Godmersham, Kent, visitando a su hermano Edward y le preguntaba qué tal iba el trabajo de impresión. El 25 de abril, la escritora le respondió:

La Sra. Catherine Knatchbull Knight

Retrato de la Sra. Catherine Knatchbull Knight, la madre adoptiva de Edward Austen Knight.

«No, en verdad nunca estoy demasiado ocupada para no pensar en S.&S. No puedo olvidarla más de lo que una madre puede olvidar a su hijo lactante, y te estoy muy agradecida por preguntar. He revisado dos pliegos, el último sólo llega a la primera aparición de W.[illoughby]. La Sra. K.[night, la madre adoptiva de Edward y también benefactora y amiga de la escritora] lamenta de la manera más halagadora tener que esperar hasta mayo, pero apenas tengo esperanzas de que salga [publicada] en junio. Henry tampoco la descuida, ha apresurado al impresor y dice que lo verá de nuevo hoy. No se quedará parada durante su ausencia, la enviarán a Eliza [esposa de Henry y prima hermana de los Austen]. Los ingresos se quedaron como estaban, pero los alteraré si puedo. Me complace el interés de la Sra. K. en el asunto y lo que sea que pueda opinar al respecto, deseo sinceramente que su curiosidad pudiera quedar satisfecha más pronto de lo que ahora es probable. Creo que le agradará mi Elinor, pero no confió en más.» (Carta no. 71)

La publicación en efecto se retrasaría, incluso aún más de lo calculado y, probablemente, como era por comisión, Egerton por su parte no presionaba al impresor para que se apresurase con el trabajo. Fue hasta mayo que Austen se encontró de vuelta en Chawton, y hasta finales de octubre aparecieron los primeros anuncios de publicación de la novela: el 30 de octubre en The Star y el 31 de octubre en la Morning Chronicle, repitiéndose en varias ocasiones en esos mismos periódicos en noviembre: el 7 y 27 de noviembre en The Star, y el 7, 9 y 28 de noviembre en la Morning Chronicle (Copeland, 2013: xxvii).

Se anunciaba como como una “nueva novela”, una “interesante novela”, eufemismo para historia de amor, y una “novela extraordinaria” de la pluma de “una Dama” (“A Lady”) (Copeland, 2013: xxvii), y por errores tipográficos, en los anuncios aparecía «por Dama» o «Dama A”; se publicó en 3 volúmenes en duodécimo (significa que en un pliego de papel se podían imprimir 12 hojas de libro, es decir 24 páginas), a un precio de 15 chelines (20 chelines hacían 1 libra esterlina). No se sabe cuántos ejemplares se imprimieron, por mucho tiempo se pensó que esa primera edición tuvo un tiraje de mil ejemplares, pero en años recientes el cálculo se redujo, se cree que fueron 500 o 750 a lo sumo, que era la práctica usual para una primera novela por parte de John Murray (Copeland, 2013: xxvii). Los tres volúmenes los imprimió Roworth.

Sólo su círculo más cercano sabía que ella era la autora, es decir su madre, su hermana, Martha Lloyd -quien vivía con ellas-, sus hermanos, sus cuñadas, sus tíos Leigh-Perrot, la señora Knight y su sobrina Fanny Knight, la única de la siguiente generación que en aquel momento tuvo acceso al secreto (Le Faye, 2004: 187).

Comprobante de compra de Sense & Sensibility

Comprobante de compra de Sense & Sensibility, por parte del Príncipe Regente el 28 de octubre de 1811 (detalle).

Además, en julio de 2018, Nick Foretek, un investigador estadounidense hizo un descubrimiento sorprendente en los Archivos Reales del castillo de Windsor: encontró un recibo de compra a la librería Becket & Porter, ubicada en Pall Mall, Londres, de un juego de ejemplares de Sense & Sensibility para la biblioteca del Príncipe Regente con fecha del 28 de octubre de 1811. De esto podemos concluir que al príncipe le gustaba leer novelas, aunque fueran de autores anónimos, como era este caso y le agradó lo suficiente como para que, unos años más tarde, se enterase de la identidad de la escritora, aunque la admiración no fuese mutua. Esto lo convierte en el primer cliente formal de la escritora.

La princesa Charlotte de Gales, hija única del Príncipe Regente

Retrato de la princesa Charlotte de Gales, hija única del Príncipe Regente, segunda en la línea de sucesión al trono. Obra de George Dawe, circa 1817. Fuente: Royal Collection Trust.

La novela no pasó desapercibida, al contrario, adquirió notoriedad en los altos círculos sociales. Así el 24 de noviembre de 1811, Lady Henrietta Ponsonby, condesa de Bessborough escribía a Lord Granville Leveson Gower: «¿Habéis leído Sense & Sensibility? Es una novela inteligente. Todos hablaban de ella en Althorp [la residencia del conde Spencer —sí, uno de los antepasados de la princesa Diana— y era el padre de la condesa de Bessborough] y aunque termina tontamente, me entretuvo.» (Le Faye, 2004: 188).

Copland cree que esa opinión respecto al final de la novela quizá se deba al destino que se le da a Marianne (2013: lii).

Al igual que el Príncipe Regente, también otros miembros de la familia real también leyeron la novela. Su hermano, el duque de York (quizá engañado por el error en los anuncios) pensaba que Lady Augusta Paget (de nacimiento, Lady Augusta Fane) la había escrito, y se la recomendó a su sobrina, la princesa Charlotte, la única hija del Príncipe Regente, que entonces era una adolescente. Ésta a su vez escribió:

«Sence and Sencibility [sic]. Acabo de terminar de leerla, es ciertamente interesante y te sientes parte de ese grupo. Creo que Marianne y yo somos parecidas en cuanto a temperamento, pero no soy tan buena, pero en imprudencia, etc. igual seguimos siendo muy semejantes.» (Le Faye, 2004: 188)

Entretanto, la escritora aún ignoraba la sensación que había causado y seguramente pasó angustiada el invierno de 1811 a 1812, pensando que en cualquier momento el editor iba a exigirle cubrir las pérdidas financieras. Incluso debió haber expresado su inquietud a sus familiares; pues cuando James fue a visitarlas a Chawton en diciembre de 1811, le envió una nota anónima (disfrazando su caligrafía) en Alton para que la recibiera su hermana, con unos versos:

“Para la Srta. Jane Austen, la renombrada autora de Sense & Sensibility,
               una novela recientemente publicada
No asombra que de tales asuntos bien escriba
en quien tales cualidades unidas anidan
pues la ‘preciada sensibilidad’, adorada doncella de Sterne,
se retrata tan finamente, con bien moderada sensatez.
La personalidad de la bella Elinor en esa mente se manifiesta
y los sentimientos de Marianne en ese pecho se albergan.
Entonces, gentil dama, seguid escribiendo
para entretener y deleitar el buen juicio de vuestros lectores.
Un amigo”. (Le Faye, 2004: 189).

James Austen, el hermano mayor

James Austen, el hermano mayor de la escritora y quien sustituyó a su padre como rector de Steventon, cuando éste se retiró.

No fue sino hasta 1812 que la escritora obtuvo cierta seguridad, pues aparecieron las dos únicas reseñas contemporáneas de la novela, como era costumbre de la época, resultaban demasiado descriptivas, pero afortunadamente favorables, de hecho, Copland apunta que la recomendaban como algo superior a la acostumbrada selección de las bibliotecas circulantes (2013: xxix)

En la Critical Review, de febrero de 1812, se elogiaba porque la trama destacaba de las fórmulas predecibles de la novela de la época, donde los lectores sabían después de tres páginas, cómo iba a terminar, o de la alejada de las novelas donde “algo nuevo” o sensacional se ponía en funcionamiento. S&S era una “novela gentil… agradable, con una comedia elevada, que proporciona tanto entretenimiento como instrucción. Está bien escrita, con incidentes probables y personajes bien delineados, apoyados juiciosamente; la conclusión es tal como el lector debe desear que sea, y en conjunto es lo suficientemente extensa para interesar sin fatigar. Hace honor a la autora, quien muestra conocimiento de las personalidades, y felizmente combina una buena cantidad de buen juicio con el tema ligero de la obra”, la justificaba como “una muy buena lección para las jóvenes, para refrenar esa violenta sensibilidad que con demasiada frecuencia lleva a la desdicha y siempre a los inconvenientes y el ridículo” (Le Faye, 2004: 189; Copeland, 2013: xxx).

En la British Critic, de mayo de 1812, el comentario fue: «Representa los efectos de la conducta el discreto y callado buen juicio y del sobrerefinado, la excesiva susceptibilidad, los personajes están bien delineados y admirablemente sostenidos”… y que podía ofrecer “beneficios reales, pues pueden aprender,… muchas máximas serenas y saludables para conducirse en la vida, ejemplificadas en una narrativa muy agradable y entretenida” (Southam, datos; Copeland, 2013: xxx).

