Obras juveniles

Juvenilia u obras juveniles de Jane Austen

Christine Alexander explica que se denomina Juvenilia a los escritos tempranos u obras escritas en la juventud (antes de los 20 años) de un autor y no necesariamente se trata de escritos inmaduros o de aprendiz (2015: xiii).

En el caso de las obras juveniles de Austen, tienen valor por sí mismas y como documentos literarios e históricos, registros de la respuesta a la escritura de su época, los modales y la moral y a los valores estéticos (Alexander, 2015: xiv).

Estas obras juveniles, Austen las escribió entre 1787 y junio 1793, es decir, cuando tenía entre 11 y 17 años (Sabor: 2006: xxiv) y abarcan varios géneros, pues son algunos cuentos, novelas o fragmentos de ellas, unas cuantas farsas o entremeses e incluso una muy original “Historia de Inglaterra” (Halperin, 1989: 29).

Primera edición estadounidense (réplica de la edición británica) de las obras juveniles de Jane Austen

Primera edición estadounidense (réplica de la edición británica) de las obras juveniles de Jane Austen

En su mayoría, incluyendo “Amor y amistad”, el tono que predomina en las obras es de parodia y sátira, y se nota la evolución de la escritora para encontrar su propio estilo literario y la forma que mejor convenía a sus propósitos, así como la vasta experiencia que ya tenía, desde pequeña, como lectora. Se trata de un estudio de las formas literarias, combinadas con su creciente interés en la educación femenina (Alexander, 2015: x). Por otra parte, una característica recurrente de las obras juveniles es el narcisismo de los personajes, pues no tienen conciencia de las necesidades o deseos de otros, solamente les preocupan sus propios sentimientos y reacciones (Patricia Meyer Spacks, 1989: 127).

Las obras juveniles de Austen se conservan en tres cuadernos y son de los pocos manuscritos literarios que sobreviven de ella, pues, salvo por los “capítulos cancelados” de Persuasión y el pedacito de papel donde escribió el título Susan (hoy, La abadía de Northanger) no existe nada más de las seis principales novelas.

Cabe mencionar también que no se trata de obras en borrador, sino copias relativamente en limpio y, según especula Kathryn Sutherland, posiblemente no sean las únicas obras que Austen llegó a escribir cuando era adolescente, sino solamente las que decidió transcribir y conservar (2007: 203), esto también apunta, como indica Peter Sabor (2006: xxiv) que la escritora valoró sus primeras producciones.

Brian Southam cree que Austen transcribió material en cualquiera de los cuadernos que estuviera a la mano (Alexander, 2015: xv).

Además, la transcripción no fue en orden cronológico, pues hay obras que datan de un mismo año en distintos cuadernos. Sutherland (2007) observa una diferencia en la caligrafía (una infantil, más larga y redonda) en las primeras 11 obras del primer volumen (2007: 203); además señala que transcribió obras al mismo tiempo entre el primero y el segundo cuadernos (2007: 203), con alteraciones muy posteriores, hacia 1811 (2007: 203), lo que significa que posiblemente la extensión de las obras sirvió como criterio para decidir cuál copiar en cada uno.

También llama la atención de que la jovencita no utilizó los cuadernos para su uso personal exclusivo (como habría sido de manera convencional un diario), pues por propia presentación física y dedicatorias, constituyeron una lectura para compartir y admirar entre la familia y amigos más cercanos de los Austen, tanto que algunas de las obras están dedicadas a algunos de ellos e incluyen muchas alusiones, bromas y acontecimientos compartidos [y entendidos solamente] por ese círculo (Sutherland y Johnston: xii).

Austen estaba consciente de su audiencia (Alexander, 2015: xvii). La familia y amigos cercanos jugaron un papel, ya fuera inspiración para las historias y personajes, ser el blanco de la broma, modelaron la Enterprise artística y dramática, alentaron la lectura y la creatividad (Alexander, 2015: xviii). Además, Juliet McMaster ha demostrado que las dedicatorias son toda una obra en sí, cuidadosamente preparadas para consumo público (Alexander, 2015: xix).

