Emma

“Voy a elegir una heroína que sólo me gustará realmente a mí”Jane Austen respecto a Emma
Portada diseñada por Charles E. Brock para la edición de 1909 de Emma publicada por Dent & Co.

Portada diseñada por Charles E. Brock para la edición de 1909 de Emma publicada por Dent & Co.

Esto fue lo que, según James Edward Austen-Leigh en sus Recuerdos de Jane Austen, su tía dijo al comenzar a escribir Emma. Tal predicción no resulta del todo desacertada, pues aunque los lectores en general, cuando se enteran de esto, piensan primero en la protagonista de Mansfield Park, tampoco es que Emma Woodhouse, en el otro extremo del espectro de personalidad y posición social, sea tan popular.

Sin embargo, en los círculos académicos e intelectuales, desde hace casi un siglo se considera a esta novela como la gran obra maestra de Jane Austen, lo que sorprende al lector común que relaciona, antes que nada, a la escritora con Orgullo y prejuicio, pues le parece que en Emma no sucediera nada. Sin embargo, nada más engañoso, pues tanto la estructura, la narrativa y la elección de protagonista poseen cierta complejidad que escapa a la percepción inicial. En cierta manera, Emma es un experimento narrativo con el que Austen y exige una cuidadosa segunda lectura para poder apreciar lo que estaba haciendo.


Composición (redacción)

Emma es la cuarta novela que se publicó de Jane Austen, la quinta en orden de creación y la última que ella vería publicada. De acuerdo con el memorándum de Cassandra Austen, su hermana comenzó a escribir Emma el 21 de enero de 1814, unos meses después de que se publicaron las segundas ediciones de Sensatez y sentimientos y Orgullo y prejuicio (noviembre de 1813) y poco antes de que comenzara el proceso de publicación de Mansfield Park (marzo y abril de 1814). De manera que la escritora había adquirido bastante confianza respecto a su capacidad de éxito profesional; de hecho, podría decirse que al estar en la cumbre de sus habilidades, con Emma logró encontrar el equilibrio entre luces y sombras, luego de la deslumbrante brillantez de Orgullo y prejuicio y la temática depresiva y opresiva de Mansfield Park.

En cierta forma, las circunstancias también propiciaron que la escritora pusiera manos a la obra, pues el invierno de 1813-1814 fue uno de los más crudos en Inglaterra. Durante varias semanas, los habitantes quedaron casi, aislados en sus casas, pues el estado del tiempo imposibilitó las visitas y los viajes. Según indica Deirdre Le Faye, el Támesis estuvo congelado durante febrero de 1814. Por lo mismo, no es difícil suponer que sin muchas distracciones, Jane Austen pudo concentrarse con facilidad en escribir una nueva novela.

Picnic en Box Hill, boceto de Niroot Puttapipat, para la edición de Emma publicada por la Folio Society

Picnic en Box Hill, boceto de Niroot Puttapipat, para la edición de Emma publicada por la Folio Society

Desde sus novelas previas, se ha podido percibir el cuidado que Jane Austen ponía al calendario de acontecimientos en la trama (la unidad de tiempo) y Emma no es la excepción, incluso algunos acontecimientos se encuentran relacionados con fechas especiales. La historia sigue muy de cerca el calendario del momento de redacción, pues comienza en el otoño de 1813 y termina poco más de un año después, el último acontecimiento que se menciona ocurre en noviembre de 1814. Ellen Moody puso a disposición de los cibernautas el calendario de acontecimientos en Emma.

A pesar de eso, aparentemente Edward (Austen) Knight, el hermano de la escritora, señaló como un error la mención a unos manzanos floreciendo en junio, lo que por mucho tiempo se registró como una de las pocas equivocaciones de Jane Austen. Sin embargo, en las últimas décadas, ha habido algunas investigaciones, como la del profesor Euan Nisbet (1997), en las que se señala que seguramente no fue un error, sino un hecho que ella atestiguó, pues además de que el invierno había sido muy severo, las otras estaciones también se vieron afectadas, incluso que el verano de 1814 fue uno de los más fríos del siglo XIX por lo que de manera extraordinaria la vegetación floreciera tan tardíamente en esa ocasión.

Desafortunadamente, en las cartas de Jane Austen que sobrevivieron y que corresponden al período de composición de Emma, no se hace ninguna referencia a esta nueva novela, en cambio, de la publicación de la misma se conserva poco más de una veintena de cartas.

Lo que sí se sabe, por ejemplo, es que en abril de 1814, la familia de Edward llegó a pasar unos meses a su mansión en Chawton. Además, después de que la escritora pasara un tiempo en Londres, por la publicación de Mansfield Park, en junio tocó el turno para que Cassandra visitara a Henry en Londres y presenciar varios de los festejos por la aparente derrota de Napoleón (el exilio en Elba del que escaparía al año siguiente).

Una vez que los Knight regresaron a Kent, Jane Austen se ausentó de Chawton durante un par de semanas para ir de visita a Surrey durante el solsticio de verano. En Great Bookham vivían sus parientes los Cooke. El reverendo Samuel Cooke era su padrino de bautismo y su esposa, Cassandra Leigh (prima y homónima de su madre) también era escritora. No es difícil imaginar que esa visita también le sirvió un poco para refrescar su memoria para las locaciones que estaba utilizando en Emma, pues a poca distancia de Great Bookham se encuentra Leatherhead, un poblado que se considera fue la inspiración para crear Highbury y muy probablemente, al igual que los excursionistas en su novela, la escritora fue de día de campo a Box Hill.

Box Hill, con Dorking a la distancia (1733), cuadro de George Lambert. Yale Center of British Arts.

Box Hill, con Dorking a la distancia (1733), cuadro de George Lambert. Yale Center of British Arts.

Otra prueba de la confianza que, como escritora, Jane Austen había adquirido se encuentra en las cartas a su sobrina Anna Austen Lefroy, quien además se casó a finales de ese año, donde le brindó consejos y algunas observaciones respecto a la novela, Who is the Heroine (¿Quién es la heroína? habría sido el título), que ésta estaba escribiendo. En una de ellas, en específico la carta del 9 de septiembre de 1814, le decía que “Tres o cuatro familias en un poblado rural es justo con lo que hay que trabajar”, una recomendación que ella misma estaba siguiendo con Emma.