Según Copeland, Clara Tuite señala que ambos críticos parecían un tanto desconcertados por no haber encontrado los clichés que esperaban de una novela (2013: xxx), pero en general, quienes la leyeron parecen haber quedado impresionados con la superioridad de la obra respecto al resto del material disponible en las bibliotecas circulantes (2013: xxix).

La novela obtuvo ventas consistentes desde su aparición y durante 1812. Gracias a esa buena recepción, Austen sintió la confianza para publicar la otra novela que tenía disponible, aunque anteriormente se la hubieran rechazado. Así, debemos agradecer al éxito de Sense & Sensibility que Orgullo y prejuicio saliera a la luz (Le Faye, 2004: 189).

Anna Austen (conocida posteriormente por su apellido de casada como Anna Austen Lefroy) pasó el verano de 1812 con su abuela y sus tías en Chawton. En una ocasión en que acompañó a sus tías a Alton a conseguir material de lectura en la biblioteca circulante del lugar, Anna se topó con los ejemplares de Sense & Sensibility y, sin saber quién era la autora, simplemente la hizo a un lado comentando despectivamente «Estoy segura de que eso debe ser basura, sólo por el título» (Le Faye, 2004: 191). Aparentemente su tía no se ofendió con el comentario, le divertía mantener en secreto su identidad y sería al año siguiente cuando Anna, al igual que sus dos medio-hermanos, James-Edward y Caroline, se enteraría quién había escrito la novela.

James-Edward le dedicaría unos versos a su tía. Aquí reproducimos la parte en la que menciona a algunos personajes de Sense & Sensibility:

«¡Cielos! De sólo pensar (la idea me enloquece)
que la bien intencionada cepa de la querida Sra. Jennings
producto es de tu ingeniosa mente
que creaste a los Middleton, a los Dashwood y todos los demás
y que tú descubriste (no el joven Ferrars), que realizarse
puede un baile, en casitas no tan pequeñas.» (Le Faye, 2004: 201-202).

En 1813, Jane y Cassandra Austen estuvieron separadas en diversas ocasiones y varias de las cartas que la primera envió a la segunda se conservaron. En ellas hay referencias a su carrera como escritora. Sin embargo, son un par de cartas a su hermano Frank, al mando del Elephant en una misión en el mar Báltico, las que nos proporcionan información del éxito editorial.

En la posdata de la carta del martes 6 de julio de 1813, ella desde Chawton le contaba:

«Te alegrará saber que se ha vendido cada ejemplar de S.&S. y me han traído £140, aparte de los derechos de autor, si alguna vez eso puede tener algún valor. Por lo tanto, ahora he ganado con mis escritos £250 [pues incluye las £110 que recibió por la venta de los derechos de autor de Orgullo y prejuicio], lo que sólo me hace anhelar más.» [Carta 86]

En veinte meses, se agotó la primera edición de Sense & Sensibility. Generalmente se consideraba que una novela era rentable si lograba vender entre la mitad o dos tercios de su tiraje, así que podemos decir que resultó un gran éxito de ventas, aunque no comparable al de Orgullo y prejuicio. Una y otra novela se ayudaron, el éxito de la primera aseguró que se publicara la segunda y el extraordinario éxito de la segunda ayudó a sellar el éxito de la anterior, aunado al “corre la voz” y las reseñas favorables que ambas obras recibieron.

Sin embargo, Austen aún no percibía el valor que mantener la posesión de los derechos de autor podía redituarle, sólo un par de meses más tarde comenzaría a comprender. La primera edición de Orgullo y prejuicio se agotó en tan sólo 8 meses, pero como subestimó el valor de esos derechos, los vendió para poder publicarla, en parte también para ahorrar el costo a su hermano Henry, en caso de que su novela fuera un fracaso, así que ella recibió menos ganancias por su novela más exitosa y mucho más por su primera novela dado que conservó los derechos.

Egerton no quiso desaprovechar el éxito conjunto de ambas novelas, así que tal como la escritora comunicó a Frank en la posdata de su carta del sábado 25 de septiembre de 1813: «Habrá una segunda edición de S.&S. Egerton lo aconseja». [Carta 90]

Se planeó la segunda edición de ambas novelas para octubre de ese mismo año. Dado que había vendido los derechos de Orgullo y prejuicio, Jane Austen no estuvo involucrada en ediciones posteriores de la misma; en cambio, Sense & Sensibility tiene la distinción de haber sido una de las dos novelas (Mansfield Park fue la otra) cuya segunda edición supervisó y vio publicarse.

Para la ocasión realizó una serie de correcciones a errores había detectado en su ejemplar y suprimió algunos enunciados, como el detalle sobre la riqueza de Fanny Dashwood, que clavaba un último clavo en el ataúd del personaje, y el comentario de la Sra. Jennings respecto a la paternidad de Eliza Williams.

Sin embargo, parece que las correcciones de la novela las hizo a partir de los ejemplares de la primera edición y no recibió pruebas de impresión de la segunda, por lo que, aunque se corrigieron errores de la primera, aparecieron nuevos errores tipográficos en dicha segunda edición, que incluso provocan sin sentidos (Johnson: 2001: xvi). Cabe mencionar que también Roworth se encargó de la impresión de esa edición (Copland, 2013: xxvii). Esos errores han representado una complicación en las ediciones de la novela, en especial a partir del siglo XX, pues para obtener el texto más preciso, se necesita a cotejar el de ambas ediciones, aunque por mucho tiempo, el texto que editó R.W. Chapman sirvió de base.

En opinión de Johnson, las borraduras y supresiones que Austen hizo para la segunda edición casi demuelen la sátira de la obra (2001: xvi). Lo valioso de las correcciones es que dejan ver la importancia que tenía para la escritora el proceso de redacción, la atención que daba a la precisión, la modulación y el control del suspenso (Johnson: 2001: xvi). Copland coincide con Johnson en que las correcciones en la segunda edición de Sense & Sensibility sugieren una moderación en los impulsos satíricos de la escritora, un vigor que también está presente en los fragmentos de Los Watson y Sanditon, una energía de indignación y burla como no se presenta en las otras novelas (2013: lxii).

En el período en el que se prepararon y salieron a la venta las segundas ediciones de Sense & Sensibility y Orgullo y prejuicio, Austen se encontraba de visita en Godmersham, la residencia en Kent de su hermano Edward. Desde ahí, envió algunos comentarios a Cassandra sobre estas segundas ediciones.

En su carta del lunes 11 y martes 12 de octubre, le comenta: «Cené ganso ayer [el lunes 11], lo que espero asegure una buena venta de mi segunda edición.»

Se trata de un comentario bromista, pues aparentemente un viejo adagio inglés decía que quien comía ganso el día de San Miguel, no le faltaría dinero para pagar sus deudas y aunque para entonces el 29 de septiembre era el día de San Miguel, el antiguo calendario se celebraba el 11 de octubre.

Egerton anunció la segunda edición en The Star el 29 de octubre de 1813, nuevamente en 3 volúmenes con cubierta de cartoncillo, pero aumentó el precio a 18 chelines (Copland, 2013: xxxvii). Aparentemente, Cassandra vio el anuncio pues, su hermana le escribió el miércoles 3 de noviembre: «Tus noticias de S.&S. me complacen. Nunca la había visto anunciada.»

A Austen le preocupaba cubrir los costos de esa segunda edición, aparentemente su hermano Henry había invertido el dinero (2013: xxvii), pues también le comentó: “Le deberé al querido Henry una gran cantidad de dinero por impresión, etc…”

Para entonces, también sus admiradores comenzaban a descubrir poco a poco su identidad y en esa misma carta comentaba respecto a una de sus admiradoras irlandesas: «Espero que a la Sra. Fletcher le complazca S.&S.» [Carta 91].  Se trataba de la anciana esposa de un juez de Irlanda, que a través de otra admiradora que también había averiguado la identidad de la autora de Orgullo y prejuicio (la Sra. Carrick), quería saber todo lo posible de ella.

Sus propios conocidos también comenzaban a saber que ella había escrito ambas novelas y con un tanto de malicia al comprometerlos a comprar la segunda edición, pues le comentaba a Cassandra el sábado 6 y domingo 7 de noviembre:

«Desde la última vez que te escribí, mi 2a. edición me ha estado mirando a la cara. Mary [Lloyd, la segunda esposa de James] me dice que Eliza [la otra hermana de Mary, casada con el primo de ambas, el Rev. Fulwar-Craven Fowle] pretende comprarla. Deseo que así lo haga. Difícilmente puede depender de más propiedades Fyfield [era la propiedad familiar de los Fowle en Wiltshire, y la estaban poniendo a la venta]. No puedo evitar esperar que muchos se sientan obligados a comprarla. No me importa que sea un deber desagradable para ellos, mientras lo hagan.»