Ediciones ilustradas de las obras del Vol I de las obras juveniles de Jane Austen

Ediciones ilustradas de las obras del Vol I de las obras juveniles de Jane Austen

Al crear las novelas, posiblemente Austen regresó a sus cuadernos para reciclar personajes e ideas, pueden encontrarse semejanzas de algunos personajes de estas obras con los de las novelas, por ejemplo, Camilla Stanley y lady Greville con Isabella Thorpe y lady Catherine de Bourgh respectivamente (Alexander, 2015: xviii) y esos vínculos los han explorado algunos académicos.

El primer volumen contiene 16 obras, el segundo 5 o 9 (dependiendo de la cuenta, pues los «Fragmentos» o «Retazos» incluyen 5 piezas de distintas características) y el tercero solamente 2, para un total de 27 obras juveniles (o 23).

Características del primer volumen

Es un cuaderno de hojas blancas, el más sencillo de los tres, en tamaño cuartilla, encuadernado en piel de oveja y forrado con papel jaspeado. La marca de agua no muestra fecha, solamente una imagen de Britannia y una corona con las siglas “GR” (¿George Rex?). Cassandra anotó con en la primera página “para mi hermano Charles” pues recodaba que varias de las obras estaban dedicadas a él.

Características del segundo volumen

El segundo volumen tiene un tamaño de pequeña cuartilla (small quarto) y es el de mejor calidad, pues es de vitela, regalo del Sr. Austen. En el índice, la escritora añadió “Ex dono mei Patris” que se considera la única frase en latín que aparece en toda la obra de Austen (Sabor: 2006, xxv). Doody supone que el contenido lo había entretenido tanto que, para alentarla, le compró a su hija ese fino cuaderno (Sabor: 2006, xxv y Alexander, 2015: xv). Cassandra escribió con lápiz en la primera guarda anterior “para mi hermano Frank” y en la guarda posterior pegó un pedazo de papel con tinta con la misma indicación (Sabor: 2006, xxv).

Ediciones ilustradas de las obras del Vol II de las obras juveniles de Jane Austen

Ediciones ilustradas de las obras del Vol II de las obras juveniles de Jane Austen

El segundo volumen es el más extenso de los cuadernos, tiene 264 páginas foliadas por la escritora, después de haberle quitado con tijeras doce hojas, algunas de ellas al final del cuaderno, pero hay también otras cortadas en la parte intermedia, aunque todo antes de haber transcrito las obras, porque no falta nada de contenido en ninguna de las nueve obras que ahí aparecen (Sabor: 2006, xxvi). Sutherland (2014: 5) observa que no hay omisiones en la transcripción de texto, ni evolución de la caligrafía, además las fechas de los escritos indican un período de gran productividad, intenso entre los quince y dieciséis años, y una mejor estructura, por lo que resulta la colección más acabada de esas obras juveniles.

Se nota que arrancó unas hojas entre la 2ª carta y la 4ª carta, páginas 64, al final de “Amor y amistad” y luego al inicio de “Lesley Castle”, en la página 67, en la ´página 186 y 187, al final de la “Historia de Inglaterra”, en la página 187 antes de la dedicatoria de “Una colección de cartas” donde faltan 2 hojas, al final de la segunda carta en la página 200, la 201 al final de la segunda carta, donde faltan 3 hojas (xxvi), luego entre la 212 después de la cuarta carta, la 213, y después en la 252 faltan 5 hojas (xxvi).

Southam opina que en los rastros de las hojas faltantes se observa que había escrito algo en ellas quizá borradores, pero decidida a conservar una copia en limpio. quitó esas hojas con sus pasos en falso (Alexander, 2015: xvi)

Las nueve obras del segundo cuaderno son: “Amor y amistad”, dedicada a su prima paterna, Eliza de Feuillide, “El castillo de Lesley” para su hermano Henry, “La historia de Inglaterra” que dedicó a su hermana Cassandra, “Una colección de cartas” (cinco cartas para ser exactos), para su prima materna y tocaya Jane Cooper y los “Retazos” o “Fragmentos” (que realmente pertenecen a tres distintos géneros: tres cartas, el primer acto de una comedia y un cuento) y que dedicó a su primera sobrina, Fanny Knight, poco después de su nacimiento en enero de 1793.

