Lady Susan

Lady Susan, una novela corta (novella es el término en inglés, aunque de origen italiano) en forma epistolar, es una de las obras más singulares de Jane Austen, tanto por su forma narrativa como por su tema, su protagonista y su fecha de creación. Aunque Austen no le asignó el título, sin duda resulta bastante idóneo por la manera en que la protagonista domina la trama. No solamente es la remitente de la mayoría de las cartas (16 de 41 cartas), sino también asunto principal de las demás misivas, provenientes de otros seis personajes. De manera que, si a algunos lectores Emma Woodhouse puede parecerles excesiva, Lady Susan Vernon resulta todavía más controvertida, pues se trata de una villana, una antiheroína. Esto no es una gran revelación, dado que desde las primeras cartas se deja en claro el carácter del personaje.

"I was never so enraged before" - Ilustración de Philip Gough para la edición de McDonald

«I was never so enraged before» – Ilustración de Philip Gough para la edición de McDonald

Estado del manuscrito, publicación y posesión

No se sabe cuándo la escribió Austen, pues no aparece ninguna referencia a esta obra en toda la correspondencia que sobrevive de ella (Todd y Bree, 2008: xlvii) y el manuscrito se trata de una copia en limpio con muy pocas correcciones, apenas 12 según apunta Mary Gather Marshall (1989: 111), en una caligrafía bastante clara hecha con tinta ferrogálica.

El manuscrito lo conforman 80 hojas en tamaño cuarto (18.8 cm x 15.5 cm), aunque la primera hoja se había quedado en blanco, así que las cartas se distribuyen en 79 hojas. La marca de agua en las hojas 44 y 55 muestra un león dentro de un óvalo coronado y una contramarca que dice “SHARP – 1805” (Marshall, 1989: 119), que resulta el único dato para tratar de fechar el manuscrito.

No se sabe exactamente si la escritora había cosido las hojas como cuadernillo, como lo hizo con los manuscritos de Los Watson y Sanditon, o estaba en cuaderno como las obras juveniles, porque aparentemente entre 1871 y 1898, la compañía de Robert Riviére & Sons se encargó de cortar las hojas al tamaño cuarto para encuadernarlas en cuero marroquí anaranjado y filos dorados, tal como ahora se conserva.

Desde la primera hoja, la propia Jane Austen folió las páginas, pero cometió un error, aparentemente al pasar hojas se le quedaron pegadas dos, pues dejó en blanco el reverso de la página 153 y el anverso de la 154, que posiblemente al encuadernarlas, las pegaron para que parecieran una sola hoja.

En la primera página que se había quedado en blanco, aparecen dos etiquetas con otras dos caligrafías. Una posiblemente de Cassandra Austen donde dice “Para Lady Knatchbull”, nombre de casada de su sobrina Fanny Knight, quien heredó el manuscrito a la muerte de aquélla. La segunda, más abajo, también en esa página en blanco se indica “Manuscrito original de Lady Susan de Jane Austen”.

Detalle de la carátula del manuscrito de Lady Susan

Detalle de la carátula del manuscrito de Lady Susan

Aparentemente, tras heredar el manuscrito, Lady Knatchbull tuvo la intención de publicar la obra, pero sus primos, los hijos de James Austen, inicialmente la desalentaron (Todd y Bree, 2008: xxxvi). Cabe mencionar además que, aunque Jane Austen no le asignó el título, parece que en la familia ya conocían la obra como Lady Susan, pues Anna Austen Lefroy se refiere a ella con ese nombre en una carta de 1869 a su [medio]hermano James Edward, poco antes de la publicación de los Recuerdos de Jane Austen en ese año (Todd y Bree, 2008: xlviii).

Muchos alabaron la reticencia a publicar esos otros manuscritos de Austen, pero parte de la crítica estaba interesada en conocer el proceso creativo de la escritora, como Edith Simcox, feminista y periodista en The Academy (Todd y Bree, 2008: xxxviii-xxxix). Sin embargo, la presión fue tal que, en 1871, para la segunda edición de esa biografía, Austen-Leigh añadió como anexos tanto “Lady Susan” como “Los Watson”, con lo que finalmente salieron ambas a la luz pública. De hecho, la editorial de Richard Bentley, por equivocación o muy astutamente para incrementar las ventas, incluyó Lady Susan como título en el lomo de esa segunda edición de los Recuerdos… (176).

No obstante, para esa edición, el texto no se basó en el manuscrito original sino en una copia inexacta, pues, aunque dio la autorización para publicar la obra, Fanny dijo haberlo perdido. Cabe preguntarse si en realidad se negó a prestar el manuscrito porque primero sus primos habían rechazado la idea de publicarlo, para después cambiar de opinión. Lo cierto es que, como con Los Watson, se observan las rivalidades entre las distintas ramas de la familia Austen tanto para beneficiarse económicamente, como para controlar la imagen pública de su ilustre tía. Tras la muerte de Fanny, su hijo, Edward Knatbull-Huguessen, primer barón Bradbourne, encontró el manuscrito (Todd y Bree, 2008: nota xl).