También comenta como otros especulaban respecto a la identidad de la autora de ambas novelas:

«Mary escucho antes de irse a casa que [Sense & Sensibility] era muy admirada en Cheltenham y que la atribuían a la Srta. Hamilton [Elizabeth Hamilton (1758-1816), autora de The Cottagers of Glenburnie (1808) y de A Series of Popular Essays (1813)]. Es tan placentero tener a tan respetable escritora nombrada. No te canso, estoy segura de este tema o me disculparía.» [Carta 96].

En ese año también apareció la primera traducción al francés como Raison et Sensibilité, ou Les Deux Maniéres D’Aimer, traducida por Isabelle de Montolieu (1751-1832), quien también escribió una introducción para la novela en que elogia a las heroínas, en especial a Elinor, «el modelo perfecto para las personas jóvenes y alguien a quien te gustaría tener como amiga. Los personajes secundarios están pintados con tanta realidad que crees conocerlos» (Copeland, 2013: xxix). Aunque cabe señalar que no se trata una traducción fiel al texto en inglés, pues como era costumbre en la época, las traducciones se adaptaban las costumbres de la lengua a la que se traducía.

Las referencias a Sense & Sensibility en su correspondencia fueron desapareciendo conforme las siguientes novelas fueron ocupando su pensamiento y su tiempo. Sin embargo, parece que había aprendido la lección respecto a la importancia de los derechos de autor. Así que cuando dejó a Egerton y comenzó a negociar con John Murray, los derechos de Sense & Sensibility salieron a colación.

En octubre de 1815, Murray le ofreció £450 por los derechos de las 3 novelas disponibles (Sense & Sensibility, Mansfield Park y Emma) [Carta 191]. La oferta no era buena, una vez que ella y Henry hicieron cuentas, así que rechazó la propuesta [cartas 122 A y D] y la escritora conservó sus derechos por el resto de su vida.

Gilson menciona que apareció un anunció el viernes 17 de noviembre de 1815 de una nueva edición de Sense & Sensibility, en el Morning Post. Se cree que Egerton trataba de vender los últimos ejemplares de la segunda edición, pues en ese momento, Austen ya había cambiado de editor (Copeland, 2013, nota 19, xxviii) (Gilson: 16).

Las ganancias de la segunda edición de Sense & Sensibility las recibió poco a poco (no se vendió tan rápido como la primera). Primero recibió unas £30, las recibió en marzo de 1815. Los pagos posteriores los apuntó en su nota “Ganancias por mis novelas” (está en la Biblioteca Pierpont Morgan, y puede verse en los Fiction Manuscripts): £12 y 15 chelines en marzo de 1816 (mismas que perdería con la bancarrota del banco de Henry) y £19 con 13 chelines el 7 de marzo de 1817 (el último que vio) y del que le contaba a su sobrina Caroline (para que le dijera posteriormente a James-Edward que se hallaba ausente de Steventon por ir a presentar su examen de admisión en Oxford) el viernes 14 de marzo de 1817: «Acabo de recibir cerca de £20  por la 2a. Edición de S.&S. que me da esta nueva ola de ardor literario.» [Carta 154] (Copeland, 2013: xxviii).

Nota de Jane Austen sobre las ganancias de sus novelas

Nota manuscrita de Jane Austen sobre las ganancias que había recibido por la publicación de sus novelas.

De acuerdo con el testamento de Jane Austen (escrito el 27 de abril de 1817), Cassandra heredó sus derechos de autor y los conservó hasta 1832, cuando finalmente los vendió (los de todas las novelas, menos Orgullo y prejuicio que Egerton tenía) por £250 a la editorial Bentley, que publicaría la primera colección de las 6 novelas y además en un volumen cada una.

Tras la muerte de la escritora, Sense & Sensibility se mantuvo entre las referencias familiares.

En la primavera de 1818, Edward Rice, prometido de Lizzy Knight (otra de las hijas de Edward), sufrió un accidente a caballo que le causó algunas lesiones en el rostro, así que pidió a su futuro suegro que le prestase la novela para leerla mientras sus cicatrices sanaban y volvía a quedar presentable (Le Faye, 2004: 261).

Sin embargo, basados en las opiniones que la misma Austen recolectó tras publicar Mansfield Park y Emma, parece que Sense & Sensibility nunca fue la predilecta de alguno de los miembros de la familia Austen, la omitían o aparecía abajo en la escala.

Por su parte, Mary Russell Mitford, otra escritora nativa de Hampshire, anotó en su libreta de literatura el 28 de noviembre de 1819 simplemente “Leí Sense & Sensibility, muy buena” (Copeland, 2013: xxix).

Ahora bien, a pesar de que Kathryn Sutherland recomienda evitar ver elementos autobiográficos en las obras, es difícil resistir la tentación de hacerlo (Copeland, 2013: lxii).

Una de las primeras observaciones que suele hacerse es la posibilidad de que ciertos rasgos de la personalidad y las inclinaciones artísticas de las hermanas Austen se reflejen en las dos protagonistas de esta novela: Elinor y Cassandra, con un temperamento más serio y formal y ambas con gusto por el pincel, y Jane y Marianne, más despreocupadas y con afición por el piano. Lo mismo la estrecha relación que compartían.

Elizabeth Austen Knight, esposa de Edward

Retrato en miniatura de Elizabeth Austen Knight (de soltera, Bridges), esposa de Edward Austen Knight.

Claudia Johnson especula que la crítica que Lady Middleton hace a las hermanas Dashwood quizá la escuchó la escritora respecto a ella misma (2013: xi-xii). De hecho, Le Faye también lanzó la hipótesis de que quizá Elizabeth, la esposa de Edward Knight, así opinaba respecto a la menor de sus cuñadas (referencia). Por si fuera poco, no se puede olvidar que solamente después de la muerte de su esposa Elizabeth, Edward ofreció a su madre y hermanas la casita en Chawton, con lo que, por extrapolación, despierta sospechas de que de alguna manera influyó en su marido como Fanny Dashwood en el suyo.

Por otra parte, también la opinión de dicho personaje sobre la situación financiera de sus parientes políticos resuena como eco de lo que Henry Austen escribió a su hermano Frank respecto a los arreglos financieros para su madre viuda y sus hermanas, en el sentido de que las mujeres con £450 libras al año estarían “muy cómodas” (28 de enero de 1805) y que un “establecimiento más pequeño les será más agradable, pues no puede ser sino factible o viable (Copeland, 2013: lxiii).

La Sra Leigh Perrot

Grabado de un retrato de la señora Jane Leigh-Perrot (de soltera, Cholmeley), tía política de Jane Austen.

También parece filtrarse el resentimiento de Austen por la apropiación tan apresurada de Steventon, con todo y enseres, que hicieron su hermano James y su esposa Mary ante el retiro del señor Austen, o los comentarios de John Dashwood respecto a su pobreza semejan a los de Mary cuando las visitó en su morada en Southampton, con el comentario de que no hablaba demasiado de pobreza, aunque no tenía la esperanza de que James pudiera comprar otro caballo para el siguiente verano (Copland, 2013: lxiii). En tanto que la tiránica Sra. Ferrars recuerda un tanto a su tía política la Sra. Jane Leigh-Perrot, cuya gran riqueza ejercía un enorme poder sobre la familia Austen, en especial las mujeres (lxiv).

Copland se pregunta cómo no se observaban los familiares en esos retratos y especula que quizá nunca vieron algo personal, sino que solamente reconocían personajes típicos de las novelas que habían leído. Así, en la narrativa de la época, había más de una anciana irresponsable y déspota con su riqueza, con frecuencia las mujeres que empobrecían inesperadamente, y también abundaban en cientos los parientes codiciosos y desalmados (2013: lxiv).

A lo largo del siglo XIX, de toda la obra de Austen, esta novela no gozó de mucha popularidad entre la crítica y los lectores. Por ejemplo, en las reseñas de Walter Scott (1816) y Richard Whately (1821) en la Quaterly Review, el primero apenas si la menciona y el segundo ni siquiera (Copeland, 2013: xxx-xxxi).

Por su parte, Henry Crabb Robinson al releerla en 1839 opinó que era una de las más pobres novelas de Austen. La recepción en la era victoriana, en forma de estimación y apreciación de los personajes, en parte, influido por las sensibilidades de la clase media ahora en el poder (Copeland, 2013: xxxii).

Del otro lado del Atlántico, el crítico estadounidense J.F. Kirk (1824-1904) opinó en la North American Review (1853) que es la menos agradable de las historias, pero en ninguna otra mostraba tan profundo entendimiento de la naturaleza humana (Copeland, 2013: xxxiii). Julia Kavanaugh en su English Women of Letter (1863) reconoció la intensidad emocional de la novela y encotró una facilidad técnica notable en ella, el fuerte de la escritora es retratar la estupidez común y corriente, tan distinta de la excentricidad, como los tontos nunca hablan de otra manera, la lógica de conversación más sencilla les resulta desconocida (Copeland, 2013: xxxiii).