Características del tercer volumen

Para conocer las características del tercer volumen, favor de consultar la página relativa a “Catharine o el cenador”.

Ediciones ilustradas de las obras del Vol III de las obras juveniles de Jane Austen

Ediciones ilustradas de las obras del Vol III de las obras juveniles de Jane Austen

Los manuscritos y la familia Austen

Debido a sus aspiraciones como escritora, Caroline Austen afirmó haber recibido una nota de su tía en mayo de 1817 donde indicaba que hubiera deseado leer más y escribir menos cuando tenía su edad, en ese momento Caroline tenía 11 años, le recomendaba no escribir sino hasta cumplir los 16 años. (Sabor, 2006: xxvi). Esto, llevó a su hermano, James Edward Austen-Leigh, a afirmar que su tía debió comenzar a escribir antes de los 12 años, en 1787, poco después de abandonar la Escuela de la Abadía en Reading, y así concluir con su educación formal, que ocurrió a finales de 1786 (Sabor, 2006: xxvii).

Henry no hizo ninguna mención a las obras juveniles en su nota biográfica (Sabor, 2006: xxxviii). En los Recuerdos de Jane Austen, James Edward comentó que se trataba de un viejo libro de copias, que contenía varios cuentos, algunos que parecen haberse escrito cuando todavía era una niña (Sabor, 2006: xxxviii), aunque él sabía que, en realidad eran tres cuadernos, pues había heredado el tercero. En aquel entonces, el segundo volumen estaba en posesión de Frances Sophia Austen, la más joven de las hijas de Frank. Asimismo, James Edward afirmó que sería injusto exponer este proceso preliminar al mundo, como si fuera exhibir lo que sucede detrás del telón del teatro antes de que suba (Sabor, 2006: xxxviii). En la segunda edición los mencionó en plural, libros.

Posiblemente, además de no tener acceso al segundo volumen, esa omisión se debió a que los hijos de James Austen tenían la pulla con la rama de Frank por la publicación de la secuela de Los Watson, así que, como apunta Sabor, la alusión a “Amor y amistad” se atribuyó a “algún cuento perdido” (Sabor, 2006: xli).

Mary Augusta Austen-Leigh también desestimó las obras juveniles, los consideró como absurdos infantiles, el tipo de producto que debe esperarse naturalmente de una hermanita graciosa y alegre (Sabor, 2006: xliii).

Herencia de los manuscritos, primera edición y recepción inicial

Tal como se indica en la nota a lápiz de Cassandra, el primer cuaderno lo heredó Charles Austen.

De igual manera, Cassandra Austen indicó que el segundo volumen lo heredara su hermano Frank y fue el primero de las obras juveniles que se publicó: en 1922. En las guardas de esa primera edición se incluyen las reproducciones de los retratos en acuarela que hizo Cassandra para la “Historia de Inglaterra” y un facsímil de la portada, además de un prefacio de G.K Chesterton (Sabor, 2006: xlvi-xlvii). Fue todo un éxito de ventas, pues en apenas 7 meses, consiguió 4 reimpresiones (Sabor, 2006: xlvii).

Guardas con los retratos de la "Historia de Inglaterra" en la primera edición de las obras juveniles de Jane Austen

Guardas con los retratos de la «Historia de Inglaterra» en la primera edición de las obras juveniles de Jane Austen

Y también la crítica aclamó esa primera muestra de las obras juveniles de Austen. Así, por ejemplo, Zana Gale reseño la obra en el New York Times Review, donde escribió: “aquí está la Jane Austen de las estanterías, más humana, más viva, más tomada desprevenida, como con frecuencia anheló que la pescaran” (Sabor, 2006: xlviii).

Por su parte, Virginia Woolf en The New Statesman, publicó “Jane Austen Practising”, donde consideró que Austen solamente estaba tarareando una tonada bajo su aliento, probando algunas barras de música para Orgullo y prejuicio y Emma” (Sabor, 2006: xlviii). También calificó a esas primeras obras como “animosas, fáciles, llenas de diversión bordeando en libertad respecto al sinsentido puro” (Alexander, 2015: ix) y una señal de que, a los quince años, tenía pocas ilusiones acerca de la gente y ninguna respecto a sí misma (Alexander, 2015: ix).