Como apunta Kathryn Sutherland en el sitio de Jane Austen’s Literary Manuscripts, lord Bradbourne conservó intacto el manuscrito por unos años. Pero, en una carta dirigida a un librero no identificado fechada el 16 de enero de 1891, Bradbourne manifiestó su intención de venderlo y quizá con ese motivo encargó su encuadernación a Riviére & Sons. Dicha carta también se pegó a una hoja adicional en el empastado que tiene a la fecha. Sin embargo, el barón falleció antes de concluir cualquier transacción.

Cubierta del manuscrito encuadernado de Lady Susan

Cubierta del manuscrito encuadernado de Lady Susan

Así, tras su muerte, el manuscrito de Lady Susan se subastó por primera vez como parte de su biblioteca el 28 de junio de 1893 en Puttick & Simpson, como el lote 957. Cinco años más tarde, el 17 de diciembre de 1898, volvió a aparecer en la subasta a cargo de Sotheby’s. Ahí lo compró Elliston por £22 y luego reapareció en el catálogo de un librero anticuario en 1900 por £100 (Marshall, 1989: 119). Al iniciar el siglo XX, Archibald Primrose, el quinto conde de Rosebery, quien fuera brevemente primer ministro británico entre 1894 y 1895, se lo compró a la librería anticuaria J. Pearson and Company por £90, y lo conservó en su biblioteca.

En 1925, cuando el manuscrito se encontraba todavía en posesión lord Rosebery, R[obert] W[illiam] Chapman, considerado el primer gran experto en Austen, lo revisó para preparar una nueva edición de la obra, y al cotejar el texto descubrió las 12 correcciones que contiene el manuscrito y numerosos errores en la edición de 1871 (Marshall, 1989: 119). Entre esos errores iniciales, por ejemplo, el lugar de residencia de Charles Vernon aparece como Churchhill (doble h) en la impresión de los Recuerdos…, pero en el manuscrito es Churchill (una sola h) y el apellido Manwaring, como lo escribió Austen, aparece como Mainwaring (una i adicional). Eso significa que cualquier edición donde aparezcan esos dos errores de deletreo se basa en la edición de 1871 y no en el manuscrito original.

Detalle de las páginas 1 y 3 del manuscrito de Lady Susan donde se observa como se deletrean Churchill y Manwaring

Detalle de las páginas 1 y 3 del manuscrito de Lady Susan donde se observa como se deletrean Churchill y Manwaring

Cuatro años después de la muerte del conde de Rosebery, el contenido de su biblioteca se subastó en Sotheby’s, y Lady Susan apareció como el lote 268 de la misma, el 26 de junio de 1933. En esa ocasión, el manuscrito lo compró Walter M. Hill, librero de Chicago por £2,100. Finalmente, en diciembre de 1947, Belle da Costa Green, directora de la Biblioteca Pierpont Morgan de Nueva York —donde ya tenían varias de las cartas de Austen pues, J.P. Morgan Jr. fue un ávido Janeite—, adquirió el manuscrito a través del librero James F. Drake, por $6,750 (Sutherland señala que fue un precio relativamente más bajo, pues la conversión de £2,100 que pagó Hill en 1933, equivalía a $8,812 en 1947). Desde entonces forma parte del acervo de esa biblioteca y museo.

De noviembre de 2009 a marzo de 2010, el manuscrito de Lady Susan fue una de las principales piezas de la exhibición temporal A Woman’s Wit: Jane Austen’s Life and Legacy de la Biblioteca y Museo Morgan.

Recepción inicial

Tal como Austen-Leigh temía, la recepción inicial de Lady Susan fue controvertida. Hubo quienes la consideraron indecorosa, más inspirada en la obra de Henry Fielding que en la de Samuel Richardson. En The Atheneum opinaron que la forma epistolar dificulta variar el estilo de la heroína “simplemente odiosa” y desagradable la rivalidad entre madre e hija” (Todd y Bree, 2008: lv).

Eliza Quincy en The Nation (Nueva York) la calificó como “por completo desagradable en personajes y detalles y sin nada de la habilidad que era el don de la señorita Austen” (Todd y Bree, 2008: lv). Richard Brimley-Johnson opinó que probablemente la señorita Austen se hubiera rehusado a publicar un retrato tan frío, sobre todo de una mujer y una madre” (Todd y Bree, 2008: lv).

Entre las reseñas más favorables se encuentran la del Times, donde Edith Simcox la consideró como un estudio más original y con cincuenta años de antelación a cuando las heroínas peligrosas estuvieron en boga —quizá en referencia a El secreto de Lady Audley (1862) de Mary Elizabeth Braddock—, al ser una heroína, una mujer inteligente y atractiva, demasiado sensata para asesinar a alguien y sin probabilidad de llegar al Tribunal de Divorcios, pero completamente sin principios (Todd y Bree, 2008: lvi).