Además, con esta novela, hubo algunos críticos que no se dejaron engañar con el mito de la buena tía Jane que creó la familia Austen, en especial a partir de los Recuerdos de Jane Austen (Copeland, 2013: xxxiv). Así, entre los que contradijeron esa visión se puede mencionar a Richard Simpson usó a Charlotte Palmer para ejemplificar la complejidad del arte de Austen, una simple tonta, nulidad en su falta de discernimiento, solo la Srta. Bates puede superarla (Copeland, 2013: xxxv)

Margaret Oliphant también señaló que Austen no es una autora como parece a primera vista, sino una plena de facultades o capacidad sutil, sagacidad, fineza y autocontención, su “cinismo femenino” se revela como la incredulidad suave y silenciosa de un espectador que observa grandes cosas sin dar ni una muestra externa de descompostura, y que ha renunciado a hacer una clasificación de pecados sociales y los ubica más bien en el nivel de absurdos (Copeland, 2013: xxxiv). Su aceptación de la situación no es una dulzura que proceda de la gracia cristiana, sino de la facultad de ver al prójimo con claridad en todos los aspectos, como una estatua, e identifica sus absurdos, burlándose de él de manera callada, sonriendo con la mirada, sin cometer el indecoro de reírse (Copeland, 2013: xxxv). Aunque las Steele le parecen sencillamente vulgares y desagradables, a quien no lamentaría nunca tener que volver a ver y que no contribuyen a nuestra diversión (Copeland, 2013: xxxv-xxxvi).

En general, la mayoría de los críticos de la era victoriana se concentró en la caracterización de los personajes, pero a muchos los repelía la constante dureza de la novela (Copeland, 2013: xxxvi).

A poco más de un siglo de su publicación, en el artículo del centenario luctuoso que escribió Reginald Farrer señaló que nadie la elegiría Sense & Sensibility como su novela predilecta de entre las que Austen escribió, (2013: xxiv), la consideraba como una historia gris y fría (Southam, 1976: 88)

Contexto histórico: sociedad, dinero, herencias y la mujer

Patricia Meyer Spacks opina que esta novela nos ofrece un vistazo a implicaciones bastante desoladoras (2013: 7), pues o se puede negar que la novela muestra una dura realidad y, como explica Claudia L. Johnson, ya no es el mundo de la parodia de las obras juveniles de Austen, sino uno más referencial donde la acciones causan daños y, por lo tanto, las situaciones son más inquietantes y se percibe más crueldad (2001: xi). En especial uno se percata de la dependencia económica de la mujer de la gentry en la Inglaterra de finales del siglo XVIII y principios del XIX, por ende, a muchos lectores les resultaba difícil leer algo así; no obstante se trata de uno de los puntos que mantiene tan vigente a la novela dos siglos más tarde en muchos lugares.

Copland explica que, en Sense & Sensibility todavía se observa la mano de la joven escritora, el contexto social y económico de su propia familia, las inquietudes de clase, dinero y status, además del agudo cuestionamiento de las complejidades morales de esos valores (2013: xlvi).

En la década de 1790 en Inglaterra comenzó la transición del modelo de sociedad, pues la clase media como una clase políticamente empoderada, gracias a la riqueza que les generó la Revolución, todavía no se definía plenamente (Copeland, 2013: xlvi), eso ocurriría una década después de la muerte de la escritora, y lo lograría a partir de 1932, con la Ley de reforma de 1832 (Reform Act o An Act to amend the representation of the people in England and Wales), que constituyó una reforma electoral que amplió el derecho al voto y otorgo más asientos parlamentarios a las ciudades industriales y por tanto, mayor representatividad.

De manera que, como David Kauffman señala, esta novela está inmersa en un conflicto ideológico de su época, entre la burguesía [entendida como la clase media], la gentry y la aristocracia (2013: xliv) y, por lo tanto, se trata de una rescritura [errónea] de la historia, considerar a Austen como vocera la clase media, “a la que muy probablemente no pertenecía” (Copeland, 2013: xliv).

Para Austen, las gradaciones sociales se regían más por cuestiones de status, que en apariencia no eran negociables, pero que paradójicamente también se encontraban ya bajo una negociación encubierta (Copeland, 2013: xlvii). Para las mujeres que formaban parte de las familias que pertenecían a las profesiones (el clero, los oficiales de rango en el ejército y la armada y los peldaños superiores de la abogacía) que, por tradición, se reconocían como parte de la gentry, la muerte del sostén económico de la familia representaba un perturbador problema de identidad social para los sobrevivientes (Copland, 2013: xlvii).

En especial, las mujeres que dependían de estos profesionales quedaban no sólo con un ingreso reducido y un nivel inferior de vida, sino con una tensa afiliación con su anterior posición (Copland, 2013: xlvii). Carecían de de oportunidades de autodeterminación, pues mientras los hombres podían tener una profesión o un empleo para sostenerse, las mujeres no tenían acceso a esas opciones (Meyer-Spacks, 2013: 20). En cierta manera, Austen mostró la situación de esas mujeres, quienes se convertían en lastre para sus familias y, con dificultad, mantenían las prácticas y condiciones materiales correspondiente al rango social al que afirmaban pertenecer (Copeland, 2013: xlvii). Cabe señalar que, en la segunda mitad del siglo XX, Alan Everitt acuñó el término pseudo-gentry para referirse a todo ese conjunto de profesionales y sus familias, para considerar exclusivamente como gentry al grupo de terratenientes británicos que no poseían un título nobiliario.

Asimismo, la guerra exacerbó la incertidumbre económica, con la carga de mayores impuestos, así que la prosperidad de los ricos en tierras y capital marcaba más el empobrecimiento de quienes no los poseían (Copeland, 2013: lii). También es la época en que estalla el consumismo, los ricos hacen alarde con edificaciones y renovaciones, viajes a Londres para la temporada social y las compras extravagantes que se ridiculizan en la novela (Copeland, 2013: liii).

En combinación con ese contexto histórico, cabe señalar que, en la literatura popular de la década de 1790, abundaban que las tramas de desheredamiento, en las que a la protagonista se le despojaba de su patrimonio, quedaba dependiente de extraños, se veía obligada a viajar y era acosada con las atenciones de un villano, quien ponía su reputación en peligro, para finalmente encontrar la felicidad en un matrimonio con un hombre parecido a su padre o al hermano que nunca tuvo (Copeland, 2013: lii).

Las Dashwood llegan a Barton

Ilustración de Natee Puttapipat, para la edición del Bicentenario de Sense & Sensibility en 2011, donde muestra a las Dashwood en su llegada a Barton.

En cambio, Austen hace más realista y desgarrador el desempoderamiento económico de las mujeres al detallar la manera en que un testamento priva a las protagonistas de una herencia, en lugar de las maquinaciones difusas de lores y barones como hicieron otras novelistas (Copeland, 2013: liii). Se vale de un arreglo de la legislación inglesa, denominado como strict settlement [muy parecido al mayorazgo en la legislación hispana], que inventó la aristocracia y copió la gentry para mantener intacto el patrimonio terrateniente al atarlo por la línea paterna a los descendientes varones e impedir que, debido al afecto por los hijos menores, se dividiera o redujera dicho patrimonio; así, la posesión del patrimonio se vinculaba de manera vitalicia al hijo mayor, el heredero ‘in tail’ («en cola»), quien cabía esperar que hiciera un testamento también en strict settlement (Copeland, 2013: liii).

Sin embargo, en esta novela de Austen, la finca se vincula a tres generaciones, dos intermedias solo tienen posesión vitalicia y la tercera y final es la que recibirá la herencia sin condiciones. Deja deliberadamente fuera a las mujeres, algo no tan inusual, sin embargo, no se les provee para el futuro y se les deja una suma muy pequeña como herencia (Copeland, 2013: liii). Copland dice que la ley de herencias en Inglaterra estimaba que una finca capaz de generar £4 mil al año, podría solventar otorgar entre £3 mil y £4 mil para cada uno de los vástagos, sin importar su sexo, menores sin dañar el patrimonio (2013: liii-liv). Así que la forma en que se les quita a las Dashwood de cuando menos lo mínimo esperado por las leyes y costumbres de herencia en Inglaterra y la eliminación de cualquier expectativa de mejoras complica aún más su situación (Copeland, 2013: liv). Así, la escritora representó la injusticia del sistema de sucesiones y herencias del sistema social en el que vivía (Meyer Spacks, 2013: 16).

Esto lleva a la interpretación que desde finales de la década de 1970 y principios de la de 1980, la crítica feminista ha hecho de la novela. Especialistas como Sandra M. Gilbert y Susan Gubar, Terry Lovell y Claudia L. Johnson han coincidido en que en Sense & Sensibility, Austen lanzó un ataque contra el patriarcado (Copeland, 2013: xli-xliii). Para Gilbert y Gubar, la escritora disfrazó su desacuerdo mediante ironías radicalmente ambiguas con la que se manifiesta una crítica profunda (Copeland, 2013: xli); mientras que Johnson considera que es la novela que más se alinea con la crítica social progresista, al exponer a la familia como la raíz del amor por el dinero, el principal vicio (Copeland, 2013: xlii).