En noviembre de 1814, la primera edición de Mansfield Park se había agotado y le había dado más ganancias (£310) que las otras dos novelas previas en conjunto (£250). Eso también servía como gran estímulo para continuar la redacción de Emma. No obstante, también se presentaron un par de contrariedades, pues Mansfield Park no había recibido ni una sola reseña en la prensa y su editor, Thomas Egerton, se rehusó a publicar una segunda edición de la misma (que en vista de lo acontecido posteriormente, se puede decir que fue una decisión de negocios sensata). En lugar de considerarlo un obstáculo, la situación representó una oportunidad de cambio, pero antes tenía que terminar la novela en la que estaba trabajando.

Así, el 29 de marzo de 1815, Jane Austen puso punto final a Emma, la más extensa de todas sus novelas, concluida en un tiempo record de menos de quince meses, que incluyó también el tiempo que tardó en la revisión de pruebas para la publicación de Mansfield Park.


Publicación de Emma

Como se ha señalado, la negativa de Egerton a publicar una segunda edición de Mansfield Park, decidió a Jane Austen a buscar un nuevo editor. Sus novelas habían adquirido suficiente notoriedad, por lo que ya no tenía que temer el rechazo.

No se sabe exactamente cómo entró en contacto con John Murray II (1778-1843), el más reputado editor literario de la época (su padre había fundado la editorial que llevaba su nombre en 1768, al que había sucedido en el cargo desde 1803, y así continuó la empresa durante 6 generaciones más hasta 2002), quien publicaba las obras de lord Byron y Walter Scott, entre otros, así como la revista política y literaria trimestral Quarterly Review, pero aparentemente las negociaciones, a través de Henry, comenzaron hacia agosto de 1815. Con toda certeza para septiembre Murray tenía ya el manuscrito y lo sometió al examen de su editor, revisor y corrector William Gifford (1756-1826).

Frontispicio creado por Philip Gough para la edición de Emma publicada por Macdonald en 1948.

Frontispicio creado por Philip Gough para la edición de Emma publicada por Macdonald en 1948.

De acuerdo con la recopilación que Samuel Smiles hizo de los recuerdos de la editorial (1891), John Murray había leído Orgullo y prejuicio, así que sabía un poco de la escritora, lo que pudo haber incitado a Gifford a leerla pues opinó:

“Por primera vez he visto Orgullo y prejuicio; y es realmente una cosa muy bonita. Nada de pasajes oscuros, ni cámaras secretas, ni aullidos de viento en largas galerías, ni gotas de sangre en una daga oxidada, cosas que ahora deberían dejarse a las doncellas de las damas y a lavanderas sentimentales.”

La revisión por parte de Gifford es un asunto que ha causado cierta controversia a raíz de la afirmación, en octubre de 2010, de la profesora Kathryn Sutherland respecto a que el estilo de Jane Austen provenía más bien de Gifford. Desde entonces otros académicos se han dado a la tarea de demostrar lo disparatada o desproporcionada que resulta tal conclusión y con evidencia que la propia Sutherland encontró.

En el Archivo Murray, resguardado por la Biblioteca Nacional de Escocia en Edimburgo, se conservan miles de documentos de la famosa editorial y entre ellos se encuentran algunos donde se hace referencia a Emma. En primer lugar un informe de lectura de William Gifford, fechado el 21 de septiembre de 1815, en el que manifestaba:

“No conozco su valor, pero si puede conseguirla, ciertamente que se venderá bien. Se ha copiado muy descuidadamente, aunque la caligrafía es excelentemente sencilla, y hay muchas omisiones breves, que deben insertarse. Sin problemas corregiría las pruebas por usted, y podría hacer un poco de correcciones aquí y allá, aunque no hay mucho por hacer, hay que confesar.”

También añade: “Si la compra, y no tiene motivos para una elección en particular, preferiría corregir las pruebas de Roworth [el impresor] a otras.”

El “se ha copiado” indica que recibieron una copia en limpio del manuscrito” y el “conseguirla” se refiere a que Gifford esperaba que Murray comprara los derechos de la obra, como lo indica el “si la compra”, pues ésa solía ser su costumbre.

Como explica Jan Fergus (2015: 6), solamente si un editor compraba los derechos de la obra, el revisor y corrector se comprometía a hacer todo el trabajo de supervisar y corregir las pruebas de impresión, si no era así, el escritor era quien tenía que revisar y corregir las pruebas.

Aparentemente esa carta no llegó a tiempo a manos de Murray, pues nuevamente el 29 de septiembre Gifford escribió:

“De Emma no tengo nada más que bueno que decir. Estaba seguro de la escritora antes de que la mencionara. El m.s. [manuscrito] aunque escrito sencillamente contiene todavía algunas, más bien, varias omisiones pequeñas, y una expresión podría aquí y allá corregirse al pasar por la imprenta. Si la imprime, que creo que lo hará (aunque no puedo decir nada respecto a su previo), me haría cargo de la revisión sin problemas.”

También volvió a insistir que Roworth fuera el impresor, pues al otro, Dove, lo consideraba “apto para darle a uno demasiados problemas” con la revisión de pruebas.

Estampilla postal de Emma, emitida en 1975 para conmemorar el bicentenario del natalicio de Jane Austen. Diseño de Barbara Brown.

Estampilla postal de Emma, emitida en 1975 para conmemorar el bicentenario del natalicio de Jane Austen. Diseño de Barbara Brown.

Nuevamente, como indica Fergus (2015: 8), las referencias a “escrito sencillamente” indican que tenían una copia en limpio del manuscrito, en cuanto a la revisión, si fuera más allá de correcciones tipográficas e implicara una rescritura más profunda del texto, ese trabajo sólo lo habría hecho Gifford si Murray compraba los derechos de la novela, lo cual NO ocurrió.

El 4 de octubre de 1815, Henry fue a recoger a su hermana a Chawton para llevarla a Londres. La intención de la escritora era estar para estar “una o dos semanas” (carta a Anna Austen Lefroy del 29 de septiembre de 1815 desde Chawton), posiblemente para concretar el acuerdo con Murray. Sin embargo, las cosas no transcurrieron según lo esperado, como muestra su carta del 17 y 18 de octubre de 1815, enviada a Cassandra que estaba en Chawton:

“Ha llegado la carta del Sr. Murray; es un bribón por supuesto, pero uno cortés. Ofrece £450, pero quiere los derechos de MP y de S&S incluidos. Terminará en que publicaré por mi cuenta, me atrevo a decir. Envía más elogios, sin embargo, de lo que esperaba. Es una carta entretenida. Ya la verás.”