En 1925, Richard Brimley Johnson en un “New Study of Jane Austen (interpreted through “Love and Freindship”), junto con Amelia Hopkins, intentaron localizar los blancos de la sátira de esas obras, como The Man of Felling (1771) de Henry Mackenzie y Werther (1774) de Goethe (Sabor, 2006: xliv).

Casi como para los Austen-Leigh, para R.W. Chapman, la publicación del cuaderno fue motivo potencial de vergüenza (Sabor, 2006: l), pero no pudo mantener esa postura ante la recepción entusiasta (Sabor, 2006: l). Para su mayor decepción, no pudo revisar el cuaderno en aquel entonces, pues Janet R. Sanders, nieta de Frank Austen y dueña del mismo, no quiso darle permiso para ello, además que ella comisionó una segunda edición del volumen. Fue en 1951 cuando finalmente Chapman pudo ver el cuaderno, cuando una nueva heredera, Rosemary Mowell, bisnieta de Frank, le concedió ese permiso, pero, como apunta Sutherland (2007: 202), la correspondencia muestra todavía una actitud negativa de Chapman respecto a las obras juveniles. El éxito inicial del volumen no logró que se publicaran los otros dos cuadernos, pasarían algunas décadas para que todas las obras salieran a la luz.

Los descendientes de Frank Austen conservaron el cuaderno en su poder hasta 1977, cuando lo subastaron en Sotheby’s (catálogo del 6 de julio de 1977) y lo adquirió la Biblioteca Británica por £40,000 (Sabor, 2006: xxxvii).

¿Cómo leer las obras juveniles?

A pesar de que pueden encontrarse algunos elementos en común con las novelas de la escritora, quién se encuentra por primera vez con las obras juveniles de Austen tras leer aquellas, puede desconcertarse, pues, como comenta Donna R. White (2018), el humor es contrastantemente distinto, más reminiscente a las obras sinsentido de Lewis Carroll; un estilo muy diferente al de los contemporáneos de Austen y de las propias obras de madurez de la escritora (Sabor, 2006: lxvii).

Por si fuera poco, las obras juveniles no pueden leerse como se hace con las seis novelas, como apunta Doody, tienen un estilo implacable y exuberante de visión cómica (Sabor: 2006, xxiii-xxiv), características que también permean las cartas y enmudecen en las novelas, excepto quizá en Sanditon (Sabor: 2006, xxiv).

En 1922, en su “Introducción” a esa primera edición de las obras juveniles, G.K. Chesterton las comparó con las grandes obras burlescas de Peacock y Max Beerham, y en la misma línea que Gargantúa y Pickwick; así, ubica a Austen en la tradición de Rabelais y luego Dickens (Sabor, 2006: xlvii).

Son obras “con energía anárquica, violencia e irreverencia, no muy de damas” (Sabor, 2006: lxvii), tienen mucho humor negro. Se nota que Austen tomó de sus lecturas para manipularlas y subvertirlas al imitar tales formas literarias (Sabor, 2006: lxvii).

Las obras juveniles pueden leerse como ejercicios astutos de intertextualidad: su estructura formal imita y se burla de la práctica de publicación convencional, los acontecimientos juegan con los paradigmas de la novela popular y los diálogos hacen eco de textos de su época (Alexander, 2015: xxxiii-xxxiv).

Experimenta con distintos géneros y convenciones, desde las obras teatrales, cuentos, bosquejos, cartas imaginarias y novelas, principalmente en forma epistolar, en las que se observa su creciente interés en la educación femenina (Alexander, 2015: x y xxx). Incluso los títulos de sus distintas obras juveniles conjuran expectativas de que lo sentimental o gótico, que subvierte con su sentido del humor retorcido (Alexander, 2015: xxix).

De manera que, la joven escritora demostró ser una consumada observadora e imitadora, cuyo rápido ingenio y dominio del estilo y los modales le permitieron experimentar con las técnicas de la narrativa mientras que, al mismo tiempo, producía obras que no solamente son estética y moralmente agudas, sino dignas de un talentoso artista (Alexander, 2015: ix). Con esa práctica en la parodia, la escritora perfeccionó sus habilidades críticas y desarrolló esa voz irónica ingeniosa por la que es tan famosa (Alexander, 2015: xxix).

En cuanto a los asuntos con los que trata, se percibe que la joven escritora tenía conocimiento de las relaciones entre los dos sexos, ya que se observan parejas “casadas” mediante uniones ilegales que engendran vástagos ilegítimos (Sabor, 2006: lxi-lxii). En este sentido, Sabor entiende un poco la renuencia de los Austen victorianos de dar a conocer estos escritos donde abundan los suicidios, la violencia, el robo, el abuso verbal, la gula, la ebriedad, etc. (2006: lxii). También se observan actos violentos, volcadura de carruajes, robo, en especial en “Amor y amistad” de dinero (Sabor, 2006: lxiii-lxiv), además de la burla a la narrativa sentimental del siglo XVIII (Sabor, 2006: lxv).

Susan Fraiman opina que la crítica de Austen al matrimonio, la autoridad masculina y la femineidad apropiada se encuentra más cerca de la superficie en sus obras anteriores a 1794 (Sabor, 2006: lv). Una característica notable de las obras juveniles es su capacidad para subvertir las limitaciones impuestas a las jóvenes, en especial en el campo de la educación (Alexander, 2015: xxix). La forma de burla que Austen emplea para hacerlo es la parodia, con la que menoscaba las formas literarias serias al imitarlas con un asunto cómicamente inapropiado (Alexander, 2015: xxix).

Sutherland y Johnson opinan que, a diferencia de Fielding y Defoe antes y Brontë y Hardy después, los protagonistas de las novelas de Austen no son transgresores o rebeldes, pues rompen las reglas sociales de manera sutil (Sutherland y Johnston, 20017: xii). Sus historias transcurren en el mundo de la realidad probable y de las vidas comunes, la fantasía y la ficción están bajo control (Sutherland y Johnston, 20017: xii). Con esa base, la lectura de las obras juveniles es una revelación (Sutherland y Johnston, 20017: xiii).

En las obras juveniles de Jane Austen vemos una diversión pura, la ridiculización de las debilidades humanas, su parodia de los absurdos del romance y la narrativa sentimental, sus decisiones respecto a la elección de palabras e incidentes, su actitud cambiante hacia los personajes y el estilo, su fascinación por los juegos de palabras y los significados ocultos (Alexander, 2015: ix).

Si en las novelas hay contención, no así en las obras juveniles, que son salvajes, revoltosas, repletas de exageración extravagante, bromas exuberantes, insensateces y sin sentidos, bufonerías y humor anárquico (McMaster, 1989: 145).

Libros de ensayos sobre las obras juveniles de Austen

Libros de ensayos sobre las obras juveniles de Jane Austen

De acuerdo con Sabor, podría haber otra interpretación, ver a las novelas como posfacios suavizados de las obras tempranas, y no a éstas como precursoras de las novelas (Sabor, 2006: lvi).

Es muy llamativo que pese a ser una ávida lectora de novelas, la jovencita haya comenzado su carrera como escritora precisamente burlándose del género, pero, como señala Alexander, no hay que confundir que la burla y la parodia significasen una desaprobación de la novela como forma, al contrario, Austen la defendía (Alexander, 2015: xxxv) y consideraba que podía mejorarse.

Parece que Austen desde temprano se dio cuenta de que la novela era un catalizador que generaba y diseminaba el conocimiento de la naturaleza humana hacia una audiencia dispuesta (Alexander, 2015: xxxv); de esa manera, posiblemente la consideraba como un esfuerzo pedagógico y poco a poco, logró que lo fuera, sin hacerlo evidente.

De esta manera, la propuesta de la joven escritora es aprender de la novela sentimental de forma indirecta, y con ello entrar al debate educativo, al utilizar el ridículo y la ironía para ilustrar los lectores (Alexander, 2015: xxxv-xxxvi).