De por sí, el matrimonio era la única forma de sostén económico para las mujeres de esa posición y el dinero tiene bastante importancia en todas novelas de Austen. Pero, en Sense & Sensibility, su relevancia se amplía, se convierte en el motor de la acción, el elemento con el que se manipulan y controlan muchos de los acontecimientos y a varios de los personajes, y en especial las mujeres que casi no lo tienen se convierten en las principales víctimas (Meyer Spacks, 2013: 12).

Austen retrata a personajes que solamente evalúan meramente en términos financieros, por ejemplo, cómo la belleza de una mujer ayuda a conseguir marido rico o cómo la enfermedad puede disminuir esa rentabilidad (Meyer Spacks, 2013: 13). También a otros dispuestos a sacrificar la conciencia por la ganancia financiera, con lo que muestra la falta de dinero puede destruir el carácter. En ambos casos, la escritora exhibe la corrupción inherente de la tendencia a sobrevalorar la posesión de la riqueza (Meyer Spacks, 2013: 12, 17). Otro personaje emplea la riqueza como instrumento de la tiranía y, en cierta forma, encarna la amenaza de una sociedad organizada en base exclusivamente al dinero (Meyer Spacks, 2013: 13). Se trata de un mundo dirigido por la riqueza y la posición social, donde ni siquiera los ricos se consideran libres e independientes (Johnson: 2001: xiii) y donde, paradójicamente, aunque pudieran darse el lujo de ignorar el dinero, no hay garantía de que lo hagan (Meyer Spacks, 2013: 17).

Así pues, aunque abundan los personajes secundarios que, con su insensatez, vulgaridad o absurdo, proporcionan ciertos momentos de humor, las protagonistas tienen que enfrentar a un puñado de personajes crueles, egoístas y despreciables, sin características que los rediman y que juegan un papel importante en la trama (Shapard, 2011). Tampoco se obtiene el alivio de la justicia, pues esos personajes egoístas y malvados adquieren riqueza más allá de lo que merecen y sin obtener sin castigo alguno (Meyer Spacks, 2013: 16), lo cual quizá es realista, pero poco satisfactorio.

Si bien se han señalado las limitaciones que las mujeres tenían en general y su dependencia económica, también puede resultar paradójico que, algunos de los personajes más poderosos, despiadados y calculadores que aparecen en esta novela son precisamente femeninos, a quienes se les ve abusar de su poder, humillando a su paso a las más desvalidas.

En cuanto al contexto topográfico y temporal, la trama se desarrolla principalmente en tres condados del sur de Inglaterra más la ciudad de Londres y un cuarto condado del que se habla mucho, aunque no se visita. Comienza en Sussex, en el sureste, donde se ubica la imaginaria Norland, de ahí a Devonshire en el suroeste de la isla de Gran Bretaña, donde está la ficticia Barton, después pasa a Londres y la última escala en Somersetshire, lugar donde estaría la inventada Cleveland, además de la referencia a Delaford en Somersetshire, condado vecino a Devonshire.

En ninguna de las otras novelas de Austen, la capital británica figura con tanta prominencia, casi un tercio de la trama se desarrolla ahí, pero, como indica Copeland, no se evoca la atmósfera de la ciudad o la vida en las calles, sino que con el domicilio delata el status de los personajes (2013: lix), por lo que, de nuevo, el énfasis está en su riqueza y sus aspiraciones sociales. En el sitio de The Republic of Pemberley podemos ver un mapa de los distintos lugares en Gran Bretaña donde se desarrolla la trama de esta novela y el mapa de Londres en las novelas de Jane Austen, es muy útil para ubicar los distintos lugares.

En cuanto a la cronología de los acontecimientos, Ellen Moody cree que la trama de Sense & Sensibility se desarrolla principalmente entre 1797 y 1798 (calendario de Sense & Sensibility), es decir, corresponden a los años en que se supone que Austen revisó la versión epistolar de su novela para darle la forma de narración en tercera persona.

Contexto literario

Si bien ya se ha dicho que la trama de Sense & Sensibility comparte ciertas semejanzas con otras novelas de su época, el entretejido resulta muchísimo más elaborado y complejo. Según explica Copland, la novela contiene muchas referencias y alusiones literarias que representan la acumulación de unos 36 años de lecturas para la escritora (2013: l), las citas o referencias directas son fáciles de detectar, pero las alusiones, al ser menos evidentes, resultan difíciles de rastrear, al punto en que se convierten casi en bromas privadas (Copeland, 2013: liv)

En la novela se menciona a William Shakespeare, Alexander Pope, William Cowper y William Gilpin, pero también se han identificado referencias a Geoffrey Chaucer, Edmund Spenser, John Milton, Robert Burton, John Dryden, James Thomson, Jonathan Swift, Thomas Hobbes, el conde de Shaftesbury, John Locke, el conde de Chesterfield, Edmund Burke, Samuel Johnson, Jean-Jacques Rousseau, Johann Wolfgang von Goethe, Samuel Richardson, Henry Fielding, Henry Mackenzie, Laurence Sterne, Tobias Smollett, Samuel Goldsmith, William Congreve, Elizabeth Inchbald, Richard Brinsley Sheridan y Hugh Kelly (Copeland, 2013: xlix), con lo que abarca muchos géneros, tanto teatro como ensayo, poesía y, por supuesto, novela.

New Forest, Hampshire, ilustración de William Gilpin para su libro Remarks on Forest Scenery

New Forest, Hampshire, ilustración de William Gilpin para su libro Remarks on Forest Scenery (1791), donde reflexiona acerca de los paisajes pintorescos.

En el caso de las descripciones de la naturaleza, se asocia con las políticas de uso de suelo implícitas en los escritos sobre los paisajes pintorescos (the picturesque) de William Gilpin, Humphy Repton, Uvedale Price y Richard Payne Knight; por ejemplo, la admiración de las protagonistas por las vistas en la casita de Barton se relaciona con el desarrollo de una mayor sensibilidad por la naturaleza y no sólo con la estética del paisaje (Copeland, 2013: lviii).

Además de los nombres del canon literario tradicional, gracias a la crítica feminista, también se han incorporado a esa lista de lecturas alusivas en Sense & Sensibility otras escritoras como Charlotte Lennox, Fanny Burney, Ann Radcliffe, Regina Maria Roche, Charlotte Smith, Jane West, Mary Bruton, Maria Edgeworth, Mary Hays, Eliza Fenwick y Mary Wollstonecraft, por nombrar solamente a algunas (Copeland, 2013: xlix-l). Incluso se han podido identificar alusiones a artículos publicados en la Lady’s Magazine (Copeland, 2013:  lvii), lo que muestra la capacidad para integrar también la literatura popular.

Al respecto, Barbara M. Benedict señaló que Austen combina la orientación de la educación femenina, matrimonio, costumbres sociales y entornos de la elite con cualidades que pertenecen a la gran literatura, como parodia, seriedad moral e interés actual (Copeland, 2013: xlv). Coincide con ella Deirdre Shauna Lynch, quien apunta a la intersección de esta novela con dos tipos de narrativas: las novelas populares, con personajes planos, y las novelas de reflexión, con personajes redondos (Copeland, 2013: xlv).

Patricia Meyer Spacks indica que la historia de las Elizas es casi viñeta de novela o novela en miniatura dentro de Sense & Sensibility, con casi todos los ingredientes: una mujer seducida y traicionada, su caída y muerte, aunque no se presenta de manera directa, sino narrada a distancia y representa un consuelo y una advertencia para Marianne (2013: 19).

De acuerdo con David Shapard, conforme la novela como género adquirió posición, permitió la exploración de las emociones internas y vehículo para los que abogaban por la sensibilidad y menciona como ejemplo los protagonistas titulares de las novelas de Samuel Richardson: Pamela y Clarissa, son criaturas de agudos sentimientos y sensibilidad, cuya pureza y virtud influye en los sentimientos de los demás; y Sir Charles Grandison también es el modelo masculino de la sensibilidad (2011).

Henry Fielding satirizó la obra de Richardson, aunque sus héroes también son criaturas de emociones intensas, cuyas acciones provienen más de la generosidad instintiva que de la razón; mientras Laurence Sterne por su parte, con Un viaje sentimental por Francia e Italia (A Sentimental Journey through France and Italy, 1678), ayudó a popularizar el término “sentimental” que se vinculó con la sensibilidad, pues es una crónica de las reacciones emocionales intensas del protagonista respecto a una variedad de experiencias mundanas (Shapard, 2011).

Las novelas retrataban personajes que mostraban los más agudos sentimientos respecto a los más variados acontecimientos de la vida, aun los más triviales, para provocar sentimientos similares en el lector. De las más populares eran The Man of Feeling de Henry Mackenzie y Las penas del joven Wether de Goethe, personajes de extrema sensibilidad incapaces de lidiar con el mundo duro y cruel que los rodeaba, al punto en que sus infortunios provocaban el llanto de los lectores (Shapard, 2011).

