Bicentenario luctuoso de Jane Austen – 18 de julio de 1817

Bicentenario luctuoso de Jane Austen - 18 de julio de 1817

Bicentenario luctuoso de Jane Austen – 18 de julio de 1817

Se cumplen 200 años de la muerte de Jane Austen y nos gustaría que, en el ajetreo de la vida cotidiana, se tomaran unos momentos para pensar en ella, que dejó de manera tan temprana este mundo.

Por la entrada en el diario de su cuñada Mary Lloyd, la esposa de James Austen, y por la carta de su hermana Cassandra a su sobrina Fanny Knight, sabemos la hora de su fallecimiento, eran las 4:30 am del viernes 18 de julio de 1817 en Winchester. Eso equivalen a las 5:30 am tiempo de Londres en la actualidad, pues no existía el horario de verano en aquella época, y por lo tanto, apenas cerrando la noche del 17 de julio en algunas partes de este otro lado del Atlántico.

Se iban a cumplir ocho semanas desde que Cassandra la había llevado de Chawton a Winchester para recibir atención médica, pero al poco tiempo, la familia supo que no habría recuperación.

Página del diario de Mary Lloyd, donde registró la muerte de su cuñada Jane Austen. Fuente: Archivos del condado de Hampshire

Página del diario de Mary Lloyd, donde registró la muerte de su cuñada Jane Austen. Fuente: Archivos del condado de Hampshire (Hampshire Archives and Local Studies).

La carta a Fanny Knight contiene un recuento de las últimas horas de Jane Austen:

“Desde la noche del martes, cuando afección regresó, se presentó un cambio visible, dormía más y mucho más cómodamente; de hecho, durante las últimas cuarenta y ocho horas, se mantuvo más dormida que despierta. Su aspecto cambió y ella comenzó a decaer, pero no percibí ninguna disminución manifiesta de fuerza y, aunque yo estaba ya entonces consciente de que no había esperanza de recuperación, no sospechaba cuán rápido se aproximaba mi pérdida.

Se sintió morir como una media hora antes de quedar totalmente quieta y aparentemente inconsciente. Durante esa media hora se dio la lucha, ¡pobre alma! Dijo que no podía contarnos lo que sufría, aunque se quejó de poco dolor fijo. Cuando le pregunté si había algo que necesitara, su respuesta fue que no deseaba nada salvo la muerte y algunas de sus palabras fueron: “Dios, concédeme paciencia, ruega por mí, ¡oh, ruega por mí!” Su voz estaba alterada, pero mientras pudo hablar fue inteligible.

Inmediatamente después de la comida, el jueves, fui al centro a hacer un mandado por el que tu querida tía estaba preocupada. Regresé casi al cuarto para las seis y la encontré recuperándose de desfallecimiento y opresión; se puso tan bien como para ser capaz de darme un recuento minucioso de su ataque y, cuando el reloj marcó las seis, estaba hablando conmigo tranquilamente.

No puedo decir qué tan pronto después la volvió a atacar la misma debilidad, seguida por los sufrimientos que no podía describir; pero se había llamado al Sr. Lyford y le había dado algo para darle algo de alivio, así que se encontraba en un estado de inconsciencia para las siete de la noche cuando mucho. Desde ese momento y hasta las cuatro y media, cuando cesó de respirar, apenas si movió alguna extremidad, así que tenemos motivos para pensar, con gratitud al Todopoderoso, que sus sufrimientos habían terminado. Un leve movimiento de cabeza con cada respiración se mantuvo hasta el final. Me senté cerca de ella con una almohada en mi regazo para ayudarla a apoyar la cabeza, que estaba casi fuera del lecho, durante seis horas; la fatiga me hizo ceder mi puesto a la Sra. J.A. por dos horas y media, cuando volví a tomar mi lugar y, como una hora más tarde, exhaló su último suspiro.

Pude cerrarle los ojos yo misma, y fue una gran satisfacción para mí poder prestarle esos últimos servicios. No había nada convulso o que diera la idea de dolor en su aspecto; al contrario, salvo por el continuo movimiento de cabeza, me dio la impresión de ser una bella estatua; e incluso ahora en su féretro, hay un aire sereno y dulce en su semblante que resulta grato contemplar.”

Se produce un nudo en la garganta al leer esos renglones. Realmente no podemos tener idea de cuánto había estado padeciendo, pero finalmente descansaba en paz y alcanzaba la inmortalidad. No podía suponer el impacto que, en el transcurso de esos doscientos años, su obra sigue causando en la vida de sus lectores.

Este 18 de julio de 2017 nos espera un día con muchos eventos para recordarla y agradecerle lo que nos dejó. Sin embargo, tenemos también que recordar una cosa, se trata de una fecha para conmemorar su muerte y celebrar su vida y su obra.

¡Muchas gracias Jane Austen!

Fuentes bibliográficas:

  • Austen, Jane (2011). Jane Austen’s Letters, 4a. ed, LeFaye, Deirdre (ed.). Oxford: Oxford University Press.
  • Le Faye, Deirdre (2006). A Chronology of Jane Austen and Her Family, 1a ed. Cambridge: Cambridge University Press.

Copyright © 2017 Cinthia García Soria. Todos los derechos reservados. La redacción del contenid, así como la traducción de la carta la realizó Cinthia García Soria.

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La tumba de Jane Austen en la catedral de Winchester

La tumba de Jane Austen en la catedral de Winchester. Fotografía tomada en julio de 2002 durante el viaje a Inglaterra de Cos y Cyn.

Placa conmemorativa al lado de la tumba de Jane Austen en la catedral de Winchester. Fotografía tomada en julio de 2002 durante el viaje a Inglaterra.

Placa conmemorativa al lado de la tumba de Jane Austen en la catedral de Winchester. Fotografía tomada en julio de 2002 durante el viaje a Inglaterra de Cos y Cyn.

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