R. H. Hutton, editor de The Spectator, ofreció una crítica detallada. La describe como un fracaso, pero por razones muy distintas a las de sus contemporáneos, mostró una fascinación por una heroína “tan felina, de garras de terciopelo, cruel, falsa y libertina” y atribuye el fracaso a “una ejecución narrativa demasiado anodina y apiñada, la escritora reconocía la profundidad de la malicia de su protagonista, pero Austen carecía del nervio o la inclinación para hacer que se viera por completo». También la elección de la forma en epistolar fue detrimento, pues se rindió al poder dramático de ligar el diálogo que era la vida misma de su genio y falló en proporcionar la descripción de las relaciones de Lady Susan con su hija y admiradores en otro lenguaje que el suyo. La joven e inexperimentada autora cometió (Todd y Bree, 2008: lvi) el doble error de elegir un tema que requería un estilo más osado que el suyo y se encadenó en su tratamiento con un método que le robaba a su estilo su mayor gracia y poder (Todd y Bree, 2008: lvii).

Como apunta Hugh McKellar, para 1871, muchos lectores victorianos conocían a Becky Sharp (1989: 206), la protagonista de La feria de las vanidades (1847) de William Makepeace Thackeray, así que no deberían haberse sorprendido con la aparición de un personaje como Lady Susan Vernon. No obstante, la familia Austen trató de justificar la creación del personaje con la suposición de que la escritora todavía no había superado las cosas infantiles (McKellar, 1989: 206).

En el obituario para el Quarterly Review, Reginald Farrer detectó más mérito en la inmadurez “la frialdad desagradable” de la protagonista en la exageración juvenil de ese juicio irreconciliable que es la columna vertebral del poder de Jane Austen (Todd y Bree, 2008: lvii).

Forma narrativa y fecha de creación

Resulta un tanto problemático tratar de establecer la fecha de creación de Lady Susan. En el “Prefacio” a Lady Susan que aparece en esa segunda edición de los Recuerdos de Jane Austen, James Edward Austen-Leigh declara no saber cuándo redactó su tía la obra, pero la familia la consideraba una “producción temprana… un experimento para conducir una historia por medio de cartas” (1871: 201).

Basado solamente en el sello de agua que aparece en las hojas, Chapman se manifestó en desacuerdo y afirmó que databa de 1805 (Todd y Bree, 2008: xlviii), pero los argumentos en contra de esa suposición son muchos. La mayoría de los académicos tiende a concordar con Austen-Leigh y considerarla posterior a las obras juveniles, pero anterior a las seis novelas.

En primer lugar, se trata de una copia en limpio, no un borrador, por lo que el sello de agua solamente puede servir como referencia de cuándo se transcribió, no de su creación. Southam calcula que debió escribirla entre 1793 y 1800 (2001: 45). Deirdre Le Faye la considera como el primer intento serio de Austen como novelista tras las obras juveniles, y lo ata como respuesta al escritorio portátil que le regaló su padre en diciembre de 1794 (1989: 89). John Halperin dice que pertenece a 1793-1794 y, por lo tanto, a las obras juveniles (1989: 40).

Ilustración de Jacqui Oakley para la edición de Lady Susan de The Complete Novels of Jane Austen (2012)

Ilustración de Jacqui Oakley para la edición de Lady Susan en The Complete Novels of Jane Austen (2012)

Para Mary Gather Marshall, Lady Susan es un puente entre las obras juveniles y las novelas, el único manuscrito del período en que escribió las primeras versiones de La abadía de Northanger, Sensatez y sentimientos y Orgullo y prejuicio, demuestra el desarrollo de sus escritos (1989: 111).

Janet Todd y Linda Bree consideran que, si Austen acostumbraba a usar papel de entre 2 o 5 años de fabricado, posiblemente hizo la transcripción en limpio de Lady Susan durante sus años de residencia en Southampton (2008: xlvii). También opinan que probablemente hizo esa copia para leerla entre el círculo de amigos y familiares y sin intención de publicarla (2008: xxxii). McKellar considera que la obra es demasiado corta para publicarse en un solo volumen y demasiado larga para aparecer en una revista (1989: 206). Jan Fergus presenta como referencia Leonora (1806) de Maria Edgeworth, como la motivación para que Austen transcribiera en limpio su novela corta (Todd y Bree, 2008: xlviii).

No todos los académicos concuerdan con que Lady Susan sea una obra de finales del siglo XVIII. Marilyn Butler, por ejemplo, la considera como una obra de Chawton, por influencia de la satírica Maneuvering (1809), novela también de Edgeworth (Todd y Bree, 2008: xlix). Asimismo, nota ciertas semejanzas con Lady Olivia, la antiheroína de la anteriormente mencionada Leonora, pero Austen evita el didactismo de Edgeworth para darle a su novela corta el tono de una comedia negra (Todd y Bree, 2008: xlix).

Otro factor que tiende a situar la redacción de esta novela a finales de siglo XVIII es su forma epistolar, que estuvo en boga a lo largo de ese siglo y precisamente comenzó a caer en desuso en aquella época y resultó extraña para los victorianos.

Si bien, muchas de las obras juveniles de Austen también están escritas como cartas y se supone que también escribió así Primeras impresiones (la primera versión de Orgullo y prejuicio), como apunta Hugh McKellar, en Lady Susan Austen evita la exageración que distingue o domina a aquéllas (1989: 205) y tampoco tiene el estilo paródico y burlón que las caracteriza, así que posiblemente es posterior a éstas.

