Biografía

Jane Austen, una biografía


“Los retratos de perfección me enferman y vuelven maliciosa”
Jane Austen, carta a su sobrina Fanny Knight, 23 de marzo de 1817


Jane Austen nació la noche del 16 de diciembre de 1775 en la rectoría de Steventon, Hampshire (Hants.), en el sur de Inglaterra. Era la séptima de los ocho hijos -la segunda y menor de las mujeres- que engendraron el clérigo anglicano George Austen y su esposa Cassandra (Leigh).

Retrato de Jane Austen por su hermana Cassandra

Su padre anunciaba a una de sus cuñadas el nacimiento:

“Tenemos a otra niña, un regalo con que jugar para Cassy y su futura compañera. Se llamará Jenny, y me parece que será para Henry lo que Cassy es para Neddy.”

Como era costumbre en la época, durante los primeros meses, la bebé fue criada por una familia aldeana y regresó al hogar paterno cuando podía ser una personita comportada. Por 3 años sería la benjamina de la familia y en efecto la gran compañera de su hermana Cassandra y dispuesta a apoyar a Henry como aquélla lo hacía con Edward.

La familia Austen pertenecía al privilegiado mundo de la baja aristocracia (‘gentry’), una especie de clase alta baja o media alta, de la campiña inglesa. El Rev. George Austen provenía de la rama menor de una de una familia de gentilhombres por largo tiempo asentada en Kent, mientras que su esposa pertenecía a la rama menor de los Leigh, otra familia de gentilhombres pero que a diferencia de los Austen tenían un origen más aristocrático dado su parentesco con algunos miembros de la nobleza inglesa.

Sin embargo, en un mundo donde el derecho de primogenitura prevalecía, al ser descendientes de líneas secundarias y a pesar de pertenecer innegablemente a ese privilegiado mundo de la gentry, la familia de Jane Austen nunca llevó una vida de grandes lujos; al contrario, sus ingresos alcanzaban simplemente para cubrir las necesidades inherentes a esa posición social. Los hijos de la familia sabían que tendrían que ganarse la vida de alguna forma y en aquel tiempo había muy pocas opciones disponibles para hombres de su posición (a menos que heredasen de algún pariente alguna riqueza y propiedades, sólo tenían abiertas algunas posibilidades profesionales: el clero, el ejército, la armada y la abogacía), mientras que las hijas se encontraban en una situación aún más dependiente, su único recurso era casarse y no tenían la ventaja de una porción -especie de dote- que las hiciera más elegibles.

Esta situación no parece haber amargado a los miembros de la familia, o al menos parece haber sido un núcleo familiar muy feliz donde además se estimulaba intelectualmente a los hijos, pues el Sr. y la Sra. Austen eran personas cultas y educadas.

Como medio para allegarse de más recursos para sostener a su familia, el Sr. Austen recurrió a otra actividad importante: la enseñanza. Así, desde antes del nacimiento de su hija menor, la rectoría de Steventon era una especie de pequeño internado para varones, donde niños y jóvenes también de la gentry recibían instrucción y a algunos de ellos se les preparaba para ingresar en la universidad.

Vista de la abadía de Reading En aquel tiempo, las mujeres por lo general eran básicamente educadas en casa; se les enseñaba a leer, escribir, coser, bordar, atender la casa, es decir se les preparaba para algún día hacerse cargo su propio hogar y en algunos casos también adquirían otras habilidades como dibujar, cantar, tocar algún instrumento musical y aprender algún idioma extranjero (francés, italiano). Si los recursos de sus familias lo permitían, contrataban a una institutriz y tutores especiales o las enviaban a algún internado para señoritas a fin de que terminasen de pulir su educación.

Cuando le llegó el turno a su hermana Cassandra, aparentemente la pequeña Jane no quiso separarse de ella, y los Austen consideraron que tenían el dinero suficiente para enviarlas a ambas. Así en 1783, fue que la futura escritora salió por primera vez de casa. Las hermanas y su prima Jane Cooper fueron a un pequeño internado en Oxford (ciudad donde el hijo mayor, James, también estaba estudiando en la universidad) a cargo de la Sra. Cawley, hermana del Dr. Cooper], quien al poco tiempo decidió mudar la escuela a Southampton, donde las niñas cayeron enfermas de tifus. Fue una mala experiencia y que cobraría una cuota, con la muerte de la Sra. Cooper que fue contagiada.