Esa carta de Murray no se ha conservado, así que queda la duda tanto por los elogios como por el contenido total de la misma. Sin embargo, también los documentos en el Archivo Murray permiten determinar qué sucedió con la negociación por los derechos. Pues, aunque inicialmente Gifford había pretendido no poder establecer el precio para Emma, en su carta del 29 de septiembre además escribió:

“Quinientas libras parecen un buen acuerdo para una novela, aunque la Sra. D’Arblay [Fanny Burney], creo que obtuvo más, pero desde luego trabajos tan exquisitos como The Wanderer, no aparecen con frecuencia. ¿No puede conseguir que se incluya la tercera novela, Orgullo y prejuicio? Recientemente la he leído de nuevo, es muy buena, terriblemente impresa en algunos pasajes y con tanta puntuación que casi es ininteligible.”

Obviamente Gifford desconocía que Jane Austen había vendido desde el principio los derechos de Orgullo y prejuicio a Egerton. Y por supuesto, tampoco podía saber que la propia escritora tenía sus opiniones respecto a algunas correcciones menores que podrían habérsele hecho a la novela, pero que igualmente no le importaba tanto pues como ella no escribía para “elfos aburridos que no tenían un tanto de ingenio por sí mismos” (carta del 29 de enero de 1813 cuando recibió sus ejemplares de Orgullo y prejuicio).

Como sea, parece que Sutherland opina que fue esa intervención de Gifford lo que empujó a la escritora a rechazar la oferta inicial de Murray para comprar los derechos de Emma. La referencia a que “puede conseguir que se incluya la tercera novela” indica para el acuerdo, Jane Austen estaba ofreciendo a Murray tanto Emma como Mansfield Park. Fergus (2015: 9) opina entonces que el comentario de Gifford respecto al precio por los derechos debía incluir una tercera novela, no sólo dos, y que Murray sabía que no podía conseguir los de Orgullo y prejuicio, sólo tenía Sensatez y sentimientos como opción. El valor de esta última era menor, dado que con Egerton, la novela ya estaba en su segunda edición; de ahí que cabe la posibilidad de que por eso Murray ofreció £450 por las tres novelas disponibles.

Como sea, no se trataba de una oferta que convenciera a la escritora, e incluso, parece que era menos generosa de lo que Murray acostumbraba, aunque, en vista de lo que acontecería posteriormente, habría generado más ganancias netas para Jane Austen (Fergus, 2015: 9) y luego para Cassandra, como su heredera.

Sin embargo, otro acontecimiento interfirió en las negociaciones, pues en esa misma carta del 17 de octubre, Jane Austen informaba a su hermana que Henry había caído enfermo, “un ataque bilioso con fiebre” que lo postró en cama. Eso no impidió que Henry intentase proseguir con las negociaciones. Entre el 21 y 22 de octubre, dictó a su hermana una carta para el editor, en la que acusaba recibo de su anterior carta, agradecía los elogios para la novela, pero señalaba que su oferta resultaba inferior a lo esperado y a las ganancias que se habían obtenido con las ediciones de las otras novelas.

El estado de salud de Henry se agravó tanto que ese 22 de octubre, Jane Austen mandó a llamar al resto de sus hermanos. Aunque Frank estaba en Chawton, no podía acudir pues su esposa estaba a días de dar a luz, pero Edward llegó al día siguiente y James y Cassandra el 25 de octubre. Tras una semana en que temieron por su vida, finalmente hubo señales de recuperación, así que los hermanos regresaron a sus hogares y dejaron a las dos mujeres a cargo y las negociaciones pospuestas por varios días.

El 3 de noviembre, Jane Austen se decidió escribir ella misma a Murray, donde le solicitaba que acudiera a verla a Hans Place para hablar del asunto, pues una conversación podría resolver el asunto más rápidamente que hacerlo por escrito.

Definitivamente y de manera inusual, Murray, que tenía fama de ser generoso en los acuerdos con sus escritores, no estaba dispuesto a incrementar su oferta por los derechos de las tres novelas, pero finalmente aceptó publicar 2000 ejemplares de Emma por comisión, además de una segunda edición de 750 ejemplares de Mansfield Park también por comisión y así, el proceso de impresión comenzó. Al no haber comprado los derechos, Gifford no intervino en la obra, como inicialmente había sido la intención, y fue la misma Jane Austen, como indica su correspondencia, quien se encargó de revisar las pruebas.

La enfermedad de Henry también tuvo una consecuencia tangencial inesperada en la publicación de Emma. Aunque primero a Henry lo había atendido un joven médico del vecindario, Charles Thomas Hadden (1786-1824); conforme se agravó la enfermedad, la familia solicitó una segunda opinión, la del Dr. Matthew Baillie (1761-1823), quien más de 10 años antes también ya había tratado a Henry y además era uno de los médicos del Príncipe Regente.

Fachada norte de Carlton House, la residencia londinense en St. James del Príncipe Regente. cuadro de Patrick Baty.

Fachada norte de Carlton House, la residencia londinense del Príncipe Regente. cuadro de Patrick Baty.

Desde la publicación de Orgullo y prejuicio, la identidad de la escritora era un secreto a voces y, según relata Caroline Austen, en una de sus visitas a Henry, Baillie había comentado a Jane Austen que el regente era un gran admirador de sus novelas y tenía un juego de ejemplares en cada una de sus residencias. El médico tampoco se abstuvo de comentar al príncipe que la escritora se encontraba en Londres, por lo que tan augusto personaje instruyó a su bibliotecario en Carlton House, James Starnier Clarke (1766-1834), que acudiera a visitarla. Lo cual éste hizo con prontitud.

Además de corroborar los elogios, Clarke también indicó que su patrón le había encargado invitarla a conocer la biblioteca en Carlton House, su extravagante mansión londinense. Así, el 13 de noviembre de 1815, Jane Austen fue de visita al lugar. En el transcurso de la visita, Clarke le reiteró la admiración del príncipe por la obra de la escritora y añadió que en un futuro, ella se encontraba en libertad de dedicarle a su patrón alguna de las obras que publicara en el futuro.

El Circular Room de Carlton House, por Charles Wild (c. 1817).

El Circular Room de Carlton House, por Charles Wild (c. 1817).