Brian Southam asocia a Lady Susan con el fracaso para continuar la narrativa en tercera persona de “Catharine” (2001: 46), por ende, Austen retrocedió de nuevo a la forma epistolar. De igual manera, en opinión de Walton Litz, Lady Susan es un «retroceso al más conocido mundo de la sátira y la comedia del siglo XVIII… [pero] sólo de la experiencia literaria de Jane Austen y no del mundo de la década de 1790, que conocía tan bien… su estructura epistolar marca un retroceso al terreno más seguro, a salvo y familiar» (1989: 5).

Para Deborah Kaplan, no es una desilusión con la forma narrativa, sino una representación de la correspondencia femenina como reversión del poder en que las redes femeninas generaron versiones autoritarias de sí mismas (Todd y Bree, 2008: lxiii). Lejos de alejarse de la forma epistolar, Austen experimenta con la forma en las versiones de Primeras impresiones y Elinor y Marianne (Todd y Bree, 2008: lxiii). Pero comenzó a sentir ambigüedad respecto al atractivo que ese acceso sin mediación al discurso femenino y su reto a las convenciones literarias y sociales patriarcales (Todd y Bree, 2008: lxiii).

Por su parte, ya en el siglo XIX, R.H. Hutton opinó que el alejamiento de la narrativa epistolar, que consiste en apenas reporte de acontecimientos, aunque sea muy realista, se debe a que entra en desventaja, por el acceso limitado que tiene a la representación dramática de escenas públicas, que en cambio Austen maneja tan bien en las novelas gracias a la voz narradora sutilmente directiva. Así que ese cambio era necesario como parte de la evolución de la escritora (Todd y Bree, 2008: lxiii).

Pese a editar la obra, Chapman consideró que Lady Susan resultaba inconvincente y sus personajes no suficientemente individualizados (Todd y Bree, 2008: lvii), así que formó parte del coro de voces detractoras.

En cambio, Rachel Brownstein comenta que una de las cosas que más disfruta de Lady Susan es el cambio de voz en las cartas, primero la Lady Susan que habla bien y con tersura; luego, su verdadera voz en las cartas a la señora Johnson, y son voces que provienen de una mujer (Schwartz, 1989: 236).

McKellar opina que la forma epistolar funciona muy bien en esta novela (1989: 209), al mostrar las fortalezas de esta forma narrativa, pues cada carta tiene un propósito, informar lo que quiere o necesita el receptor. Hay economía, porque no se pierde el tiempo creando la relación, los personajes pueden escribir lo que piensan y se proponen. No hay que incluir información de que el receptor no tenga ya [que necesite el lector] (1989: 208).

Laurie Kaplan considera que, aunque Jane Austen trabaja con la forma neoclásica de las cartas, en Lady Susan, experimenta con el contenido (una villana que cuenta su propia historia), así que no hay mejor manera de descubrir la verdad que escucharla de la historiadora misma (1989: 80).

Regina Barreca se pregunta cómo reaccionaríamos si no tuviéramos las cartas de Lady Susan, si no escucháramos su voz interna y enterarnos de lo malvada que es, si [la veríamos] como Reginald de Courcy (Schwartz, 1989: 232).

Jane Austen parece haber puesto mucha atención en la frecuencia y contenido de las cartas para dar verosimilitud a la trama, al punto en que se ha podido diseñar un calendario de los acontecimientos como con las demás novelas, como el que propone Ellen Moody.

Otra cuestión de debate en cuanto a la fecha de creación es la “Conclusión”, narrada en tercera persona. Mary Lascelles cree que Austen la añadió posteriormente a la redacción epistolar original (Todd y Bree, 2008: lxii). Southam también atribuye la conclusión apresurada a una revisión como admisión a que para entonces ya no podía continuar con la forma epistolar (Todd y Bree, 2008: l). Aunque, Todd y Bree señalan que muchas de las novelas epistolares tenían ese tipo de final (2008: l).

Como sea, Lady Susan no es una obra inconclusa como sí lo son varias de las obras juveniles, y también Los Watson y Sanditon. De hecho, la “Conclusión” evoca un poco al capítulo final de La abadía de Northanger, Sense & Sensibility o Mansfield Park, donde la voz narradora rápidamente ata los cabos sueltos para contarnos qué sucede con los distintos personajes.

Una protagonista controvertida

Se ha insistido en que el principal problema de una obra como Lady Susan es quizá su protagonista. John Halperin considera que es una de las creaciones más desagradables: vanidosa, codiciosa, desalmada, cínica, deshonesta, que domina esta historia oscura (1989: 40).

Detalle de la ilustración de Lady Susan creada por Simona Bursi para la edición de The Usborne Complete Jane Austen

Detalle de la ilustración de Lady Susan creada por Simona Bursi para la edición de The Usborne Complete Jane Austen

Mary Fouret indica que Lady Susan comienza y termina con una aristócrata, firmemente asentada en el orden social de la riqueza y la nobleza, una viuda y madre y, como tal, tiene autoridad social (Todd y Bree, 2008: lviii-lix).