Dos años después, la necesidad de continuar la educación de las niñas hizo que las enviasen a otro internado, la escuela de la Abadía en Reading, que llevaba varios años en existencia dedicada a la educación de las jóvenes de la gentry, aparentemente una mejora después de la experiencia en Oxford. Sin embargo, para 1786, los Sres. Austen tuvieron que reconocer que no podían seguir pagando la colegiatura, así que Cassandra y Jane regresarían definitivamente a Steventon.

Eso no significó que la educación de sus hijas fuera abandonada, probablemente el Sr. Austen les permitió asistir a las clases que daba a sus pupilos o les dedicó también un poco de su tiempo a ellas. Quizá es así como pudo descubrir la gran inteligencia de su hija menor y por ello le dio libre acceso a su biblioteca personal. Así la educación de la joven Jane Austen comenzó a ser en parte autodidacta y sui generis.

La rector&iacute de Steventon
Los hermanos Austen también habían dejado el hogar poco a poco. James, el mayor, iba a ser clérigo como su padre, y a Henry le tenían planeado un destino similar. George, el segundo, había nacido con alguna deficiencia física o mental y -como también era costumbre- lo enviaron a residir a otro lugar y no convivió con el resto de la familia. Edward, el tercero, tuvo la suerte de ser adoptado por unos parientes ricos que no tenían hijos, los Knight, para ser su heredero. Frank, el sexto hijo (el quinto varón) y Charles, el octavo, dejarían la casa para iniciar la carrera naval.

En las vacaciones que pasaban en casa, James y Henry, principalmente, organizaban representaciones teatrales caseras en las que sus hermanas y sus primos, entre ellos la sofisticada prima Eliza Hancock, condesa de Feuillide.

En esos felices años de adolescencia, la joven Jane comenzó a escribir, alentada seguramente por su padre, y algunas de las piezas fueron sus contribuciones para divertir a la familia. Esas obras juveniles, que datan de entre 1787 y 1793, se conservan en tres cuadernos y aparecieron publicadas hasta el siglo XX, como son “La historia de Inglaterra”, “Amor y amistad”, “El castillo Lesley” y “Catherine o el cenador”.

Paralelamente también comenzaba a ser una señorita, con interés por el atuendo y los bailes. Las visitas a las familias vecinas eran parte del ritual y Jane Austen llegó a establecer lazos de amistad para toda la vida con algunas de ellas, por ejemplo con las Lloyd en Deane y los Lefroy en Ashe (con ambas familias, los Austen emparentarían posteriormente) y con las Biggs de la mansión Manydown.

También los Sres. Austen comenzaron a hacerse acompañar por sus hijas en las visitas a sus parientes en otros condados, principalmente Kent, donde también vivía Edward con sus padres adoptivos. Cuando éste se casó, también comenzó a invitar a alguna de sus hermanas a pasar algunas temporadas en su casa. Ese fue el inicio de la correspondencia entre Jane Austen y Cassandra.

Aparentemente, Cassandra cumpliría con su parte de convertirse en esposa. En 1792 se comprometió con Tom Fowle, un antiguo pupilo de su padre, amigo de sus hermanos e iba a ser clérigo. Sin embargo, había un obstáculo para que pudiera celebrarse el matrimonio, el joven Fowle no tenía los recursos para sostener una esposa y un hogar, así que esperarían a que él forjase el patrimonio para ambos.

Retrato de Tom LefroyEl turno de enamorarse llegaría a Jane 3 años más tarde, durante el invierno de 1795, pero no con mejor suerte. Si bien tenía algunos pretendientes nada serios, ella no parece haber considerado a ninguno hasta que conoció a Tom Lefroy, un joven irlandés estudiante de leyes y que pasó esa temporada con sus parientes los Lefroy de Ashe. Cassandra estaba ausente (visitando a sus en proyecto suegros) y a juzgar por las cartas que recibió de Jane, su hermana se entusiasmó con el muchacho. Aunque se refiere al asunto con ligereza, seguramente la preferencia de ambos jóvenes fue lo suficiente como para causar alarma entre sus parientes, pues ninguno de los dos contaba con el dinero que les permitiese formalizar una relación. Tom fue despachado lo más pronto posible a Londres y no se le volvió a ver en el vecindario. Con el tiempo cumplió las expectativas que su familia tenía, se casó con una mujer rica y llegó a ser el principal magistrado legislativo de Irlanda. Décadas más tarde, al preguntársele al respecto, el juez Lefroy admitiría que había sentido un amor de juventud por Jane Austen.

Jane Austen luego de ese fracaso amoroso con Tom Lefroy se concentraría en su trabajo literario. Ya anteriormente había completado su primera novela: Elinor y Marianne (posteriormente transformada en Sensatez y sentimientos, o Juicio y sentimiento o Sentido y sensibilidad, que son las formas más conocidas en que se ha traducido esta novela). A ella le siguieron Primeras impresiones (que pasaría a ser Orgullo y prejuicio y Susan (luego titulada La abadía de Northanger). La familia sentía especial predilección por Primeras impresiones y el Sr. Austen hizo un intento para que la publicasen, pero fue rechazada sin siquiera revisarla –gran error editorial-, en tanto que Susan fue aceptada para publicación hacia 1803, sin que apareciese impresa.

Las cosas no fueron mejor para su hermana Cassandra. En 1796, el prometido de Cassandra se embarcó como capellán a las Antillas, acompañando a un pariente rico que prometía darle algun beneficio eclesiástico, y lo que significaba que podría obtener los recursos para casarse. Sin embargo, todo quedó en la nada. Tom Fowle murió en febrero de 1797, presa de una enfermedad tropical –fiebre amarilla- y Cassandra renunciaría a cualquier expectativa de matrimonio.

En ese último lustro del siglo XVIII es cuando Jane Austen quizá hizo su primera visita a Bath, que había sido la ciudad vacacional más importante de Inglaterra de la era -aunque comenzaba a quedar relegada por otros balnearios, principalmente Brighton-, acompañando a su hermano Edward y a su madre, y luego visitando a sus tíos maternos, pues el hermano de la Sra. Austen, James Leigh-Perrot también residía en Bath.

Entretanto, poco a poco los hijos varones se establecían de alguna forma, aunque Henry resultaba ser el más volátil de todos, pues en lugar de ordenarse como clérigo, decidió enlistarse en la milicia y después probaría suerte como banquero, y los Sres. Austen comenzaron a preocuparse por la situación de sus hijas, ambas en edad casadera, pero ninguna con prospectos a la vista y el tiempo no se detenía, no podían darse el lujo de continuar esperando.

El Pump Room en Bath En 1799 tomaron una medida radical, el Sr. Austen decidió retirarse, dejar la rectoría de Steventon a cargo de su hijo mayor James (que después de enviudar y casado en segundas nupcias necesitaba el beneficio eclesiástico de su padre) e ir a vivir a Bath, donde con un círculo social más amplio, sus hijas quizá podrían encontrar marido.

Las hermanas estaban ausentes cuando sus padres tomaron la decisión y se cuenta que cuando Jane Austen recibió la noticia, se desmayó. Suena demasiado dramático, pero probablemente la escritora estaba demasiado arraigada a la vida en la campiña y, aunque podía haberle agradado estar de visita en Bath, no era lo mismo tener que vivir permanentemente en la ciudad. Esa decisión también significó separarse de muchos objetos preciados -pues no podían costear la mudanza de todas sus posesiones-, como la colección de libros de su padre -que terminó vendida en lotes- y su propio piano. En conclusión, ella no tenía ni voz ni voto en el asunto, sólo debía obedecer.

En 1800, Jane Austen se convertiría en residente de Bath y ahí pasaría ‘encerrada’ los siguientes 6 años. No parece haber sido una experiencia satisfactoria, pues ni Cassandra ni Jane consiguieron pretendientes ahí -es muy probable que ni siquiera hayan alentado a alguno- y artísticamente para Jane fue como si la tinta se hubiera secado, no parece haber escrito nada salvo los primeros capítulos de una novela inconclusa, Los Watson.

Quizá el único punto positivo del cambio de residencia fue que durante los veranos comenzaron a pasar las vacaciones en varios balnearios de la costa sur-occidental inglesa (Sidmouth, Teignmouth, Lyme Regis) que posteriormente servirían de inspiración a la escritora. También fue durante una de esas vacaciones que, de acuerdo con los recuerdos de Cassandra que se tornaron en leyenda familiar, Jane conoció a un hombre con el que muy posiblemente se habría casado, sin embargo antes de que la pareja pudiera volver a encontrarse, lo que llegó fue la noticia de que el pretendiente había fallecido, la identidad de ese misterioso enamorado permanece a la fecha desconocida.

Irónicamente, fue en esos años que con toda certeza la escritora estuvo lo más cerca del matrimonio. Las hermanas se encontraban visitando a sus amigas las Biggs de Manydown en Hampshire, cuando la noche del 2 de diciembre de 1802, Harris Biggs-Wither, el hermano de éstas y además heredero de Manydown, propuso matrimonio a Jane Austen. Desde el punto de vista económico, era una oferta muy ventajosa, con la perspectiva de convertirse en señora de una gran mansión y dinero a su disposición. En un primer momento, Jane aceptó para la felicidad de sus amigas que seguramente habían conspirado para que su hermano se declarase. Debió haber pasado una noche en vela, sopesando todo el asunto, pues el joven Harris era algunos años menor que ella y no muy brillante intelectualmente, seguramente no el compañero que ella deseaba para compartir su vida. A la mañana siguiente se desdijo. La situación fue mortificante, la visita se acortó y sólo podemos especular en cuanto a si Jane Austen recibió reproches por parte de su familia por haber dejado desperdiciado esa oportunidad “de oro” que habría asegurado definitivamente su situación financiera. Egoístamente, sus admiradores debemos dar gracias, porque muy probablemente como mujer casada no habría podido escribir las novelas que nos dio.

SouthamptonEn 1805, Jane Austen debió haber tenido ciertos tragos de arrepentimiento al respecto. Uno de los pretextos para ir a vivir a Bath, era la salud del Sr. Austen y si bien poco a poco, el anciano caballero comenzó a debilitarse, su muerte fue repentina y dejaba a su esposa y a sus dos hijas sin sostén económico. Todo lo que habían tenido provenía de lo que él recibía como rentas vitalicias. Así era la dependencia económica femenina. Como pudieron, los hermanos se organizaron e hicieron su contribución para dar alguna asignación anual para su madre y sus hermanas, quienes debían aprender a ajustarse a un ingreso aún más moderado.

Uno de los primeros efectos de esa nueva condición, era su alojamiento. Tenían que buscar una residencia acorde a su ingreso, se mudaron de alojamiento en Bath durante dos ocasiones, hasta que finalmente abandonaron la ciudad.

Mientras les encontraban alguna nueva residencia, la Sra. Austen decidió que ella y sus hijas irían a visitar a sus parientes en el centro-norte de Inglaterra. Los Leigh alojaron amablemente a sus huéspedes durante una temporada. De hecho, fue en esa época cuando uno de sus primos de Adlestrop heredó una de las más importantes propiedades ancestrales: Stoneleigh Abbey y las invitó a que lo acompañasen a tomar posesión de esa herencia. Esa temporada también parece haber servido posteriormente a la escritora como referencia para los detalles de sus novelas.

En 1807, después de haber pasado varios años en altamar, el capitán Frank Austen regresó a Inglaterra decidido a comenzar a formar una familia. Se estableció en Southampton, uno de los puertos marítimos más importantes de Inglaterra, y esperaba una nueva asignación. Se casó y pareció una buena idea que su madre y sus hermanas fueran a vivir con él y su esposa, y que incluso hicieran compañía a ésta mientras él salía en misiones de patrullaje. Así transcurrieron dos años de residencia en el puerto.

Chawton Cottage, la casa de Jane Austen Fue en 1809, cuando finalmente Edward Knight, que había enviudado recientemente, ofreció un alojamiento definitivo para su madre y sus hermanas en sus terrenos de Hampshire. Les ofreció una casita en el poblado de Chawton, denominada Chawton Cottage. Martha Lloyd, amiga y emparentada con la familia, se encontraba en una situación similar, y la invitaron a ir a vivir con ellas. Así pasaría Jane Austen la mayor parte del resto de su vida. Regresaba a su condado natal, a la campiña y a una locación donde podría volver a tener el contacto con sus amistades, y lo más importante, el tiempo y el sosiego para retomar la pluma.

Con la organización doméstica que establecieron las cuatro mujeres, le permitía a Jane Austen concentrarse en sus escritos. Después de levantarse a preparar el desayuno y practicar un poco el piano, le quedaba el resto del día libre a su disposición, le cedieron el uso del comedor y ahí sentada en una silla frente a una mesita al lado de una ventana, podía dedicarse a escribir. Según los recuerdos de la familia, a propósito dejaron que una de las puertas sin aceitar, de manera que el chirrido advertía a la escritora si alguien llegaba de visita y así ella podía esconder papel, tinta y pluma, y sacar su labor manual. No quería que nadie más fuera de su familia más cercana se enterase de lo que hacía.

Aquellos que lo sabían seguramente la animaron a intentar nuevamente publicar algo y la elección recayó en Sensatez y sentimientos, la tercera novela que tenía completa y que nunca antes había ofrecido a un editor. Su hermano favorito, Henry, residía en Londres y tenía varios contactos, entre ellos el antiguo editor de The Loiterer, la revista que él y James habían creado mientras estudiaban en Oxford. La tercera fue la vencida, Egerton aceptó publicar la novela a condición de que los gastos corrieran a cuenta de la autora (lo más probable es que Henry fue quien puso el dinero) y así en noviembre de 1811, Sensatez y sentimientos apareció publicada sin que se identificase a su autora que simplemente se denominó “Una dama”.

A ese primer éxito siguió el de Orgullo y prejuicio, que apareció a finales de enero de 1813 “por la autora de Sensatez y sentimientos”. El furor comenzó, la gente tenía curiosidad por saber quien era la misteriosa novelista, varios nombres se barajaban, pero fue finalmente Henry, quien no pudo resistir revelar que se trataba de su hermana y pronto la identidad de la escritora era más bien un secreto a voces.

Jane Austen siguió trabajando sin parar los siguientes años, su talento estaba en auge y así en Chawton completó tres nuevas novelas. Tras Orgullo y prejuicio se publicó Mansfield Park en 1814, luego Emma –que forzadamente se vio obligada a dedicar al Príncipe Regente- en diciembre de 1815, y Persuasión que aparecería publicada ya con su nombre de manera póstuma en diciembre de 1817, junto con La abadía de Northanger, cuyo manuscrito había recuperado apenas el año anterior.

La catedral de Winchester Sin embargo, en 1816 la escritora comenzó a cansarse con facilidad, en ocasiones sentía la necesidad de recostarse por las tardes. No quería dar importancia al asunto, había comenzado una nueva novela (Sanditon), pero finalmente llegó un momento en que ni siquiera podía sostener un lápiz. Forzada a reconocer esa debilidad física, consultó al médico, pero no acertaban a determinar su problema de salud. Los síntomas comenzaron a agravarse: cansancio crónico, fiebre, rigidez, cambios en la coloración de la piel. Se cree que probablemente padecía la Enfermedad de Addison, una afección de los riñones ocasionada por el bacilo de la tuberculosis, pero no identificada en aquel tiempo, aunque también existe la posibilidad de que haya sido cáncer.

A fin de tener un médico cerca, ella y Cassandra se mudaron temporalmente a Winchester en mayo de 1817. Pero no se podía hacer nada por la escritora, sus días estaban contados. Ella misma había escrito su testamento, dejando todo lo que poseía a su hermana. Tras una larga pero estoica agonía finalmente falleció la madrugada del 18 de julio de 1817, cuando apenas contaba con 41 años.

Fue sepultada en una de las islas de la nave izquierda de la Catedral de Winchester. Su lápida ensalza sus virtudes, sin embargo no menciona nada respecto a lo que le ha dado la fama, su carrera literaria. Eso no ha evitado que en el transcurso de casi 200 años, y luego de que su identidad fuera del todo revelada, sus admiradores acudan ahí a rendirle homenaje.


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