Cabe mencionar que la admiración no era recíproca, incluso, un par de años antes, Jane Austen había expresado con bastante claridad a Martha Lloyd su opinión respecto al futuro monarca (carta del 16 de febrero de 1813), por lo que no había tenido la intención de aceptar “el honor” que le estaban confiriendo, hasta que posiblemente Henry y Cassandra le hicieron ver que no se trataba de una petición sino una orden. Todavía renuente, el 15 de noviembre, se vio obligada a escribir una carta Clarke para confirmar la situación. Pero la respuesta de Clarke al día siguiente fue inequívoca, se esperaba la dedicatoria de su parte.

Esto a su vez generó que dos intercambios de correspondencia. Por una parte, la ya establecida con su nuevo editor, John Murray, y por otra con Clarke.

Éste parece haber sido un personaje un tanto ridículo e inflado de su propia importancia, que no pudo abstenerse de hacer algunas sugerencias respecto a lo que Jane Austen debería escribir, lo cual, afortunadamente para nosotros, la instigó a dejar registro de su propia capacidad y talento como novelista.

Cabe que señalar que Clarke además de bibliotecario era el capellán del príncipe desde 1799 y antes se había desempeñado como capellán naval, había publicado un par de volúmenes con sus propios sermones y una biografía sobre Jacobo II, por lo que se creía digno de convertirse en inspiración para crear un protagonista de novela, como comenzó a aludir en su respuesta del 16 de noviembre.

Uno sólo puede imaginarse la diversión que pudo provocar la descripción que Jane Austen seguramente hizo a su familia de la residencia del regente y de la personalidad de su anfitrión. Además, tomó en cuenta sus recomendaciones para escribir el “Plan de una novela”, un paródico ‘borrador’ en el que incorporó algunas de las sugerencias de Clarke y otros lectores.

Para entonces, la salud de Henry había mejorado bastante. El 15 de noviembre que había enviado la carta a Clarke, Edward había regresado a Londres acompañado por su hija Fanny, quien reemplazaría a Cassandra en el cuidado al convaleciente, mientras ésta regresaba el 20 de noviembre a Chawton, por lo que, afortunadamente para nosotros, la correspondencia entre las hermanas se reanudó y así seguimos con noticias respecto a la publicación de Emma.

Fotografía preliminar (2015) de una nueva cubierta para la edición infantil de Emma, en la colección Cozy Classics, creada por los hermanos Jack y Holman Wang.

Fotografía preliminar (2015) de una nueva cubierta para la edición infantil de Emma, en la colección Cozy Classics, creada por los hermanos Jack y Holman Wang.

Por lo que se refiere a la correspondencia con el editor, además de los detalles relativos a la publicación de la novela, pues la impresión de las pruebas no iba al ritmo deseado, por lo que el proceso de publicación iba retrasado, Jane Austen también tuvo que agregar el asunto de la dedicatoria. De hecho, ésta de excusa para que la escritora presentara su queja por la demora con la impresión de pruebas, pues en su nota del 23 de noviembre le comenta:

“En lugar de que la obra esté lista para finales de este mes [noviembre de 1815], difícilmente, al paso en que vamos, difícilmente estará terminada para finales del próximo [diciembre], y como esperaba dejar Londres a principios de diciembre, es de importancia que no se pierda más tiempo.”

Sus cálculos al respecto resultaron bastante correctos. Por sugerencia de Henry, había añadido el comentario respecto a si el saber que el libro llevaría la dedicatoria podría apresurar a los impresores.

Así en la carta del 24 de noviembre, entre otras cosas, Jane Austen le comentaba a Cassandra los resultados de las diligencias con Murray. La culpa de la demora en impresión la habían atribuido al proveedor de papel, que no lo había entregado a tiempo. A partir de entonces, las pruebas comenzaron a llegar sin problemas.

Dos días más tarde (carta del 26 de noviembre), le comentaba respecto a una consulta del impresor Moyes respecto a la forma de deletrear “arra-root” que se transformó en el más regular “arrow-root” (arruruz), y la petición de que Martha no comentase a nadie más que la novela tendría una dedicatoria y bromeaba respecto a lo que su amiga iba a opinar al respecto.

El 4 de diciembre Fanny Knight dejó Londres en compañía de su padre, por lo que nuevamente la escritora y su hermano Henry quedaban solos en la casa en Hans Place.

El primer anuncio de la publicación de la novela apareció en el Morning Star del 2 de diciembre de 1815: “En unos cuantos días se publicará… EMMA, una novela” (Gilson: 67-68). El anuncio se repetiría en el ejemplar del 6 de diciembre. En la edición del 10 de diciembre de 1815 de The Observer se anunciaba “El próximo sábado se publicará…”, es decir estaba planeada para su lanzamiento el 16 de diciembre. Sin embargo, como temía la escritora, las demoras con la impresión significaron una demora en la aparición a la venta.

Por su carta del 11 de diciembre a Murray, se muestra que Jane Austen vio el anuncio de The Observer, por lo que consideró necesario acordar los últimos detalles. Los arreglos para la venta de los ejemplares los dejaba en manos totalmente del editor. En cuanto a la dedicatoria, ella sólo quería algo breve en la portada, pero el editor, conocedor de las formas, tenía más certeza respecto al formato requerido. Eso sí, se incluiría una dedicatoria lo más escueta posible dentro de las normas, como última manifestación de que Jane Austen lo hacía con reticencia.

Página con la dedicatoria de Emma, para el Príncipe Regente.

Página con la dedicatoria de Emma, para el Príncipe Regente.

También solicitaba que se enviara, con Clarke como intermediario, un juego de ejemplares al Regente unos días antes de que se publicara la novela. Además adjuntaba una lista de las otras personas a las que deseaba que también se enviara un juego de ejemplares, sin encuadernar, de su parte. Por último le notificaba que el 16 de diciembre ella dejaría Londres, pues regresaba a Chawton.

Igualmente ese 11 de diciembre de 1815, volvió a escribir a Clarke para avisarle no se había olvidado de solicitar un juego de ejemplares para el regente, que Murray le enviaría. Jane Austen incluso se animó a compartir un poco las expectativas que tenía de la nueva novela:

“Mi gran preocupación por el momento es que esta cuarta obra no deshonre lo que fue bueno en las otras. Pero, sobre este punto, me haré justicia al declarar que cualesquiera que sean mis deseos de que tenga éxito, me acosa poderosamente la idea de que a aquellos lectores que han preferido OyP les parecerá inferior en ingenio y a aquellos lectores que han preferido MP, muy inferior en buen juicio.”