Mudrick explica que la escritora comenzó a descubrir que, mediante la ironía, la escritora descubrió que podía mantener la distancia y divertir a su audiencia con una risa sin compromisos, a la vez que afilar y exponer todas las incongruencias entre la forma y los hechos, todas las delusiones intrínsecas al arte y la sociedad convencionales (1968: 1), así que el blanco claro eran los libros y los lectores (1968: 4). Se ridiculizan los excesos sentimentales y las irrealidades sensacionalistas de la ficción popular en boga, la novela de sensibilidad y la novela gótica (Halperin, 1989: 29).

No por nada, la narrativa de la segunda mitad de siglo XVIII la dominaban, por un lado, Richardson y, Sterne, con elementos moralistas, además de la novela picaresca de Fielding y Smollet; pero también la novela lacrimosa, formada de sentimiento, moralidad, modales, instrucción, sensibilidad y aventura (Mudrick, 1968: 5).

Además de la literatura, John Halperin señala otro factor que pudo haber influido en el sabor peculiar de las obras juveniles: que Austen vivió durante la era de la caricatura, cuando los grabados de William Hogarth (1697-1764), James Gilray (1756-1815) y Thomas Rowlandson (1756-1827) ofrecían retorcidas y grotescas distorsiones del marco humano (Halperin, 1989: 30).

En opinión de Edward Copland, la gran broma de las obras juveniles es la afinidad paradójica de la literatura sentimental y el consumismo (1989: 155). Es más, Austen reconoce su voraz apetito por las novelas populares y se ríe de sí misma por darse gusto en escribir galimatías en ese estilo (Alexander, 2015: xxxii). Jan Fergus la considera como una doble visión: la habilidad de reírse ante sus propios prejuicios y mantenerlos al mismo tiempo (Alexander, 2015: xxxii).

La educación femenina y la experiencia lectora

Dos temas que se encuentran profundamente entretejidos en las obras juveniles de Austen son la crítica a la educación femenina de su época y su vasta experiencia como lectora, en especial de novelas.

La educación femenina fue uno de los principales temas de discusión durante la infancia y juventud de Austen. La racionalidad y el individualismo eran prerrogativas masculinas, mientras que se educaba a las mujeres para ser esposas y madres, no pensadoras (Alexander, 2015: xxxvi). Los autores de libros de conducta como John Gregory, James Fordyce, Hester Chapone y Hannah More concordaban en limitar el alcance de los intereses intelectuales de las jóvenes (Alexander, 2015: xxxvi); esta última, “como preceptora de las hijas de la clase media en ascenso, buscaba extinguir las llamas del feminismo” (Alexander, 2015: xxxvii).

De igual manera, se consideraba dañina a la novela por su popularidad y porque apelaba al gusto de las mujeres.

En cambio, los de pensamiento liberal alentaban una enseñanza más racional, aunque no estructurada para sus hijas, para que tuvieran una mente más fuerte y tomaran decisiones sensatas (Alexander, 2015: xxxvi) y, en el caso de los Austen, los padres de la escritora parece que fueron notablemente ilustrados respecto a las lecturas de sus hijos, en particular las hijas, al carecer tanto del prejuicio respecto al género más “débil” —en general considerado, no apto para libros de filosofía e historia—, como del prejuicio evangélico moralista contra las novelas para jovencitas (Alexander, 2015: xxii). De hecho, como lo reconoció Austen en una de sus cartas, en su familia eran grandes lectores de novelas y orgullosos de serlo [citar carta]

También con las novelas sentimentales se construyó un prototipo de heroína e ideal femenino que llegaría a su apogeo algunas décadas más tarde, en la era victoriana, pues se representa la mente y el cuerpo femeninos como débiles inherentemente, tendientes a desmayos, y, con ello, supuestamente la mujer resultaba más pura y atractiva para el sexo opuesto (Alexander, 2015: xxxvi). Esto contrasta con la fortaleza física de los personajes femeninos, en especial las protagonistas, de las obras juveniles de Austen.

En resumen, en las obras juveniles se asoma una Jane Austen que sorprende a los lectores que solamente se han acercado las seis novelas o las han leído meramente como novelas «románticas» poco sospecharían. Su humor y estilo característicos ya están presentes, aunque quizá desbordados y resulta más abiertamente rebelde y subversiva de lo que podríamos suponer, algo que también se deja ver en algunas de sus cartas, en especial para su hermana Cassandra.

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