Copeland menciona la relación de esta novela con la novela didáctica de Maria Edgeworth y Jane West (2013: li). Por ejemplo, A Gossip’s Story (1796) de Jane West pudo influir en Austen, pues cuenta la historia de dos hermanas que representan respectivamente la racionalidad y la sensibilidad excesiva, de hecho, esta última se llama también Marianne, Marianne Dudley (Shapard, 2011).

El ambiente político de la última década del siglo XVIII en Inglaterra estuvo marcado por la reacción contra la Revolución Francesa (Shapard, 2011) y Marilyn Butler coloca a Sense & Sensibility como parte de las novelas antijacobinas de la década de 1790, que tienen dobles heroínas, la inestable y sentimental y la racional y religiosa, en oposición didáctica (Copeland, 2013: xli). Pero esa interpretación conservadora no cuaja totalmente, aunque, como dice Clara Tuite, quizá ayudó a la aceptación burguesa posterior de la novela y a la entrada de Austen en el canon literario (Copeland, 2013: xlv).

La usual contraposición entre ‘sense’ y ‘sensibility’ resulta una lectura simple, aunque muchas novelas de su época siguieran esa tendencia (Copland, 2013: li). Claudia L. Johnson hace notar que, si bien las novelas didácticas enseñaban los códigos sociales que debían adoptarse para vivir e integrarse a la comunidad, Austen cuestiona esos códigos y convenciones, muestra cómo se juzga a los vecinos por el status, el ingreso, la conducta y las palabras, pero el mundo es opaco y los juicios colectivos son tan falibles como los privados Johnson: 2001: xii).

Así, la sátira de Sense & Sensibility surge de la crítica social de la última década del siglo XVIII, pues los personajes están conscientes de que la ideología y del sistema aparentemente natural de prioridades, prácticas y actitudes condicionan no solamente la conducta social, sino también los medios y métodos de adquirir conocimiento acerca de los demás, y cómo la ideología privilegia o da prioridad, autoridad, posición, dinero y status a los más codiciosos, mezquinos y vulgares (Johnson: 2001: xii).

Shapard remarca que es la única novela de Austen con dos heroínas y, aunque predomine la perspectiva de Elinor, sus historias se desarrollan en paralelo y las reacciones de cada una muestran las fortalezas relativas de la sensatez y la sensibilidad, además que no se condena enteramente a Marianne, se simpatiza con ella y sus problemas, se le retrata con cualidades atractivas, así que sus fallas causan aflicción, por lo que ambos personajes no son simples representaciones de las dos características, sino personajes más complejos (Shapard, 2011.)

Claudia L. Johnson además señala que Sense & Sensibility tiene muchas afinidades con “Amor y amistad”, que considera la más pulida de las obras juveniles de Austen, una parodia de la narrativa sentimental que se burla de muchas de las convenciones que tanto aprecia una de las protagonistas de la novela y quien también parece despreciar la riqueza mundana (Johnson: 2001: x-xi). Tampoco debemos olvidar que la protagonista de “Amor y amistad” dirige sus cartas a Marianne, quien debería aprender las lecciones sobre la sensibilidad (McMaster, 1989: 148). Ahora bien, aunque Sense & Sensibility comparte la irreverencia, la exuberancia y, a veces, la deliciosa flagrancia de la sátira de “Amor y amistad”, se diferencia de la obra juvenil al alejarse de la parodia, para concentrarse en exponer las valencias de las formas literarias y en la crítica social a las convenciones sociales, de manera que muestra que hay mucho más que perder (Johnson: 2001: xi).

En la novela predomina la cercana relación fraternal de las hermanas Dashwood y los vaivenes de sus vidas emotivas (Meyer Spacks, 2013: 8-9), pero no tiene la conclusión que un lector suele desear en cuanto a la trama amorosa, pues ambas se conforman con matrimonios tan sólo suficientemente buenos con hombres íntegros que se preocupan por ellas (Meyer Spacks, 2013: 8 y 11), aunque Elinor resulta superior, moral y emocionalmente (Meyer Spacks, 2013: 11).

La sensatez y la sensibilidad: el culto a la sensibilidad, la convivencia social y el dinero

Dado que se ha hablado tanto de las novelas de la sensibilidad y la contraposición con ‘sense’ que se presentó en la literatura de la época de Austen, hay que sumergirse en el problema del significado de cada uno de los términos del título y que no se limita solamente a su traducción en otras lenguas, sino en sí a la evolución que ha tenido en la misma lengua inglesa, en especial en el caso de ‘sensibility’.

Según el sitio Lexico.com, en el que colabora la Universidad de Oxford con su diccionario, sense es un sustantivo polisémico, es decir, tiene muchos significados, proviene del latín ‘sensus’. Su primera acepción o significado se refiere a la facultad física para percibir los estímulos externos (es decir los cinco sentidos: vista, olfato, oído, gusto y tacto), el segundo respecto a la capacidad física de sentir/percibir las cosas; la tercera acepción, que es la que más concierne al título de la novela de Austen, se refiere a la actitud realista, racional o razonable respecto a las situaciones o problemas y, por último, es sinónimo de significado, es decir, como interpretar una expresión o situación.

De esta manera, si consultamos el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), sense coincide con bastantes significados de ‘sentido’ en lengua española, aunque el origen en latín de éste es un poco distinto, se atribuye a ‘sentire’ y no a ‘sensus’, pues primero es un adjetivo (relacionado con el sentir), y solamente después es un sustantivo, con las acepciones relacionadas también con las facultades de percepción física; solamente en la quinta y sexta acepciones, ‘sentido’ se relaciona con la tercera de sense en inglés, aunque no por completo: “Capacidad de entender, apreciar o juzgar algo” y “Modo particular de enfocar, de entender o de juzgar algo”, y finalmente también aparece la acepción relativa a significado e interpretación.

Otro problema semántico que se presenta es el adjetivo que deriva de ‘sense’, ‘sensible’, que se explica que tiene dos orígenes, uno de perceptible por los sentidos y el del latín ‘sensibilis’ que, a su vez, proviene de ‘sensus’. Así, ‘sensible’ en inglés, el adjetivo se atribuye a lo hecho o elegido según la sabiduría o la prudencia, por lo que si se refiere a una persona es porque ésta tiene o muestra prudencia y si es respecto a un objeto, que tiene un uso práctico más que decorativo, y una tercera acepción es que algo es inmediatamente perceptible o que no pasa desapercibido. Más importante aún es señalar que entonces ‘sensible’ en inglés NO significa ‘sensible’ en español, se trata de un falso cognado o falso amigo, ser “sensible” en español, significa ser ‘sensitive’ en inglés. Entonces, ¿cuál es el equivalente en español del adjetivo ‘sensible’ en inglés? Pues ‘sensato’ que, de acuerdo con el DRAE significa “Prudente, cuerdo, de buen juicio” y proviene del latín vulgar ‘sensātus’.

Por lo tanto, el sustantivo abstracto que deriva de ‘sensato’ es ‘sensatez’ y, en consecuencia, sería el equivalente más aproximado al sentido que Austen le dio a ‘sense’. Cabe señalar que también en español, el ‘sense’ del título de la novela se ha traducido como ‘juicio’ y ‘cordura’. Sin embargo, en español, ‘juicio’ primero tiene otras acepciones como: la “facultad por la que el ser humano puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso”, el “estado de sana razón opuesto a locura o delirio” y la “acción y efecto de juzgar” y, en la cuarta acepción, finalmente aparece como sinónimo de cordura o sensatez.

Si esto solamente se refiere al problema de entender el significado y traducir sense, el asunto es todavía más complicado al analizar sensibility.

Al consultar nuevamente en Lexico.com, ‘sensibility’ es un sustantivo que significa la capacidad de apreciar o responder a las influencias emocionales o estéticas, sinónimo de ‘sensitivity’, y, en una acepción más antigua, la capacidad de percepción de los estímulos sensoriales, además que proviene del latín vulgar ‘sensibilitas’, que a su vez deriva de ‘sensibilis’. Por ende, entonces tanto sense como sensibility provienen de la misma raíz etimológica.

Por su parte, ‘sensibilidad’ en lengua española SÍ parece ser el equivalente más aproximado de ‘sensibility’, dado que en el DRAE se le atribuyen tres acepciones: “facultad de sentir, propia de los seres animados”, “cualidad de sensible” y “manera peculiar de sentir o de pensar” y también proviene del latín ‘sensibilitas’.