Impresión que no resulta desacertada si uno examina las distintas opiniones que recolectó entre familiares, amigos y conocidos. Asimismo, en la misma carta intentó hacerlo desistir de la idea de que ella podría incluir a un personaje como él en sus obras, pero infructuosamente, pues en su carta de respuesta, del 21 de diciembre, Clarke volvió a insistir en el asunto.

En la carta del 2 de diciembre, Jane Austen le había comentado a su hermana que no encontraba motivo para enviar ejemplares encuadernados (en aquella época, los ejemplares se vendían simplemente con pastas de cartón para que cada persona los encuadernara a su gusto) para el Regente, pero iba a consultar al respecto. Nuevamente Murray sabía de las formas, pues los ejemplares que envió estaban encuadernados en tafilete o cuero marroquí rojo y filos dorados.

En el Archivo Murray, en los libros de contabilidad, se registraron con los costos de la publicación, el papel costó 325 con 12 peniques (137 resmas de papel ‘demy’, a 37 chelines cada resma, el más costoso papel que se empleó para una primera edición de las novelas de Jane Austen y eso también redujo las ganancias para la escrtora), la impresión qu hizo Roworth de los volúmenes 1 y 2 113 libras, 17 chelines, y la impresión del volumen 3 por Moyes en 62 libras, 4 chelines y 6 peniques. La encuadernación de los ejemplares del Regente costó 24 chelines.

Portada de la primera edición de Emma, publicada por John Murray.

Portada de la primera edición de Emma, publicada por John Murray.

La novela no se publicó el 16 de diciembre como se había anunciado inicialmente. En el Morning Chronicle del 21 de diciembre volvió a aparecer el anunció de que “el próximo sábado”, luego en el número siguiente (del 22 de diciembre) aparece como “mañana se publicará” y finalmente en la edición de ese diario del 23 de diciembre aparece el anuncio “PUBLICADA ESTE DÍA”. En el Morning Post del 29 de diciembre apareció un anuncio de que “publicada este día”. Su precio una guinea, el equivalente a 21 chelines o también 1 libra y 1 chelín. La portada dice Emma, una novela en tres volúmenes, de la autora de Orgullo y prejuicio, y, como ocurría con toda obra publicada a finales de año, aparece 1816, en lugar de 1815, como año de publicación.

En la dedicatoria, ubicada en la hoja siguiente a la portada, dice: “A su Alteza Real, el Príncipe Regente, esta obra está, con el permiso de su Alteza Real, muy respetuosamente dedicada, por parte de la humilde, obediente y diligente servidora, la Autora.”

En los registros de Murray (Gilson 68-69) del 19 de diciembre aparece la lista de los doce receptores de los ejemplares de cortesía: dos juegos en Hans Place, uno para la condesa de Morley (está desaparecido, pues no se encuentra en la biblioteca de Saltram, residencia de los condes, aunque se sabe que la condesa lo recibió y acuso de recibo a la escritora), uno para Clarke (aparte del que recibió el regente), uno para James Leigh Perrot (el tío materno de Jane Austen), dos ejemplares para la Sra. Austen, uno para el Capt. Austen (cabe suponer que Charles), otro para el Rev. J. Austen (James en Steventon), uno para H (sic).F. [cabe suponer que para Frank], uno para la señorita Knight (Fanny), y uno para la señorita Sharpe (la antigua institutriz de los Knight con la que la escritora hizo amistad) [el mismo que se vendió hace pocos años].

Además, también se sabe que Murray obsequió otro juego de ejemplares a Augusta Leigh, la hermana de lord Byron, pues ella escribió en la portada (su nombre, el año, 1er ejemplar, regalo del Sr. Murray) ese juego existe y se subastó en 1941. (Gilson: 69). Asimismo, Jane Austen envió por su cuenta un juego de ejemplares a Maria Edgeworth, aunque no se conserva registro de si ésta acusó recibo y le agradeció el obsequio, como sí hizo la condesa de Morley.

También por los registros de ventas, se sabe que para el 20 de diciembre, los libreros habían hecho 351 pedidos de ejemplares (de 2000 que tenía la edición), entre ellos Egerton, el anterior editor, que solicitó 6 juegos.

Se sabe que para octubre de 1816, se habían vendido 1248 ejemplares, que habrían significado una ganancia de 221 libras, 6 chelines y 4 peniques, pero la 2ª edición de MP estaba con pérdidas, así que el dinero se usó para cubrir esos gastos, por lo que Jane Austen sólo recibió neto como primer pago en febrero de 1817 38 libras y 18 chelines. (Gilson: 69).

Tal como le había indicado a Murray, la escritora dejó Londres el día de su cumpleaños (su cumpleaños 40), el sábado 16 de diciembre de 1815. Nunca más visitaría la capital y al año siguiente comenzarían a aparecer los primeros indicios de enfermedad.

Debido a su estancia en Londres para la publicación de Emma, Jane Austen no había podido conocer a su primera sobrina nieta, Jemima, la hija de Anne Austen Lefroy, que había nacido el 20 de octubre. Teniendo en cuenta eso, la escritora le escribió a su sobrina lo siguiente:

“Al igual que deseo ver a tu Jemima, estoy segura que te gustará ver a mi Emma y, por lo tanto, tengo el enorme placer de enviártela para su lectura. Quédatela tanto como desees; ya la hemos leído todos aquí.”

Miss Bates, ilustración de Charles E. Brock para la edición de 1909 de Emma publicada por Dent & Co.

La Srita. Bates, ilustración de Charles E. Brock para la edición de 1909 de Emma publicada por Dent & Co.

Por otra parte, la señorita (Mary) Benn había fallecido a la edad de 46 años a finales de 1815  sólo se tiene registro de que su funeral tuvo lugar el 3 de enero. Este dato parecería no tener importancia, excepto porque se cree que ella fue la principal inspiración para crear a la señorita Bates. Al mudarse a Chawton, las Austen habían formado una especie de amistad con ella, y con frecuencia se le menciona en las cartas, pues la invitaban a comer y a pasar la velada, su situación económica era todavía más difícil que las de las mujeres Austen.