Debemos entender muy bien el rango social de este personaje. El título de lady que acompaña al nombre de la protagonista es un indicio de que por lo menos es hija de un conde (si no es que de un noble de mayor rango: marqués o duque), aunque incluso los mismos británicos en este siglo XXI y el anterior no alcanzan a comprender la diferencia, pues solamente en esos casos va aparejado al nombre de pila, porque se trata de un título de cortesía que procede del progenitor. Cuando el título procede del cónyuge, lo acompaña el apellido o título nobiliario, no el nombre de pila. Para una mejor comprensión de los títulos británicos, la mejor referencia es el sitio de Laura Wallace (https://www.chinet.com/~laura/html/titles01.html)

Así, en el universo Austen tenemos a la viuda Lady Darlymple (esposa de vizconde), la viuda Lady Osborne (esposa de barón), Lady Bertram, Lady Middleton y la difunta Lady Elliot (esposas de baronets) y a Lady Russell y Lady Lucas (esposas de knights —caballeros—). En cambio, Lady Catherine de Bourgh y Lady Anne Darcy eran hijas de un conde, casadas con el difunto Sir Lewis y el difunto señor Darcy respectivamente, y lo mismo debemos suponer de Lady Susan Vernon, viuda del señor Frederic Vernon. Con ese origen social, no debe sorprender entonces lo imperiosa y la sensación de derecho y superioridad que tiene la protagonista, casi al igual que su par, Lady Catherine, y su ambición.

Marvin Mudrick se encuentra entre los defensores de Lady Susan, pues la considera una víctima, una mujer hermosa la que debe desperdiciar su arte en la falsedad, un personaje con un doble objetivo: la total autocomplacencia y la aprobación social. El mundo la condena no porque reconozca los defectos que ella posee, sino porque sus virtudes no tienen cabida en él (Todd y Bree, 2008: lviii).

De igual manera, Le Roy W. Smith plantea la cultura patriarcal discrimina y controla a la heroína que, al rechazar dependencia, mantiene su autoestima con una búsqueda compensatoria del poder que toma la forma de imitación del macho dominante (Todd y Bree, 2008: lviii). Casi en la misma línea, Laura Fairchild Brodie afirma que no es el estatus lo que le otorga poder, pues es una viuda sin hogar ni fortuna, su autopromoción surge como una estrategia de supervivencia para cautivar a una sociedad que de otra manera la considera superflua (Todd y Bree, 2008: lix).

De manera similar, William H. Galperin también parece tener una visión positiva de Lady Susan, pues el matrimonio es una conspiración que busca enmudecer, invisibilizar a las mujeres, cuya única participación es servir a los intereses terratenientes y patriarcales en los que son subordinadas y vulnerables (Todd y Bree, 2008: lviii).

Sin embargo, ese tipo de lecturas feministas de la obra parecen olvidar detalles que Austen ofrece en el texto, pues, como bien apunta McKellar, según podemos atar de la información en la novela, la propia Lady Susan provocó sus problemas financieros (1989: 209), no es una víctima que el sistema patriarcal deja desprotegida tras la muerte de su marido, como ha tendido a ser una interpretación en el último medio siglo.

Barbara Horwitz señala que, en aspecto físico, Lady Susan es “perfecta, pero carece de valores morales y fue mala esposa… una manipuladora que ejerce su poder sobre los hombres”. No obstante, también la califica como un logro, principalmente por ser un personaje tan cautivante, cuya “efectividad no se basa en su belleza y encanto, sino en su artería” (1989: 181). “Su artificio, como el de su creadora, involucra principalmente el lenguaje… escribe aforismos, una voz típicamente austeniana” (Horwitz, 1989: 181). Opina que no odiamos a Lady Susan porque admiramos el arte de Jane Austen con el lenguaje, aunque revela la hipocresía de la época (Horwitz, 1989: 189).

Beatrice Anderson considera la posibilidad de que Lady Susan sea una psicópata o una sociópata. Examina las características de ambos tipos y encuentra varias que encajan con el personaje (1989: 193-195). Así, señala que Lady Susan finge creencias, sentimientos o virtudes que no posee, se comporta falsamente y con insinceridad, inventa justificaciones a su conducta y se nota su falta de ansiedad o preocupación (Anderson, 1989: 195), además no muestra remordimiento ni arrepentimiento, es egoísta y egocéntrica, reacciona contra todo lo que no la beneficia directamente, además que es sensible sólo a sus propios sentimientos, casi es incapaz de amar (Anderson, 1989: 198). 196). Además, no se autoengaña, pero culpa a los demás de sus problemas (Anderson, 1989: 200). Para lograr sus fines, se comporta sin importarle los demás, con cruel astucia, sangre fría, toda una manipuladora (Anderson, 1989: 202).