Para el título de la novela de Austen, se ha dado como equivalente de ‘sensibility’ a ‘sentimiento’(s), pero es un sentido que se queda corto de lo que abarcaba el término en la época de Austen, pues no solamente se limitaba a los sentimientos, su significado se extendía al punto en que el estudio de la sensibilidad en el siglo XVIII en Inglaterra da material para escribir libros, por ejemplo Sensibility: An Introduction (1986) de Janet Todd y The Culture of Sensibility: Sex and Society in Eighteenth-Century Britain (1992) de Graham J. Barker-Benfield.

Según explica Raymond Williams, para el siglo XVIII, el significado de ‘sensibility’ había evolucionado más allá de la mera ‘sensitivity’ (la condición de percepción física o emocional). Trataba más de una generalización social de ciertas cualidades personales o la apropiación personal de ciertas cualidades sociales relacionadas con el ‘taste’ (el [buen] gusto), la cultura, el refinamiento, el discernimiento y el análisis crítico. Así, el significado del término comprendía mucho más que la actual conciencia o percepción, pues también incluía la capacidad de sentir (1983: 334).

De ahí que a ‘sensibility’ se le relacionara con el adjetivo ‘sentimental’ (del latín ‘sentimentum’ y ‘sentire’), que en el siglo XIV se refería al sentir físico o de uno mismo, y que en el siglo XVIII también se refirió al sentir de las emociones y las opiniones (1983: 334), que concierne a la abstracción y generalización de una cualidad personal activa, como si fuera un hecho social evidente, o un proceso, que dependía del consenso de las valoraciones particulares (Williams, 1983: 335-336).

Sin embargo, para finales del siglo XVIII, el derroche emocional, casi culto más que cualidad, comenzó a convertirse en objeto de ridículo, por ser más espectáculo que sentimiento real (Meyer-Spacks, 2013: 1). Según nos explica Meyer Spacks, la influencia de Las penas del joven Werther (1774) en la literatura inglesa llevó a que surgieran imitaciones, pero también la crítica en títulos como como Excessive Sensibility (1787), The Illusions of Sentiment (1788), Arubia: The Victim of Sensibility (1790) y Errors of Sensibility (1793) (2013: 2).

Si bien esa variante melodramática era fácil de ridiculizar, la sensibilidad —entendida como la respuesta a los sentimientos de otros, una cualidad relacionada con la expresividad emocional— podía encarnar valores sociales y personales (Meyer Spacks, 2013: 2).

Según lo interpreta Meye Spacks, con Sense & Sensibility, Austen articula una postura más compleja sobre el sentimiento y su expresión social, investiga las posibilidades y propiedades de la manifestación del sentir personal, hace una crítica y llega a conclusiones impredecibles (2013: 2). Expone las virtudes y debilidades de la sensibilidad, investiga las presiones de las expectativas personales y sociales y cómo la sensatez en la práctica puede controlar y distorsionar la sensibilidad (Meyer Spacks, 2013: 8). De esta manera, la sensatez tiene conciencia de las limitaciones que la sensibilidad se rehúsa a reconocer, mismas que las estructuras sociales han impuesto, así que, se tenía el propósito de educar al lector en los límites de la sensibilidad (Meyer Spacks, 2013: 8).

Parte del origen de esta vertiente de la sensibilidad proviene de La teoría de los sentimientos morales (1759) de Adam Smith (sí, el mismo de La riqueza de las naciones). Según esta postura, el comportamiento moral no deriva de principios, doctrinas o la razón, sino de un sentimiento que denomina sympathy (que ahora entendemos como la empatía), la capacidad para sentir o identificarse con la experiencia de otros (MeyerSpacks, 2013: 23).

Ilustración de Arthur Wallis Mills en 1908

Ilustración de Arthur Wallis Mills para la edición de Sense & Sensibility de Chatto & Windus en 1908.

La sensibilidad positiva de Smith y Austen requiere tener conciencia y sensibilidad hacia los demás. Marianne tiene que recordar eso, en cambio, Elinor, a pesar de su contención, nunca olvida a los demás y siente por ellos y lo expresa mediante su sentido de responsabilidad, sin tener que hacer exhibiciones públicas de su sensibilidad (Meyer Spacks, 2013: 24).

Elinor debe aprender a que salgan sus emociones (Meyer Spacks, 2013: 9). Su contención también tiene atractivos, imposible no empatizar con este personaje, cuya preocupación por los demás la guía, aunque al mismo tiempo, su conciencia de las expectativas de los demás, la constriñe. Opera con plena conciencia de esas restricciones, pero mantiene el buen humor, la compasión y esa conciencia, por eso brilla en superioridad moral (Meyer Spacks, 2013: 9). La manifestación sensata de sentimientos prohíbe el derroche extravagante de los mismos (Meyer Spacks, 2013: 31).

Claudia L. Johnson subraya que el debate sobre la sensatez y la sensibilidad no termina, pues no se basa simplemente en la oposición entre la razón y el sentimiento, lo público y privado, lo disciplinado y lo indisciplinado; sino de problemas epistemológicos del saber y sentir que resultan incluso frustrantes para las protagonistas (Johnson: 2001: xiii). Términos como ‘duda’, ‘creencia’, ‘conjetura’, ‘certeza’, ‘probabilidad’ aparecen a cada momento en la novela y los personajes hacen inferencias erróneas, al considerar una probabilidad como una certeza (Johnson: 2001: xiii).

Meyer Spacks observa que quienes se dejan dominar por la sensibilidad, tienen una imaginación más desbocada que los sensatos; de manera que la emoción y la imaginación son aliados cercanos, y la esperanza y el temor ayudan a crear visiones del mundo y sus posibilidades, engañados por la fantasía, ignoran o desdeñan los hechos inconvenientes, la evidencia ambigua y la realidad; por lo que la intensidad de sentimiento no genera sensibilidad, sino que distorsiona la imaginación (Meyer Spacks, 2013: 21).

Así, por ejemplo, Marianne cree que el mundo es en blanco y negro; mientras que Elinor titubea pues quiere pruebas más formales y su escepticismo surge de la necesidad de protegerse, pues las cosas quizá nunca se conviertan en realidad; después de todo, una de las primeras evidencias que se presenta es un hombre aparentemente respetable que nunca cumple una promesa (Johnson: 2001: xiii). En opinión de Claudia L. Johnson, una de las grandes ironías de la novela es que algunas convicciones de Marianne en cierta manera se reivindican, y que Elinor, con todo y su escepticismo, no escapa de los errores y su autocontrol no la salva de que le rompan el corazón (Johnson: 2001: xiii). La correcta orientación de la imaginación requiere una constante atención (Meyer Spacks, 2013: 31).

Como explica Meyer Spacks, la dificultad radica en encontrar el equilibro entre la sensatez y la sensibilidad, en la capacidad de conocer y aceptar los sentimientos propios y expresarlos sensatamente: las exigencias sociales no deben ahogar a las demandas personales, pero tampoco lo contrario, las demandas personales no deben eludir las responsabilidades sociales (2013: 31). Ambas hermanas deben aprender a hacerlo, pues no basta una u otra cualidad de manera aislada (Meyer Spacks, 2013: 31).

"Drove her into a fainting fit", ilustración de Charles E. Brock

«Drove her into a fainting fit», ilustración de Charles E. Brock para la edición de Sense & Sensibility de 1898.

Además de las presiones sociales que se imponen sobre la sensibilidad, el factor económico también juega un papel importante en la misma. Quienes dejan que la sensibilidad domine su pensamiento y conducta tienen visiones financieras irrealistas, tiene las fantasías de poseer los recursos adecuados, pero dan poca importancia a los medios para conseguir sus fines soñados; así, Elinor no olvida el poder del dinero y no pierde de vista la situación, Marianne quisiera hacerlo, pero no soluciona nada (Meyer Spacks, 2013: 12 y 15).

Asimismo, la actitud que los personajes tienen respecto al dinero es un indicador de su sensatez y sensibilidad, a la vez que también se retrata a la sociedad (Meyer Spacks, 2013: 17). Los personajes que dan prioridad al dinero carecen de alcance emocional, por más que se crean sensatos y sensibles, su ambición distorsiona su capacidad de juicio (Meyer Spacks, 2013: 16), como sucede con Fanny Dashwood y su madre, quienes sentimientos muy fuertes por el dinero, tanto que les dan ataques, pero no pueden empatizar con los demás (Meyer-Spacks, 2013: 23-24). Con esto, observamos que la sensibilidad, entendida de forma positiva, va más allá de sentir con fuerza, pues el sentimiento puede concentrarse en muchos objetos no merecedores de esa emoción (Meyer Spacks, 2013: 24).

En cambio, aunque existe una queja general de que los protagonistas masculinos de esta novela se mantienen al margen, desaparecen de escena durante mucho tiempo de la trama e incluso se les acusa de ser débiles (Shapard, 2011), están conscientes de sus responsabilidades y son sensibles a las necesidades de los demás (Meyer Spacks, 2013: 28), características de las que, en general, carece el resto de los demás personajes masculinos de la novela.