Existe una muy breve carta (sin fecha) de Jane Austen a Catherine Anne Prowting, otra de las residentes en Chawton; cabe suponer que la envió a principios de 1816 y la referencia a “nuestra pobre amiga” era a la señorita Benn. El contenido de la carta es el siguiente:

Mi querida señorita Prowting:

Si nuestra pobre amiga hubiera vivido, estos volúmenes habrían estado a su disposición, y como sé que tenían la costumbre de leer juntas y he tenido el agrado de escuchar que las obras de la misma mano les había dado mucho placer, por lo que no ofreceré ninguna otra disculpa por enviarle éstos para su lectura, sólo rogarle que, aunque no pueda proceder de inmediato a leerlos, puede quedárselos tanto tiempo como desee, pues no los necesitamos en casa.

Suya muy sinceramente,

J. Austen

Entretanto, en Londres, Murray demostraba conocer muy bien su negocio, pues no se limitó a publicar Emma y esperar que tuviera éxito. Bien sabía que también dependía de la promoción que hiciera y, como dueño también de la Quarterly Review, le interesaba que apareciera una reseña calificada. De ahí que el 25 de diciembre de 1815, le escribió a Walter Scott (que sería nombrado baronet ya en el reinado de Jorge IV):

“¿Le apetecería garabatear un artículo sobre Emma? Le falta incidente y romance, ¿no? Ninguna de las otras novelas de la escritora han recibido notoriedad, y ciertamente Orgullo y prejuicio merece una elevada recomendación.”

Scott también era admirador de Orgullo y prejuicio, así que no tuvo reparos en aceptar el encargo. Para el 19 de enero de 1816 enviaba su crítica a Murray. En su carta decía:

“Adjunto encontrará el artículo sobre Emma… Será totalmente innecesario enviar las pruebas de Emma, pues el Sr. Gifford corregirá todos los errores obvios y abreviará donde sea necesario.”

Estampilla postal de Emma, emitida en 2013, diseñada por Angela Barrett.

Estampilla postal de Emma, emitida en 2013, diseñada por Angela Barrett.

Tal respuesta parece indicar que no había recibido un juego de ejemplares junto con la petición de escribir la reseña, sino que más bien el manuscrito de la novela también había pasado por sus manos y que además no sabía que ya se había publicado unas semanas antes, pues suponía que Murray había comprado los derechos y por tanto, que Gifford revisaría las pruebas. Lo cual, hay que insistir, no sucedió.

La crítica de Scott se publicó de manera anónima en el vol 14 no. 27 de la Quarterly Review, fechada en octubre de 1815, pero en realidad publicada en marzo de 1816 (Gilson: 69-70). El escritor no se limitó a comentar sobre Emma, sino en general se trata del primer gran ensayo crítico sobre la obra de Jane Austen, con la que comenzaría a establecerse su reputación como una de los grandes escritores de la literatura inglesa.

Murray le envió en préstamo un ejemplar de la revista a Jane Austen. No se sabe si ella supo quién había escrito la crítica, pero en su respuesta (del 1° de abril de 1816), le hizo saber que aunque estaba complacida con los elogios recibidos, lamentaba la completa omisión de Mansfield Park por parte del crítico. También en la carta le comentaba que había recibido el agradecimiento de Clarke por los ejemplares para el príncipe regente; por último, le pedía que si necesitaba comunicarse con ella, lo hiciera escribiendo a Chawton, pues para entonces, el banco de Henry estaba en bancarrota y por lo que éste no podía actuar como intermediario.

Como se observa, el agradecimiento del regente había tardado tres meses en llegar, pues apenas el 27 de marzo de 1816, desde el [Royal] Pavillion, el palacio del príncipe regente en Brighton, Clarke escribió a Jane Austen para acusar recibo de los ejemplares. En su carta, Clarke además le informaba su reciente nombramiento como secretario privado del príncipe Leopoldo de Sajonia-Coburgo (posteriormente Leopoldo I de Bélgica), recientemente comprometido con Carlota de Gales, hija única del príncipe regente y por lo tanto presunta heredera al trono. Además volvió a insistir respecto a lo que la escritora debería escribir, quizá un romance histórico sobre la dinastía Coburgo, que podría dedicarle a su nuevo patrón.

Aunque quizá no hubiera tan mala intención en los comentarios de Clarke, también resultaba exasperante y provocó una última carta de Jane Austen para él, con la que dejó un registro muy claro de los temas que le interesaba, pues entre lo que le respondió el 1° de abril de 1816 está lo siguiente:

“Es usted muy, muy amable con sus alusiones respecto a la clase de composición que podrían recomendarme en este momento, y estoy completamente consciente de que un romance histórico, basado en la casa de Sajonia-Coburgo podría ser mucho más a propósito para obtener ganancias y popularidad que los retratos de la vida doméstica en poblados de la campiña como los que describo, pero no podría escribir más un romance que un poema épico. No podía sentarme seriamente a escribir un romance bajo ningún otro motivo que el de salvar mi vida, y si fuera indispensable para mí mantenerme así y nunca relajarme para reírme de mí misma y de otras personas, estoy segura de que me ahorcarían antes de que hubiese terminado el primer capítulo. No. Debo mantener mi propio estilo y continuar con mi propio camino, y aunque pudiera no volver a tener éxito en él, estoy convencida de que fracasaría totalmente en cualquier otro.”

Supuesto retrato de Jane Austen, realizado por James Stanier Clarke, el bibliotecario del Príncipe Regente.

Supuesto retrato de Jane Austen, realizado por James Stanier Clarke, el bibliotecario del Príncipe Regente. Imagen tomada del sitio de JASNA.

En diciembre de 1818, Murray todavía tenía 565 ejemplares disponibles, y en 1820, 539, que tenía en liquidación por dos chelines (más de un 90% de descuento respecto a su precio inicial). Las ganancias totales brutas que Jane Austen obtuvo de Emma habrían sido 372 libras, 12 chelines y 11 peniques, pero lo dicho se redujo por las pérdidas de la 2ª edición de Mansfield Park, por lo que, neto, sólo recibió 38 libras y 18 chelines.

La primera edición estadounidense apareció en 1816, ninguna de las otras apareció antes de 1832 en Estados Unidos. Suponen que fue la crítica de Scott lo que impulsó a Mathew Carey, de Filadelfia a publicar esa edición “pirata”, además que también vendió ejemplares de la edición original. Apenas comienzan a realizarse investigaciones para cotejar las diferencias que pudiera tener esa edición estadounidense con el original, pero se sabe que no fue censurada (como era costumbre), pues no se eliminaron las frases o expresiones donde “se utilizara el nombre de Dios en vano”. La biblioteca del Goucher College en Baltimore posee uno de esos raros ejemplares de la edición estadounidense (agregar enlace al sitio de Emma in America) y como parte de las celebraciones por el bicentenario, luego de recaudar fondos, ha puesto a disposición de todo el público una versión digital de la misma en el sitio Emma in America.