Si esto no fuera suficiente, el peor cargo contra de Lady Susan es ser una mala madre. De hecho, Sandra M. Gilbert y Susan Guber opinan que Lady Susan pertenece a una serie de madres poderosas y enérgicas en el canon de Austen, que buscan destruir a sus hijos dóciles (Todd y Bree, 2008: lx). Horwitz apunta a las madres como un asunto de interés en la obra de Austen, siendo Lady Susan malvada por completo y a propósito (1989: 182).

Aceptando la idea de que Jane Austen escribió Lady Susan hacia 1794, Jan Fergus se pregunta cómo pudo escribir una joven de 19 años una obra y un personaje así (Schwartz, 1989: 239).

Fuentes de inspiración (literarias e históricas)

Todd y Bree comentan que la historia de una mujer artera y taimada de la alta sociedad tiene muchos antecedentes en la literatura inglesa y francesa, pero no hay nada como Lady Susan en la narrativa previa ni posterior de Austen que nos prepare para su animado efecto amoral (2008: xxxiii).

Una influencia literaria que suele mencionarse con frecuencia Les Liaisons dangereuses (1782) de Chanderlos de Laclos, que apareció en inglés en 1784 con el título de Dangerous connections. Frank Braddock señala las semejanzas de la forma epistolar, la función de las cartas en la trama y la reversión a la forma narrativa en la conclusión (Todd y Bree, 2008: liii-liv).

Ilustración de Charles Monnet para la carta X de la edición de 1796 de Les Liaisons dangereuses de Pierre Choderlos de Laclos

Ilustración de Charles Monnet para la carta X de la edición de 1796 de Les Liaisons dangereuses de Pierre Choderlos de Laclos. Fuente: Wikimedia Commons.

Roger Gard rechaza esa comparación, pues Lady Susan carece de la inquietud radical y la voluptuosidad concomitante de la novela francesa, pues la de Austen es una obra mucho más ligera, considera que incluso Lady Susan rehuiría a las intrigas de Madame de Merteuil, ni tampoco ahonda en las preocupaciones sobre la constitución de la sociedad, que también hizo tan subversiva a esta obra francesa. (Todd y Bree, 2008: liv).

La viuda inescrupulosa también aparece en el teatro de la Restauración, aunque no como personaje central, como sí en las novelas de Aphra Behn, Delariver Manley y Eliza Haywood. En The New Atlantis, de Manley, aparece una chica ingenua en lucha contra la intrigante mujer mayor, que además es su propia madre (Todd y Bree, 2008: liv). La lucha entre ciudad y la campiña también es parte de las convenciones del teatro de la Restauración (Todd y Bree, 2008: liv).

Otros antecedentes son Lady Bellastan en Tom Jones de Henry Fielding (Todd y Bree, 2008: liv).; Mrs. Gerard en The Memoirs of Miss Sidney Bidulph (1761) de Frances Sheridan; así como las novelas de Sussanah Gunning: The Histories of Lady Frances S y Lady Caroline S (1763), Coombe Wood: A Novel in a Series of Letters (1783), Memoirs of Mary: A Novel (1794); así como Emily Hebert or Perfidy Punished (1786), novela atribuida a Elizabeth Inchbald (Todd y Bree, 2008: lv).

Horwitz también señala que otra fuente de inspiración para Jane Austen son los libros de educación femenina, cuyo principal objetivo era crear buenas madres (1989: 181), en cambio, para Austen el objetivo de la educación femenina debería ser el autoconocimiento (1989: 182).

Varias de esas obras eran manuales con consejos en forma de cartas, además de novelas pedagógicas. Horwitz observa que el lenguaje que Lady Susan emplea con sus adversarios proviene de los libros de conducta populares en los siglos XVIII y XIX, influidos por las teorías educativas de John Locke y las enseñanzas morales de los escritores evangélicos (1989: 181). Así, podemos contar como fuentes de inspiración el Ensayo sobre el entendimiento humano (1690) y los Pensamientos sobre la educación (1693) de Locke, La educación de las niñas: Tratado pedagógico (1687) de Fénelon (Horwitz, 1989: 182); además de las obras de autores como Sarah Fielding, John Gregory, Richard y Maria Edgeworth, Madame de Genlis, Hannah More, Clara Reeve, Jane West y Mary Wollstonecraft, quien entre todos esos escritores es la única no conservadora ni ortodoxa (Horwitz, 1989: 182).

A diferencia de las obras juveniles, donde Austen efectivamente hace parodia de los libros de conducta femenina, en Lady Susan, la gran ironía es que el personaje parafrasea sobre el deber de las madres, aparenta comportarse como recomiendan esos libros de educación y emplea el lenguaje que hay en aquellos para justificar su conducta y maltratar a su hija (Horwitz, 1989: 183-184), a quien califica de consentida y le exige obediencia filial (Horwitz, 1989: 185). Como otros villanos insinceros, pero encantadores, parece un ser humano estimable a los ojos de los personajes masculinos, a los que llega a convencer, en cambio el lector nunca le cree (Hotwitz, 1989: 184). Horwitz concluye que no odiamos a Lady Susan porque admiramos el arte de Jane Austen con el lenguaje, aunque revela la hipocresía de la época (1989: 189). Rachel Brownstein parece coincidir en parte con esta opinión, pues afirma que encontramos cierto placer en la elocuencia de Lady Susan, como también nos sucede con el señor Bennet (Schwartz, 1989: 230).