Como se ha dicho, a finales del siglo XVIII, las excesivas manifestaciones de sentimiento y el contexto político antirrevolucionario hicieron que se fueran perdiendo de vista todos los elementos arriba mencionados que también conllevaba la sensibilidad, y terminó por adquirir una connotación despectiva, que también dañó irremediablemente al adjetivo ‘sentimental’ (Williams, 1983: 335). Aunque también la sensibilidad pasó de moda en Inglaterra, algunos de sus temas se mantuvieron y se aplicaron en el Romanticismo (Shapard, 2011), de manera que la novela también puede relacionarse con ese movimiento artístico que ya estaba en su segunda etapa en Inglaterra al momento en que se publicó la obra.

En resumen, aunque Sense & Sensibility pueda resultar una novela oscura y desencantadora, que expone cómo las instituciones, supuestamente sagradas y benevolentes, como la propiedad, el matrimonio y la familia, pueden imponer la avaricia, el egoísmo y la mediocridad; la manera en la que expone el cálculo y la banalidad es sumamente cáustica, aunque finalmente sorprende por ser maravillosamente tolerante, por ser cálida y genuina (Johnson: 2001: xiv). Desde esa perspectiva, Mansfield Park ya no resulta tan extraña y Persuasión sería más una continuación. (Johnson: 2001: xiv).

Sense & Sensibility en el mundo de lengua española

Desde su publicación en inglés en 1811, Sense & Sensibility tardó más de 130 años en aparecer en lengua española, quizá gracias al interés que pudo haber despertado Más fuerte que el orgullo (1940), la adaptación de Orgullo y prejuicio 1940, entre el público.

Sin embargo, su difusión fue mucho más limitada, posiblemente porque no la publicó una editorial poderosa, como Espasa-Calpe, que había sacado a la luz veinte años antes Persuasión (en 1919), La abadía de Northanger (en 1921) y Orgullo y prejuicio (en 1924), sino editoriales más pequeñas, al grado en que, aparentemente, la novela no cruzó el Atlántico, las ediciones se quedaron exclusivamente en España.

La otra dificultad que probablemente enfrentaron, como ya se comentó, fue la dificultad de traducir el título. Así, en 1942, la editorial Nausica, la publicó por primera vez como Juicio y sentimiento, en traducción de María Teresa Moré. Luego, la editorial Reguera la publicó como Cordura y sensibilidad en 1946, traducida por Fernando Durán y, por último, entre 1956 y 1965 se editó como parte de la colección de la ‘Revista literaria «Novelas y cuentos»‘ con el desconcertante título de Hacia la dicha por la senda del amor, pero sin identificar al traductor y no sabemos si se trata de una versión abreviada o el texto completo de la obra. Luego permaneció descatalogada por más de treinta años.

Finalmente reapareció en imprenta, gracias a Ediciones Rialp, que en 1993 retomó el título de Juicio y sentimiento con una nueva traducción, a cargo de Luis Magrinyà, misma que muchas otras editoriales han reutilizado, en especial Ediciones B (que la renombró como Sentido y sensibilidad) y Alba Editorial (que mantuvo el título inicialmente dado, quizá porque Magrinyà funge como director de la editorial), que además la ofrece en formato de libro electrónico. La editorial Tomo en México usa también ilegalmente esta traducción, por más que la atribuya a Roberto Mares, pues es una copia casi letra por letra y punto por punto de lo que Magrinyà tradujo.

Gracias a la aparición de la adaptación cinematográfica de 1995, la industria editorial en lengua española decidió aprovechar el interés y difundir esta novela como nunca antes se había hecho. En España, la cinta se tituló como Sentido y sensibilidad y en América Latina como Sensatez y sentimientos, y  así se le ha asignado el título a las distintas ediciones de la novela en ambos lados del Atlántico, al punto en que casi alcanza a Persuasión como la segunda obra más publicada de Austen en lengua española, pues han aparecido más de quince traducciones distintas y muchísimas ediciones más.

Ediciones de Sense & Sensibility en español

Algunas ediciones de Sense & Sensibility en español, se observa cuántas variaciones tiene el título.

Plaza y Janés también la publicó como Sentido y sensibilidad, en traducción de Ana María Rodríguez, aunque se ha podido identificar que Rodríguez realmente copió la traducción de Moré y se limitó a ‘modernizar’ el lenguaje, sin corregir los errores que aparecían en aquella primera traducción de la novela (Rodríguez hizo lo mismo con sus supuestas traducciones de Orgullo y prejuicio y Emma). Desafortunadamente, Penguin Random House adquirió los derechos para esta traducción y es la que usan en sus distintos sellos editoriales como Debolsillo y Penguin Clásicos, así que es la más difundida tanto en España como América Latina. Para colmo también RBA Coleccionables la usa para sus distintas publicaciones, como es ahora en 2020 el caso de la colección Novelas eternas. Es muy lamentable que la menos recomendable de las traducciones es la que llega con más facilidad en distintas ediciones a los lectores en los países de habla hispana.

También Edimat ha editado con frecuencia la novela, además con una introducción, la traducción está a cargo de Clara Ituero Herrero. Sin embargo, parece que desde el primer capítulo a la traductora se le ha dificultado entender el texto, basta revisar por ejemplo el último párrafo del mismo, donde se describe a Margaret Dashwood, lo que tradujo carece de sentido respecto a la descripción que Austen proporcionó de la tercera de las hermanas Dashwood. Tan sólo ese detalle hace desconfiar de la calidad de esta traducción.

De este lado del Atlántico, parece que en 1996 se publicó la primera traducción latinoamericana de esta novela, con el título de Sensatez y sentimientos, de la editorial Cuarto Propio en colaboración con el Instituto Británico de Cultura de Chile, pero sin identificar al traductor. Cuatro años más tarde, también en Chile, la editorial Andrés Bello volvió a publicar Sensatez y sentimientos y atribuye la traducción a Paulina Matta, cabe la sospecha de que sea el mismo texto que la edición de 1996, pero no hemos podido cotejarlo. Lo que sí sabemos es que esta traducción de Matta es la que se encuentra con facilidad en internet (aunque de manera ilegal, pues el texto en inglés está libre de derechos, pero la traducción de Matta no) y es la que han copiado también para ediciones electrónicas baratas que se encuentran en distintos sitios, incluyendo Amazon. Igualmente es la misma traducción que usa la editorial Plutón en España, aunque atribuya a Benjamin Briggent el trabajo, pues trataron de disfrazar el plagio al reemplazar con algunos sinónimos y alterar la sintaxis, al punto de hacer casi ilegible el texto.

En Argentina, Editorial A-Z también publicó la novela en 1996, la traducción está a cargo de Marcos Meyer, que también retomó la editorial Losada en aquel país.

La lista de ‘traducciones’ y ediciones podría seguir sin propósito. No obstante, la única excepción digna de mención es la edición de Alianza Editorial, en traducción de José Luis López Muñoz (quien ya antes había traducido Emma y Orgullo y prejuicio, también disponibles en Alianza).

En lugar de copiar o reciclar los títulos usualmente utilizados en España (Sentido y sensibilidad o Juicio y sentimiento), de manera sorpresiva López Muñoz y Alianza importaron parcialmente el título generalmente utilizado en Hispanoamérica: Sensatez y sentimiento (este último no en plural). Esta traducción de la novela inicialmente apareció en 2013 en una colección denominada «Biblioteca de Traductores», que lanzó Alianza y al año siguiente recibió el premio Esther Benítez, que otorga la asociación ACE Traductores (el gremio de traductores), a la mejor traducción de una obra literaria publicada en España. A la fecha, ninguna otra traducción de la obra de Austen ha recibido ese distintivo y estamos en proceso de juzgar si en efecto, es la mejor. 

No cabe duda de que, dada la popularidad que esta novela logró a partir de 1995, seguirán apareciendo traducciones y ediciones de la misma; lo único que nos intriga, en vista de lo que hemos revisado respecto al significado del título, es que no haya surgido la alternativa de llamarla Sensatez y sensibilidad.

Bibliografía

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Johnson, Claudia L. (2001). “Introduction” en Austen, Jane. Sense and Sensibility: Authoritative Text, Context, Criticism. A Norton Critical Edition. Nueva York: W.W. Norton & Company, ix-xviii.
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Meyer-Spacks, Patricia (2013). “Introduction” en Austen, Jane (2013). Sense and Sensibility, an Annotated Edition. Cambridge, Massachusetts: Belknap Press de la Harvard University Press.
Shapard, David (2011). “Introduction” en Austen, Jane (2011). The Annotated Sense and Sensibility. Nueva York: Anchor Books.
Southam, Brian C. (1976) (ed.). Jane Austen: Sense and Sensibility, Pride and Prejudice and Mansfield Park. A Casebook. Londres: Macmillan.
Williams, Raymond (1983). “Sensibility” en Austen, Jane (2001). Sense and Sensibility: Authoritative Text, Context, Criticism. A Norton Critical Edition. Nueva York: W.W. Norton & Company, 334-336.

 


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