No hubo más ediciones de Emma durante casi dos décadas, cuando apareció la edición de 1833 que publicó Richard Bentley, que compró los derechos a Cassandra, mismos que expiraban en 1857, no sin que antes hubiera reimpresiones en 1836 y 1841. Igualmente en julio de 1833 apareció la 2ª edición estadounidense. Una vez que los derechos vencieron, las editoriales comenzaron a editar las novelas con facilidad, pero solamente la edición de 10 volúmenes de las novelas de Jane Austen que publicó Dent & Co a finales de siglo XIX, bajo la dirección de Richard Brimley Johnson, destacó. Sería la edición de Oxford University Press que supervisó R.W. Chapman la que se ha considerado como la más autorizada.


La recepción inicial de la obra

Al igual que hizo con Mansfield Park, Jane Austen recopiló entre sus familiares, amigos y conocidos las distintas opiniones sobre Emma, y no había estado equivocada en sus predicciones, pues midieron Emma en comparación con sus novelas anteriores. Sólo su hermano Charles la consideró la mejor de todas, en tanto que su amiga, la señorita Alethea Bigg consideró que el lenguaje de la novela era “superior al de todas las otras.”. En cuanto a la protagonista, tampoco despertó muchas simpatías, por ejemplo, sus dos sobrinas mayores, Fanny Knight y Anna Austen Lefroy, tuvieron opiniones opuestas; la primera no la soportaba, lo cual puede sorprender si se considera que estaba en una posición casi tan privilegiada como la de la señorita Woodhouse, en cambio Anna la prefería a todas las demás heroínas.

Además de esas opiniones, en la correspondencia de algunos otros personajes se han encontrado referencias y comentarios sobre Emma. Por ejemplo, aunque la condesa de Morley se había manifestado estar ya familiarizada con los Woodhouse, en una carta a su cuñada, Theresa Villiers, comentó que colocaba a esa novela por abajo de Mansfield Park y de Orgullo y prejuicio.

Por su parte, Maria Edgeworth no avanzó más allá del primer volumen, le comentaba en una misiva a su medio-hermano Charles Sneyd Edgeworth: “no tiene historia en ella, excepto que la señorita Emma descubrió que el hombre al que destinaba para ser el enamorado de Harriet era un admirador suyo, y se ofendió al ser rechazado por Emma” y también algunos detalles más que revelan la trama-

Por su parte, Anne, lady Romilly coincidió con Edgeworth, pues en una carta del 7 de mayo de 1816 le mencionó: “He leído tanto Emma como [ilegible]. En la primera hay tan poco que recordar y en la última tanto que uno desea olvidar que no tengo deseos de escribir de ellas”.

Décadas más tarde, ya en plena era victoriana, tanto Charlotte Bronte como Anthony Trollope se sumarían a los detractores.

En contraste con esas opiniones tan poco favorables, Thomas Moore le comentaba a Samuel Rogers el 20 de junio de 1816: “Permítame recomendarle leer Emma; es la mismísima perfección escritura de novela, y no puedo elogiarla más que decir que con frecuencia es extremadamente semejante a su propio método de describir las cosas, ¡tantísimo efecto con tan poco esfuerzo!”

Grabado del retrato de la escritora Susan Ferrier (1836) realizado por Robert Thorburn.

Grabado del retrato de la escritora Susan Ferrier (1836) realizado por Robert Thorburn. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Mary Russell Mitford escribió a Sir William Elford el 2 de julio de 1816: “para diversión vaya por la señorita Edgeworth y la señorita Austen. Por cierto, ¡Qué deliciosa es su Emma! La mejor, creo, de todas sus encantadoras obras”.

Susan Ferrier le escribió a su amiga Charlote Catherine Clavering en 1816: “He estado leyendo Emma, que es excelente; no contiene ninguna historia, y la heroína no es mejor que cualquier otra gente; pero todos los personajes son tan cercanos a la vida real, y el estilo tan picante, que no requiere de la ayuda adventicia del misterio y la aventura.” (Gilson: 71)

Emma resultó ser la más reseñada de todas las novelas de Jane Austen, aunque la mayoría fueron breves y generales y con una tibia recomendación. Aparte de la extensa de Scott para la Quarterly Review, aparecieron reseñas en The Champion (marzo de 1816), la Augustan Review (mayo de 1816), el Literary Panorama (junio de 1816), la British Critic (julio 1816), la Monthly Review (julio 1816), la Gentleman’s Magazine (septiembre de 1816) y la British Lady’s Magazine and Monthly Miscellany (septiembre de 1816).

Durante todo el siglo XIX, Emma permaneció en segundo plano, considerada como inferior en la valoración de los críticos literarios. Aunque ya comenzaban a distinguirse ciertas características, como la voz narradora (Richard Simpson, 1870), y además Anne Tackeray (1871) fue la primera en señalar que se distinguían ciertas sombras de Los Watson en Orgullo y prejuicio y Emma.

Emma, cap. 28, ilustración de Charles E. Brock (1898)

Emma, cap. 28, ilustración de Charles E. Brock (1898)

El gran salto para la apreciación de Emma ocurrió en 1917, cuando Reginald Farrer publicó, para el centenario del fallecimiento de la escritora, el artículo “Jane Austen, ob. 18 Jul, 1817” en la Quarterly Review. Se trata de un extenso artículo de homenaje donde examinaba cada una de las novelas, como poco más de 100 años antes lo había hecho Scott. Farrer no tuvo reparos en considerar que de las 6 novelas, Emma era “el libro de libros”. Desde entonces, los críticos comenzaron a prestar más atención a Emma y a descubrir todas las características que la convierten en “la novela de Jane Austen más perfecta e impecablemente construida” (James, 1998).