Las generaciones Austen posteriores no parecen haber tenido todos estos antecedentes literarios y en cambio buscaron justificar la creación de un personaje como Lady Susan como parte de un estudio inspirado en la vida real.

Mary Augusta Austen-Leigh relacionó la creación de Lady Susan con su tatarabuela, la señora Craven. Según los Austen-Leigh, Elizabeth Staples había sido una mujer de gran belleza e igual ambición; su matrimonio con Charles Craven no le había proporcionado toda la riqueza a la que aspiraba así que cuando su marido aún vivía, logró conquistar al terrateniente Jemmett Raymond, propietario de Barton Court en el poblado de Kintbury. Una vez muerto su primer marido, se casó con el Sr. Raymond, quien la hizo su heredera. Como madre tampoco era una mujer ejemplar, golpeaba a sus hijas, las encerraba como si fueran prisioneras y las dejaba sin comer; a su hijo John lo obligó a contraer matrimonio con la media hermana de Raymond, una mujer débil de intelecto, pero rica heredera también y probablemente también habría obligado a sus hijas a casarse con hombres acaudalados, de no ser porque escaparon de casa. Dos de ellas fueron bastante afortunadas para encontrar esposos de su misma clase social, Jane Craven se casó con el Rev. Fowle, vicario de Kintbury, mientras que Martha Craven con el Rev. Lloyd, las otras dos apenas con un granjero y un comerciante de caballos (Le Faye, 2004: 69). La idea es Jane Austen probablemente escuchó la historia de esta mujer por la amistad con las Lloyd y haya percibido el potencial para desarrollar en una obra.

La información sobre la Sra. Craven proviene de las Reminiscencias de Caroline Austen, pero ni ella ni su hermano James Edward vincularon a Lady Susan con su bisabuela Craven, fueron las generaciones posteriores las que lo hicieron (Stove, 2020: 127-128).

Eliza de Feuillide

Retrato en miniatura de Eliza de Feuillide (de nacimiento, Hanckock), artista francés desconocido, 1780.

Asimismo, se ha asociado a Eliza de Feuillide como otra probable fuente de inspiración para crear a Lady Susan, en especial debido a su coqueteo con James y Henry Austen. Elizabeth Hancock era la hija única de Tysoe Hancock y Philadelphia Austen, hermana del Sr. Austen. Elizabeth había nacido en la India y fue educada en Francia, con lo que era una sofisticada mujer de mundo, coqueta, que se había casado con un oficial francés que reclamaba el título de conde de Feuillide.

La historia de Eliza y su primo Henry comenzó en diciembre de 1786 cuando ella llegó de visita a Steventon y fue promotora y participante en las representaciones teatrales que organizaron los Austen durante las temporadas navideñas a finales de la década de 1780 y principios de la de 1790. Su naturaleza coqueta logró atraer la atención de los dos hermanos que entonces se encontraban en casa: James, el mayor, y Henry apenas un jovencito, quienes aparentemente rivalizaron en complacer a su sofisticada prima, y todo esto ante los ojos de la niña Jane, quien parece haber estado casi tan fascinada como sus hermanos, pero que posiblemente también percibía los efectos negativos que producía semejante competencia fraternal. En 1794, el conde de Feuillide murió guillotinado y Eliza se convirtió en una viuda dispuesta a disfrutar la libertad que ese estado civil proporcionaba a la mujer de la época. Aunque podía considerar varios partidos ventajosos social y financieramente para una segunda boda, en su correspondencia con su prima Philadelphia Walter parecía revelar un frecuente interés por su joven primo Henry.

Por su parte, la atracción de Henry hacia su prima fue bastante duradera. Aunque se le había destinado a convertirse en clérigo como su padre y su hermano mayor, sabía que no era una profesión que agradara a su prima, pues tras enviudar también James, aparentemente éste le propuso matrimonio a Eliza y ella lo rechazó por ese motivo. Además, el propio espíritu inquieto de Henry lo impulsaba a buscar una actividad mucho más llamativa por lo que una vez graduado de la universidad se unió a la milicia en lugar de ordenarse. Hacia 1795 estaba comprometido con Mary Pearson, pero a finales de 1796, ese compromiso quedó roto sin que se sepan los motivos. Sin embargo, probablemente durante esos años también seguía cortejando a Eliza. En la Navidad de 1797, contra todo pronóstico y para sorpresa de los Austen, Eliza y Henry se casaron. No existen cartas de Jane Austen de ese período que nos puedan indicar cuál fue su propia reacción a ese matrimonio, ni tampoco la impresión en general de toda la familia. Así que, cabe la posibilidad de que la noticia no complació mucho a todos, sería especular demasiado suponer que reaccionaron de manera semejante a la Sra. Vernon, Sir Reginald y Lady de Courcy.

En manos de Queenie Dorothy Leavis, la hipótesis de que la prima Eliza fue la fuente de inspiración para crear a Lady Susan evolucionó aún para considerar a Mansfield Park como una reescritura de Lady Susan (1941-1942), pues también se encuentran ciertas semejanzas entre algunos personajes de ambas obras, como serían Lady Susan y Mary Crawford.

Por si fuera poco, la correspondencia de Eliza con su prima Philadelphia Walter resulta un tanto evocadora, pues en tono y estilo, recuerdan un poco a las cartas de Lady Susan a su amiga, la señora Johnson, además que seguramente Eliza no podía reprimir por completo su personalidad en sus visitas a Steventon (Todd y Bree, 2008: li). Si Q.D. Leavis hubiera tenido acceso a esas cartas, seguramente habría encontrado más sustento a su hipótesis, pero también se debe considerar que Jane Austen nunca vio las cartas de sus primas Eliza y Philadelphia.

Brian Southam descarta la hipótesis de que Eliza sirviera como inspiración para crear a Lady Susan con el argumento de que el cortejo de Henry y Eliza transcurrió posteriormente a que Austen escribiera su novela corta (si se acepta 1794 como el año de redacción). Sin embargo, el interés de las partes involucradas tenía antecedentes desde 1786, por lo que Jon Spence especula que se tratase de una fantasía hecha realidad, la de una chica que observa y teme el influjo que ejerce su prima sexy sobre sus hermanos (Todd y Bree, 2008: liii).

Aunque no podemos afirmar que Austen haya copiado directamente de la vida real para crear su obra, tampoco podemos ignorar ciertas influencias en la creación de su arte.

Lady Susan en lengua española

Primera edición de Lady Susan en lengua española, de editorial Icaria en 1984, traducción de Marcelo Cohen y prólogo de Marta Pessarrodona

Primera edición de Lady Susan en lengua española, de editorial Icaria en 1984, traducción de Marcelo Cohen y prólogo de Marta Pessarrodona

Con más de 110 años de distancia entre su aparición inicial en inglés, Lady Susan fue la séptima de las obras de Jane Austen en llegar a la lengua española, pues en 1984, el afamado escritor argentino Marcelo Cohen la tradujo para la editorial Icaria en Barcelona con una breve introducción de Marta Pessarrodona. Significa que, en nuestra lengua, Lady Susan NO está libre de derechos, sino que estos pertenecen a sus distintos traductores.

Desde que se desató la austenmanía a finales del siglo XX, han aparecido muchas ediciones de Lady Susan, con la particularidad de que, por su brevedad, se ha traducido en más ocasiones que Mansfield Park y Emma, de las que si acaso existen una decena de traducciones legítimas de cada una.

Cubierta de la edición de Lady Susan de Nórdica Libros, en traducción de Carme Camps e ilustraciones de Javier Olivares

Cubierta de la edición de Lady Susan de Nórdica Libros, en traducción de Carme Camps e ilustraciones de Javier Olivares

Así, después de la de Cohen, en España aparecieron la traducción de Jorge Casellas Guitart (1998) para El Mundo; la de Marta Salís (2000) para Alba Editorial, la de Marta Lila Murillo (2012) para Es Pop Ediciones y más recientemente la de Cristina Zuil González (2021) para Edimat Libros. Sin embargo, sobresalen también dos traducciones, la de Rosa Poveda Valiente (2012) por ser una legítima traducción autopublicada y la de Carme Camps (2014) para Nórdica Libros, y que cuenta con las ilustraciones de Javier Olivares (aunque éstas no sean del gusto de algunos de nosotros).

En Argentina, Eduardo Berti (2007) la tradujo para La Compañía de los Libros, que luego retomó Páginas de Espuma; en 2017 aparecieron la de Teresa Arijón para Debolsillo Argentina (Penguin Random House) y la de Pablo Ingberg para la editorial Bärenhaus.

Además, se cuentan también las atribuidas a Roberto Mares (2012) en Editorial Tomo en México, que coincide con la traducción de Salís para Alba Editorial; la de Benjamin Briggent (2014) para Plutón Ediciones en España o la de María Cecilia Lozano (2020) en Del Fondo Editorial en Argentina, el texto es idéntico a la traducción de Casellas Guitart*. Además, hay otras ediciones en cuyos registros de ISBN no se acredita al traductor, como las de Gradifco y Ediciones Lea en Argentina y la de Edisur en Chile.

[* Gracias a Angélica Martínez por este dato sobre los textos de Plutón y Del Fondo Editorial.]

Edición de Lady Susan de editorial Debolsillo en Argentina, traducción de Teresa Arijón

Edición de Lady Susan de editorial Debolsillo en Argentina, traducción de Teresa Arijón

Edición de Lady Susan de la Colección Sepia de Es Pop Ediciones, con traducción de Marta Lila Murillo

Edición de Lady Susan de la Colección Sepia de Es Pop Ediciones, con traducción de Marta Lila Murillo

 

Lady Susan, edición argentina de editorial Bárenhaus, traducción y prólogo de Pablo Ingberg

Lady Susan, edición argentina de editorial Bárenhaus, traducción y prólogo de Pablo Ingberg

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