Semejantes opiniones obviamente contrastan con las de los lectores promedio, que por lo general suelen considerar a esta novela como aburrida o les desagrada por completo porque no logran simpatizar con la protagonista. Y es que el punto de vista de la señorita Emma Woodhouse domina la historia de principio a fin. Sin embargo, la trama está construida de tal manera que puede considerarse como una historia de detectives, tal como lo analizó P.D. James en 1998, con algunos misterios o secretos que descubrir y en la narración hay plantadas tanto pistas clave como pistas falsas. En primera lectura, salvo los lectores más avezados,  uno tiende a dejarse guiar por la perspectiva de la protagonista, de cuya visión se va desconfiando conforme avanza la trama, y sólo al realizar una segunda lectura cuidadosa se observa cómo ocurrieron tantas equívocaciones, malentendidos y se descubren muchas ironías.

Para lograr todo esto, Jane Austen además recurrió a una estrategia narrativa denominada discurso indirecto libre, en la que parece ser la voz de un narrador ominisciente en tercera persona que entrara en la mente de los personajes y nos dejara conocer sus pensamientos, sentimientos, emociones u opiniones de manera imparcial, pero en realidad se asume el punto de vista parcial del personaje, incluyendo su forma de hablar y de ahí que se pierda la certeza respecto a quién está hablando y solamente al poner atención se puede ver que hay un distanciamiento entre la voz narradora y la perspectiva del personaje.

En cuestiones menos técnicas, cabe señalar que, al igual que había hecho con sus otras novelas, se supone que Jane Austen también contó a su familia y amistades lo que sucedía con algunos de los personajes una vez que termina la novela. En los Recuerdos de Jane Austen se registra que “el señor Woodhouse sobrevivió al matrimonio de su hija… cerca de dos años”; y que “las letras que… Jane Fairfax… desechó sin leer formaban la palabra “perdón”” y que, de acuerdo con la Sra. Ann Barrett, una amiga de la escritora, Jane Austen dijo que uno de sus personajes predilectos era Mr. Knightley (el otro era Edmund Bertram), pero que “estaban muy lejos de ser lo que sabía que los caballeros ingleses frecuentemente eran.” Además en el Jane Austen – A Family Record se menciona que “Jane Fairfax sólo vivió unos nueve o diez años más después de su matrimonio… y si su esposo se casó de nuevo es objeto de especulación.”

Respecto a la identidad de la Sra. Barrett, R.W. Chapman pensó que se trataba de Ann Sharpe, la antigua institutriz de los Knight, pero Deirdre LeFaye afirma que, en vista de que se supone que la Sra. Barrett conoció a Jane Austen en Chawton entre 1813 y 1816, más bien debió tratarse de Ann Barrett, Edwards era su apellido de soltera, esposa de Charles Barrett un procurador que vivió en Alton y atendía los asuntos de la finca de Edward Knight en Chawton hasta 1816, cuando los Barrett se mudaron a Manchester.


Algunos datos sobre las traducciones

Cubierta de la primera edición de Emma publicada en español por editorial Arimany en 1945.

Cubierta de la primera edición de Emma publicada en español por editorial Arimany en 1945.

La primera traducción, muy libre, de Emma también apareció en 1816. Como era usual fue una traducción al francés, La Nouvelle Emma, ou, Les caractères anglais du siècle. También apareció una traducción sueca 1857 o 1858, pero ninguna otra más durante el resto del siglo XIX.

En lengua española pasaron casi 130 años para que finalmente se publicara, la última de las seis novelas en traducirse (aunque en la primera traducción de Mansfield Park se omitieron diez capítulos publicada en 19143). Jaume Bofill e Ferro (1893 – 1968), o Jaime Bofill y Ferro en la castellanización de su nombre, fue el primer traductor de Emma, para la edición publicada en 1945 por la editorial Arimany. En la actualidad se supone que existen cuando menos unas siete distintas traducciones de la novela, pero la que circula libremente en internet (aunque de manera ilegal, pues sólo el texto en inglés es del dominio público, los derechos de las traducciones todavía están vigentes) es la de Carlos Pujol, publicada por primera vez en 1982 para la editorial Planeta, que la sigue utilizando, al igual que otras editoriales como Espasa Calpe y Andrés Bello. Esa traducción de Pujol es la que aparece también en la versión electrónica bilingüe en el sitio del profesor Miguel Garci-Gómez.


Fuentes y referencias

  • Austen, Jane (1997). Jane Austen’s Letters (Deirdre Le Faye, editora) 3ª ed. Oxford: Oxford University Press.
  • Austen-Leigh, James Edward (1871). A Memoir of Jane Austen. Londres: Bentley. Versión electrónica completa que incluye los prefacios para Lady Susan y The Watsons disponible en el sitio Jane Austen Italia.
  • Cronin, Richard y McMillan, Dorothy (2007). “Introduction” en Austen, Jane (2013). Emma, The Cambridge Edition of the Works of Jane Austen. Cambridge: Cambridge University Press.
  • Fergus, Jan (2015). “I. Composition and Publication” en Sabor, Peter (ed.) (2015). The Cambridge Companion to Emma. Cambridge: Cambridge University Press, pp. 1-16.
  • Gilson, David (1997). A Bibliography of Jane Austen. New Introduction and Corrections by the author. Delaware : Oak Knoll Press.
  • James, Phyllis Dorothy (1998). “Emma considered as a detective story”, en James, P.D. (1999). Time to be in Earnest.  A Fragment of an Autobiography. Nueva York: Ballantine Books, pp. 243-259.
  • Le Faye, Deirdre (1996). Jane Austen A Family Record. Nueva York: Barnes and Noble/The British Library.
  • Faye, D. L. 1999, ‘Jane Austen’s Friend Mrs. Barrett Identified’, Notes and Queries: Oxford Journals, vol. 46, no. 4, pp. 451-454.
  • Le Faye, Deirdre (2002). Jane Austen The World of Her Novels. Londres: Frances Lincoln.
  • Lodge, David (1978). Jane Austen Emma. A Casebook. Londres: Macmillan.
  • Lodge, David (1991). Jane Austen Emma. A Casebook. 2a ed. Londres: Macmillan/Palgrave.
  • Sabor, Peter (ed.) (2015). The Cambridge Companion to Emma. Cambridge: Cambridge University Press.
  • Southam, Brian C. (1987). Jane Austen. The Critical Heritage. Vols. 1 y 2. Londres: Routledge.

Copyright © 2015 Cinthia García Soria. Todos los derechos reservados. La redacción del contenido. así como la traducción de las citas y referencias la realizó Cinthia García Soria.

El contenido de este sitio se ofrece para uso personal solamente. La publicación o distribución de cualquier parte del contenido del mismo sin la expresa autorización por escrito de JAcastellano y del autor está prohibida.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: